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Donald Trump antes de las elecciones.

Martes, 06 de Noviembre 2018 - 18:00

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Jaime Guerrero Vázquez

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El día de hoy se espera que el número de votantes estadounidenses sea el más copioso en varios años. No es para menos, el Donald ha logrado convertirse en una figura histórica a costa de provocar varios incendios políticos que tendrán serias consecuencias, incluso cuando se haya marchado de la Presidencia de los Estados Unidos.

Entre sus principales prendas, su guerra contra el libre comercio, parte esencial de su lema “MAGA” (Make America Great Again) está copiado de la campaña de 1980 de Ronald Reagan, pero Trump le dio un contenido distinto: obligó a México y Canadá a redefinir el acuerdo comercial y ha castigado a China en lo que se teme sea el inicio de una guerra comercial. Pero hay más, mucho más: se ha distanciado de sus aliados europeos y amenaza a Rusia con abandonar el acuerdo para controlar el armamento nuclear. Por otro lado, sus enemigos son los migrantes indocumentados, los medioambientalistas y la población LGBTTTQI, en especial el sector trans al que pretende orillar a una definición legal absurda. A pesar de todo esto, según todos los indicios, su voto duro le sigue siendo leal.

De acuerdo a la mayoría de las encuestas, el escenario más probable es que los demócratas logren ganar la mayoría en la Cámara de Representantes y los republicanos retengan la de senadores. De ser cierto esto, habría que explicarse el por qué podría dar este traspiés Donald Trump y qué podría significar. Se ha establecido en este espacio que la(s) caravana(s) de migrantes centroamericanos que se dirigen hacia Estados Unidos ha sido aprovechada por el inquilino de la Casa Blanca como un eficiente tema electoral, ¿por qué, entonces, no ha logrado un mayor apoyo? Básicamente, porque en el camino se le travesaron tres hechos: Las bombas caseras dirigidas contra políticos demócratas, el brutal atentado a una sinagoga y los señalamientos de buena parte de los medios culpando a Trump de crear un clima de intolerancia y persecución contra quienes no comparten sus ideas.

Es posible que a pesar del pasmo de los demócratas, señalado por varios intelectuales y periodistas (Paul Krugman, por ejemplo), los votantes norteamericanos en su mayoría le den la espalda a su presidente y logren equilibrar un poco el juego político norteamericano. De cumplirse el escenario arriba señalado no habría que esperar un periodo de paz, sino una escalada en la actitud trumpiana. Con un Congreso dividido y la posibilidad de iniciar el proceso de “impeachment” es de esperarse que los republicanos en su mayoría sean arrastrados por el magnate en una guerra abierta contra los demócratas y a favor de las causas favoritas de Trump.

En este contexto, arreciaría la andanada contra los migrantes indocumentados, los “enemigos” comerciales, y la población trans, entre otros muchos blancos. México podría quedar atrapado en el fuego cruzado y la agresiva retórica del presidente norteamericano.

¿Cuál será la respuesta del nuevo gobierno mexicano?, ¿seguir considerando a Trump como un hombre con el que se puede establecer un diálogo fructífero o se arropará en el nacionalismo para decir que Estados Unidos no controla a nuestro país?

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Número 22 - Octubre 2018
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