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¿Derecho a la identidad?

Sábado, 30 de Enero 2016 - 10:00

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Rafael Orozco Flores

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Aunque son asuntos aún vigentes en la agenda nacional, me parecía un exceso hablar del Chapo, de Moreira o de la destrucción de manglares, de lo que se ha escrito y se está comentando aún mucho. Mas por la radio me enteré de la visita que haría el presidente Peña a Chiapas (al final fue Osorio Chong) para garantizar, decían, en derecho de los indígenas a la identidad.

En principio me pareció una confusión de términos o un absurdo, pues las cuestiones identitarias se dan de manera espontánea y natural, pues al nacer se “activan” las cuestiones identitarias en muchos sentidos y escenarios: se es mexicano y a la vez chontal, cora, purhépecha, varón, etc.

Cada persona tenemos un juego de identidades que ejercemos según la situación y la confrontación con terceros. No opera en la soledad. Sirve para diferenciarnos de los demás o formar grupos con finalidades iguales que posibilita y llena la necesidad sicológica del sentido de pertenencia de cada persona. Frente a un indígena, yo soy un forastero citadino y nos diferenciamos, pero él y yo somos mexicanos, agrupándonos. Lo mismo sucede con la identidad de género, la profesional y todo lo demás.

Pensé pues que era una tontería o una ocurrencia de la presidencia de la República, pero el asunto era más grave de lo que en apariencia era, pues en pleno siglo XXI hay mexicanos que no tienen un documento que los identifique como tales. La acción gubernamental es en realidad garantizar que cada mexicano tenga un documento que lo acredite como tal.

Sí, seguramente en las comunidades indígenas en las que viven se les conoce por su pertenencia al grupo y se sabe que nacieron ahí, quiénes son sus padres, a lo que se dedican, si son priístas o perredistas o lo que sea, pero no contar con una acta de nacimiento los margina de los derechos sociales que por ley y por nacimiento tienen.

Aunque para algunos casos ha bastado tradicionalmente la constancia de bautismo, las actuales políticas públicas exigen documentos expedidos por la autoridad civil. Sin ellos, no se puede acceder a la educación, la salud o programas de asistencia social que operan diversas dependencias de las administraciones municipales, estatales o federales.

El derecho a la identidad camina en dos vías paralelas: de ordinario, el que te dan los demás ciudadanos bajo un acuerdo tácito de saber quién eres y el otro, el oficial, el que te otorga el estado que nos hace partícipes del acuerdo social de saberse y reconocerse como sujeto de derechos y obligaciones.

Es algo en lo que nunca o pocas veces pensamos. Damos por hecho que quienes se sienten y son mexicanos pueden ejercer las prerrogativas que las leyes nos confieren y hemos visto que no; que hay personas que han alcanzado la tercera edad sin haber tenido un documento, insisto en ello, que les permita ser ciudadanos de nuestro país, con derecho a votar y ser votados, sintiéndose parte del país.

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Número 21 - septiembre 2018
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