Crecen amputaciones en México a causa de la diabetes

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13 de noviembre, 2020 Diabetes

En México, 75 personas entran diariamente al quirófano y salen sin un miembro. Sin embargo, esta situación podría prevenirse, ya que gran parte de esas amputaciones son provocadas por la diabetes mellitus, una enfermedad que tiene en jaque a más del 10% de la población del país.

De acuerdo con la recién publicada Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018, el índice de amputaciones en miembros inferiores por pie diabético ha crecido hasta en 7% con respecto a 2012. De hecho, se estima que el 80% de las amputaciones de dedos, pies o piernas en México son provocadas por la diabetes mellitus, según un análisis realizado por Ottobock, compañía alemana con más de 100 años de experiencia en la atención técnica, fisioterapéutica y social a las personas con discapacidad.

“Las estadísticas nacionales indican que hubo un incremento significativo en la prevalencia de úlceras y amputaciones, que son las principales causas de hospitalización entre las personas con diabetes”, asegura Héctor Infanzón, nutriólogo y educador de la Federación Mexicana de Diabetes.

Lo más grave del caso, dice el experto, es que una persona amputada por pie diabético tiene 75% de probabilidades de morir en un periodo de cinco años. Y esto se debe, principalmente, a que la amputación conlleva una serie de consecuencias negativas en la vida del paciente, desde gastos médicos incosteables hasta un empeoramiento general de la calidad de vida.

Aunque no existen estadísticas oficiales sobre cuántos amputados viven en el país, la Academia Nacional de Medicina estima que hay cerca 900 mil, aunque podrían ser muchos más, ya que esta cifra data de 2014.

“Uno de los problemas a los que nos enfrentamos en México cuando hablamos de discapacidad es que los números no son claros ni están actualizados”, observa Mónica Guadalajara, directora de marketing de Ottobock para México y América Latina.

“Pero de lo que sí estamos seguros es de que existe una asociación directa entre el incremento de amputaciones y el aumento del índice de personas con diabetes. Basándonos en los datos oficiales del gobierno y en los nuestros, estimamos que 8 de cada 10 amputaciones de miembros inferiores son consecuencia de un pie diabético mal atendido”, agrega.

Según datos de la Secretaría de Salud, la diabetes es la segunda causa de muerte en el país, sólo después de las enfermedades cardiovasculares. El Inegi estima que el 15.7% de los fallecimientos por problemas de salud se deben a consecuencias derivadas de esta enfermedad que es considerada como “la pandemia del siglo XXI” por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

A nivel mundial, México ocupa el noveno lugar con más casos de diabetes, con 8.7 millones de personas diagnosticadas y hasta 12 millones más que la padecen pero aún no lo saben, según cálculos de la OMS.

“No es casualidad que las regiones más desiguales sean las más azotadas por la diabetes. Los buenos hábitos alimenticios sólo pueden ser una realidad en sociedades con acceso a la educación y salarios justos. Mientras no se combata la desigualdad, la diabetes seguirá siendo un problema grave con consecuencias desastrosas, como amputaciones, insuficiencia renal, ceguera o muerte”, afirma Guadalajara.

¿POR QUÉ SE AMPUTA UN PIE?
Todo comienza con síntomas que, aparentemente, no son graves: ligeros cosquilleos, rasguños o uñas mal cortadas. En la diabetes, sin embargo, lo que parece inofensivo acaba siendo fatal.

El pie diabético es una de las complicaciones más comunes de la diabetes, enfermedad que actualmente padecen más de 12 millones de mexicanos. La Revista Médica del IMSS estima que entre el 15% y el 25% de los pacientes diabéticos desarrollan este padecimiento debido a sus altos niveles de azúcar durante periodos prolongados.

Generalmente, el pie diabético comienza con una pérdida de sensibilidad en la extremidad del paciente. Después de estas señales poco visibles —y casi nunca atendidas a tiempo— se desata una cadena que ya es muy difícil de detener: afectación de los vasos sanguíneos, modificaciones en la forma del pie, disrupción fisular, daño al tejido, infecciones, gangrena y, por último, amputaciones.

“Si lo vemos bien, son una cadena de sucesos completamente prevenibles. En México hay muchos grupos de trabajo que luchan por reducir los índices de amputaciones a través de la difusión de una cultura preventiva que involucre a los pacientes y a los profesionales de la salud”, explica Infanzón, quien está certificado por el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

Las medidas para prevenir el pie diabético son sencillas. La primera de ellas es utilizar zapatos cerrados con horma ancha, punta redonda o cuadrada, sin costuras internas, con tacones de mayores a 3 centímetros y hechos de materiales naturales y flexibles. También se recomienda humectar los pies con crema a base agua, utilizar talco, secarse bien después del baño, cortarse las uñas con un podólogo y utilizar calcetines especializados para pacientes con diabetes.

