Pepe y su banda

El mercado “Villas de Ecatepec” tiene una explanada cobijada por árboles de veinte años… El mercado “Villas de Ecatepec” tiene una explanada cobijada por árboles de veinte años, tres en jardineras y varios más en los prados....

13 de octubre, 2016
RHT
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El mercado “Villas de Ecatepec” tiene una explanada cobijada por árboles de veinte años…

El mercado “Villas de Ecatepec” tiene una explanada cobijada por árboles de veinte años, tres en jardineras y varios más en los prados.

Suple con timidez al área de donación destinada a jardín en la manzana contigua y que durante años fue utilizada como tal para los niños y jóvenes en sus actividades recreativas, lúdicas y formativas con grupos de Scouts y escolares, parroquiales y vecinales y que fue adjudicada a un grupo interdenominacional que la sustrajo del bien público, al bardearla y usarla como casa de oración y habitación. Queda la impresión de que algún político se benefició con ello en perjuicio de la comunidad.

La explanada ha sido testigo de la vida de la comunidad, los juegos de unos cuantos niños, una escuelita de pintura, juegos mecánicos, inflables y brincolines, ha escuchado las promesas de los enamorados, los cuidados de las jóvenes madres, con sus hijos en montables o en columpios, las amas de casa con su mandado, la vida floreciendo en su suelo.

Los árboles crecieron y ofrecieron tardes sombrías y noches oscuras, se hizo campo propicio para asaltos, drogadicción, violaciones, depósito de cadáveres, robos a diferentes locales del mercado, a ciencia y paciencia de las diferentes policías, a cuya sombra recibían las cuotas delincuenciales.

Es en ese marco donde floreció la banda de Pepe. Teporochitos y mariguanitos, rescoldos de tiempos idos, añorando familias, carreras, trabajos, puestos, vidas perdidas en aras de los diferentes vicios y que los unió en sus desdichas.




Buenas personas, mendigos amables, respetuosos, corteses; cinco, seis, hasta siete y, a veces, la presencia de una teporochita mostraba la igualdad de género. La presencia de la banda insuflaba cierta atmósfera de seguridad a la explanada que no proporcionaba la policía y en cambio sí retiraba a los malhechores.

Un “primo” (cuyo nombre omito a petición expresa) me comenta su relación con Pepe y su banda: fui al mercado con mi esposa y estaban cantando al calor de los alcoholes, pero lo hacían tan feo que tuve que llamarles la atención, me pidieron que les pusiera la muestra y al hacerlo me quedé con ellos un buen rato. El ejercicio se repitió varias veces hasta romper el hielo y lograr cierta cercanía con ellos; alguna vez discutí con el “Pastor” que les condicionaba ayuda a que dejaran de beber; yo les convidé recalentado de la Cena de Fin de Año, aunque fueron a pedirla en estado inconveniente; el remanente de sidra acabó con ellos.

Paulatinamente nuestras pláticas fueron profundizando y ellos alejándose de los vicios; empezaron a lavar coches, limpiar prados, pintar rejas y paredes, arreglar jardines, hasta que al fin Pepe aceptó integrarse a un grupo de AA. Al vivir su experiencia de quinto y sexto pasos, con su ejemplo, se llevó a parte de su grupo y hoy tres de ellos forman una cuadrilla de trabajadores que se mantienen sobrios y se retroalimentan en su lucha por la Vida.

Continúa el primo: extrañé a Pepe un par de semanas y hasta tuve que lavar mi coche, pero al volverlo a ver, me comentó que los contrataron para hacer los terminados de una casa en Tulancingo, que el cliente era muy exigente y que tardaron demasiado en darle gusto, por lo cual el dinero cobrado no les rindió como esperaban; además, el día que le tocaba ir a lavarle su coche se topó con uno de los viejos miembros de la banda, que le sigue pegando a la mariguana, Pepe se quedó con él tratando de convencerlo de dejar el vicio y en eso los cargó la patrulla, con la tranquilidad de estar limpio enfrentó la situación sabiendo que en la delegación lo soltarían de inmediato a él y tal vez por su intervención a su amigo.

No sucedió así, los pasearon durante un largo tiempo, varias veces les pidieron dinero para dejarlos ir hasta que se convencieron de que no tenían y que nadie habría de apoyarlos y al final, el de mayor rango le dijo al segundo: bájalos ya que tenemos que completar la cuota del jefe y éstos no van a cooperar con nada.

Este testimonio es verdadero y nos muestra que, a pesar de las dificultades, de políticos venales, policías corruptos, religiones intransigentes y cuanto hay, con auténtico interés por el prójimo podemos mejorar nuestra sociedad. Sin necesidad de pertenecer a organización alguna.

Se solicitan unos cuantos millones de “Primos” para sanear nuestro país.

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