Verdades históricas

Hay de verdades a verdades. Hay de verdades a verdades. Muchas que se consideran parte de la historia y se han integrado a nuestro inconsciente colectivo no son tales, o son tan parciales que desvirtúan lo fundamental...

30 de junio, 2016
RHT
plaza-tres-culturas

Hay de verdades a verdades.

Hay de verdades a verdades. Muchas que se consideran parte de la historia y se han integrado a nuestro inconsciente colectivo no son tales, o son tan parciales que desvirtúan lo fundamental de los hechos motivando reacciones y actitudes.

Especialistas en la manipulación, discípulos aventajados de Goebbels, autor del mito de la superioridad aria con la técnica de crear verdades a base de repetir un millón de veces las mentiras que la integran, y así han logrado fabricar “verdades históricas”, convenientes a sus intereses, que han permeado el inconsciente colectivo nacional.

Tomemos por ejemplo la “Matanza de Tlatelolco”, la cual se muestra como una masacre de estudiantes a manos del Ejército, una represión dictatorial a una expresión legítima, recordada anualmente con resentimiento y con lo que justifican marchas, protestas, manifestaciones, vandalizaciones y una amenaza constante para las autoridades de ser identificados como represores al utilizar la legítima fuerza del estado para contener las bandas que asuelan el lugar donde se presentan.

Dentro de lo que se olvida del 2 de octubre está el hecho de que la primera sangre que corrió en la Plaza de las Tres culturas fue la del General José Hernández Toledo, quien cayó, magnavoz en mano, en la escalinata de acceso a la explanada, mediante un tiro de precisión disparado desde la azotea del edificio Chihuahua por uno de los francotiradores entrenados en Corea del Norte para apoyar el intento de golpe de estado orquestado por Moscú en busca de una asonada mundial pro comunista.

El operativo insurrecto cumplió a la perfección el propósito de culpar al gobierno de la masacre, no me cabe duda de que el bando oficial cometió muchos errores, crímenes y abusos, pero el manejo de medios careció de visión y en su momento no nos enteramos de la procedencia de los francotiradores y su armamento, del nombramiento de un gobierno alterno, traidor a la Patria, entreguista al comunismo internacional y del cual hoy subsisten resabios infiltrados en los diversos planos de la política nacional. Gracias a su “ideales” hoy disfrutan de la justicia de la revolución desde sus jugosos puestos ¿y el pueblo por quien decían luchar? Bien gracias.




Esta es la necesidad de declarar como desaparición forzada la ausencia de los normalistas muertos de Ayotzinapa; de negar la verdad histórica cuando es claro que los muchachos fueron asesinados por grupos delincuenciales enemigos del grupo que manipulaba a los jóvenes, estén donde estén, ya sea su propia banda contraria, infiltrados en puestos gubernamentales o en un poder oculto desconocido o protegido; en su afán de no satanizar a los estudiantes, cuando menos infractores que toman prestados camiones, obtienen gasolina gratis, reciben cooperaciones voluntarias de transeúntes y van en camino de convertirse en delincuentes; el gobierno se ha cuidado de empañar su imagen, en su propio perjuicio.

Los dirigentes están muy bien respaldados y asesorados para obtener su propia verdad histórica mirando a lo lejos el ejemplo del Consejo Nacional de Huelga del 68 y obtener prebendas equivalentes.

Hoy tenemos que ser conscientes y estar alertas de una nueva verdad histórica que está en gestación. La hipotética represión al magisterio.

He escuchado y leído excelentes panegíricos al gremio magisterial censurando la represión. He tenido el privilegio de estar al frente de varios salones de clase en la UNAM y otras instituciones de Educación Superior, mi esposa es admirable maestra, atesoro en mi memoria personalidad y consejos de muchos de mis mentores y los respeto.

Coincido con los conceptos vertidos en su favor. Pero quiero aclarar: quienes dirigen las coordinadoras y muchos de los integrantes de esos grupos NO SON MAESTROS. Son agitadores y delincuentes manipulados en busca de prebendas y desestabilización social, disolución social se diría antes del 68.

Fui invitado a solidarizarme con una petición de freno a la “represión magisterial” y a continuación me permito compartirles mi respuesta.

Señores:

Yo creo que esta solicitud es deleznable.

Lo que ustedes llaman brutalidad policiaca es el legítimo ejercicio de la fuerza por parte del estado. En el caso del Sureste llegó demasiado tarde permitiendo a los inconformes toda clase de desórdenes: marchas, plantones, molestias a la mayoría de la población, destrucción del patrimonio de la comunidad, vandalización de edificios y monumentos públicos, destrucción de propiedades privadas y públicas, humillación a maestros de la tercera edad que ejemplarmente cumplen con sus labores, asalto a mano armada a camiones repartidores de bienes de consumo, saqueo de supermercados, bloqueo de carreteras, robo de cuotas carreteras, robo de gasolina, obligar a los niños de kínder a portar letreros a su favor, quemar transportes para detener las fuerzas del orden y atacarlas con bombas molotov, petardos y armas de fuego.

¿Creen ustedes legítimo ponerse del lado de estos revoltosos? Ni con mucho representan al magisterio nacional. Son una minoría de minoría. Están coludidos con extremistas peligrosos que buscan la desestabilización del país, su rechazo a la Reforma es un pretexto, la educación de los niños les interesa un soberano rábano, como lo muestra la cantidad de días que abandonan las aulas. Su inconformidad radica en la imposibilidad de seguir manejando el presupuesto mediante el cual financian sus actividades y con el que se enriquecieron como jamás lo soñaron, con la pretensión de continuar así por el resto de sus días.

Si algo hay que reclamar al gobierno Federal es el retraso con el que actuaron y si a alguien hay que culpar de los decesos es a los políticos que aprovechan estas coyunturas para hacerse de votos de personas mal informadas a quienes mueven por sentimientos amarillistas.

Creo que deberían emplear su medio en construir y no servir de “compañeros de viaje” de causas tan peligrosas.

Este es el momento en el cual podemos eliminar de nuestro lenguaje diario el concepto Represión Magisterial para evitar que trascienda hacia el imaginario colectivo, apoyemos al gobierno que por una vez está haciendo algo bien y evitemos que el episodio histórico permanezca como una nueva “Verdad Histórica” lo que sólo es una verdad histérica.

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