Hablando de obesidad, hipertensión y diabetes, no es lo mismo el Norte que el Sur

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  • Baja autoestima, altos niveles de insatisfacción social, inseguridad personal, habilidades comunicativas poco desarrolladas (todo esto aun cuando parezca contradictorio, dada la falsa autoimagen “atractiva e ideal” presentada en las redes). 
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  • Angustia extrema por responder de inmediato, por la creencia de que, de no hacerlo, se perderá cosas importantes y quedará fuera de la conversación.
  • Incapacidad de apagar o dejar lejos el teléfono móvil (esto último reconocido también, oficialmente, como otro trastorno psicológico denominado nomofobia).
  • Presencia de otros síndromes, como el de la alerta o llamada fantasma, que consiste en percibir sonidos ilusorios, que se cree salen del móvil, como la notificación sonora de un mensajes o likes, combinado después con la desilusión de descubrir que no hay nada nuevo en el teléfono.
  • Más allá del deseo natural de “pertenecer”, verdadero pánico de ser excluido socialmente.
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  • Necesidad constante de mostrar lo que hace o piensa (a dónde va, qué come, qué ropa usa, qué le sucedió, etc.).
  • Comportamientos y actitudes compulsivas, obsesivas e incontrolables para evitar, a toda costa, estar offline.
  • Aceptación de todas las solicitudes de amistad recibidas, así como para todas las fiestas y eventos, por temor a perderse de algo o sentirse excluido.
  • Pérdida de la capacidad de “vivir el momento” porque todo el tiempo “deben” tomar fotografías o grabar videos para poder compartir sus “experiencias” de manera inmediata.
  • Malhumor, enojo, irritabilidad y aislamiento como consecuencia de los reclamos o reproches de familia o amigos (mejor me encierro para poder seguir conectado y no perderme de nada). En los entornos laborales esto puede llevar, incluso, a la pérdida del empleo.
  • Desarrollo de distorsiones cognitivas que provocan la pérdida del sentido de realidad, deteriorando la visión crítica de lo que es realmente ficción o un hecho relativo en un contexto mucho más amplio, desconocido, que el que aparece en la pantalla.
  • Sensación (o certeza) de que todos los demás son más atractivos, tienen vidas más interesantes o felices que la propia.
  • Pérdida o alteración de los ciclos de sueño y horarios de alimentación, para poder permanecer online.
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Las soluciones Aunque, como todo lo referente a la mente humana, cada caso tendrá sus particularidades propias, algunas de las estrategias que podemos utilizar para apoyar a nuestros hijos son:
  • Ayudarlos a darse cuenta de que lo presentado en las redes es sólo una interpretación (e inclusive, una distorsión) de la realidad, a partir de las propias experiencias que ellos publican (comparando su realidad con lo que postean, por ejemplo).
  • Involucrarlos, tanto como sea posible, en actividades que les ayuden a vivir en el aquí y el ahora (paseos, juegos o actividades varias en familia, leer, ver películas, pasear a las mascotas, etc.).
  • Mostrarles la importancia de dar prioridad a las personas.
  • Reducir, gradualmente, la utilización de smartphones, tablets, computadoras o cualquier otro dispositivo con internet.
  • Plantear metas que deban cumplir a corto plazo y con fechas límite: proyectos personales, tareas de casa, metas familiares comunes, etc.
  • Establecer horarios u ocasiones familiares “sin internet o dispositivos” (que deben aplicarse a todos los integrantes de la familia).
  • Enseñarles, con límites amorosos y razonables, a tolerar la frustración.
  • Mostrar el valor de tomar decisiones y asumir consecuencias.
  • De ser necesario, buscar ayuda de profesionales en el campo.
“Ni tanto que queme al santo…” No se trata de satanizar a las redes, ni mucho menos a la tecnología, sino de enseñar a nuestros hijos, tan tempranamente como podamos que todos los excesos acarrean consecuencias negativas, que estas herramientas deben estar a su servicio y no al revés y, lo más importante que la clave del bienestar es encontrar un equilibrio adecuado entre todos los aspectos que integran la vida de un ser humano. Por ello, y como en muchos otros temas que nos preocupan como padres y docentes, la clave se encuentra en brindar a los niños una educación de calidad, que, al tiempo que se preocupe por desarrollar la inteligencia, brinde una verdadera formación socioemocional que les permita autoconocerse, autorregularse y sentirse seguros de su identidad, sus talentos y sus capacidades. 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“BODY POSITIVE”  ¿UNA TRAMPA?

México padece una crisis de obesidad que empieza desde la infancia. Las consecuencias a nuestra salud son incalculables.

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