Respuestas de México al Covid-19

Mucho se debate en México y se exige al gobierno federal una respuesta inédita ante el desastre. Si bien es cierto, a nivel mundial se...

15 de abril, 2020

Mucho se debate en México y se exige al gobierno federal una respuesta inédita ante el desastre. Si bien es cierto, a nivel mundial se trata de un desastre inédito, también lo es que nuestro país ya ha pasado por no pocos desastres que hemos enfrentado. En cuanto a esto, hay que puntualizar:

  Las cúpulas empresariales están indignadas, llegando cínicamente a politizar el asunto en plena situación de total incertidumbre, porque no hubo un mega rescate al sector privado. Pero no, esas cúpulas lo que menos les importa son las micro, pequeñas y medianas empresas; ellos esperaban (o aún esperan, ingenuamente) algún rescate de corte neoliberal, como ya los ha habido (FOBAPROA, rescate carretero y otros más), cosa que ya quedó más que claro, no habrá. Interesante resulta ver las cifras oficiales al momento, los que han despedido personal o recortado sueldos, son algunos de los grandes empresarios. Los más pequeños, con no pocos sacrificios, están soportando estoicamente a que pase la tormenta para así volver a arrancar sus actividades. ¿Qué hemos hecho los pequeños empresarios en otras contingencias, como los terremotos, o huracanes que han arrasado con Ciudades? Recurrir a la banca privada, que si el empresario es honesto y tiene un buen historial (ya sea persona física o moral) no tendría por qué haber mayor problema en conseguirlo. Lógico es también que si un negocio no es capaz de aguantar un parón de un mes, simplemente no era tan negocio que digamos. Por otro lado, claman por una “ausencia de apoyo” del gobierno federal, como si en México, después de las catástrofes, algún gobierno en turno haya hecho ALGO, lo que sea, por el sector de las PYMES. Todos siempre tuvimos el camino de recurrir a créditos de la banca, negociación con proveedores, o a las pólizas de seguro que, eventualmente, se tuvieran contratadas. Pero nada más. Este gobierno ha anunciado millones de créditos blandos para ese sector, que si bien no es mucho, de algo servirá dicho apoyo. Además de su anuncio, en cuanto a absorber los pagos del INFONAVIT de los trabajadores que, en su caso, llegasen a perder su fuente de trabajo.

   También se critica a los programas sociales. ¿Cómo se puede ser tan ciego (o hacerse los…) como para no darnos cuenta que vinieron COMO ANILLLO AL DEDO en tiempos de la pandemia? Simplemente es un hecho irrebatible que miles de familias hoy en días de parón por contingencia pueden sobrevivir y comer gracias a esos apoyos. ¿Alguien ha pensado qué sería de ellos sin esas transferencias del Estado a los grupos más vulnerables en estas fechas? ¿Alguien puede detenerse a meditar el tamaño de la presión social, que a manera de válvula de escape, reducen dichos programas?, seguro que no. Se habla mucho del doctor Zedillo y su presidencia, ahí se rescató a un puñado de bandidos, con cargo al erario por varias décadas. Que se hizo lo correcto y no había de otra al salvar el sistema de pagos en México, es cierto, pero no tuvo por qué ser con tantos abusos por parte de los de arriba, ahí sí quebraron infinidad de empresas pequeñas y medianas. El Estado no ayudó, a nadie de los pequeños deudores y/o afectados; la banca privada, no estaba en condiciones de hacerlo tampoco, a diferencia de las circunstancias actuales. Y en aquellos tristemente recordados años, 1994/95, ya para 1996 el país había dado un salto enorme en su recuperación, a pesar de todos los pesares. El presidente tiene razón: para el Pueblo de México una desgracia no es algo nuevo, ya por supuesto que saldremos de ésta. Los empresarios más grandes (no todos, y con especial énfasis en algunos dirigentes con groseros proyectos políticos propios), estos mismos y de la mano de la oposición (moralmente derrotada, quien lo puede negar) no han tenido pudor alguno en politizar una tragedia como lo es el nuevo SARS-COV-2, virus que causa la enfermedad del Covid-19. Otra vez, como en el 2006, el CCE (Consejo Coordinador Empresarial) llama, abiertamente, a la gente a echar a AMLO de Palacio Nacional. No entienden que no entienden: los votantes de 2006 NO son los mismos que los de 2018, 2020 o 2021. Se darán cuenta en el último año mencionado, los resultados de esas elecciones intermedias les van a caer como balde de agua helada, por no mencionar los del referéndum revocatorio de 2022. Esos son los hechos a los que, sin más, se ciegan. La razón le asistía al presidente Echeverría cuando afirmaba que los grandes empresarios deben tener excelentes asesores políticos. A más de cuatro décadas de distancia, se hace patente el hecho de que aún no los tienen, o cuando menos si es que cuentan con ellos, son bastante malitos.

   Por otro lado, hasta el día de hoy, el presidente mantiene su postura de no echar mano de las líneas de crédito abiertas que México tiene con los mercados financieros internacionales. Pero ojo: esto es no POR AHORA, porque si ni siquiera se cuenta aún con un diagnóstico final de la crisis, ni sanitaria ni económica (que en este caso, van indisolublemente juntas). Pésimo seria para el país que el  gobierno federal quemara todas sus fichas con premura, como ya se hizo en El Salvador, por poner un ejemplo. Esperamos que no sean tan graves dichos saldos finales aquí, como para tener que quemar todas las naves, pero por supuesto que, dado el caso, puede haber “N” anuncios presidenciales nuevos. Que el cortoplacismo, tan pero tan mexicano, no nos obnubile la vista.

   En la cuestión relativa al problema sanitario que supone la nueva cepa de coronavirus, México está adoptando una estrategia correcta, en la medida de nuestras posibilidades. Por un lado, la apuesta principal es alargar la epidemia en el tiempo, para que los contagios no suban abruptamente y colapsen nuestro sistema hospitalario; por otro lado, aunque no se diga abiertamente, la segunda apuesta es por la famosa “inmunidad de rebaño”, esto es, los contagiados que se recuperen o los que no muestren síntomas, porque ellos, al regresar el Covid-19 en invierno, como seguramente lo hará, estarán ya inmunizados, sirviendo como una especie de semiblindaje para la población en general contra la enfermedad y sus potenciales nuevos contagios. Que si las pruebas, que no las hay, vociferan algunos. Señores, en España las pruebas fueron, en parte, las responsables de que la epidemia se saliera de control. Ahí se llamó a la gente con síntomas leves, a acudir a los hospitales a realizarse las pruebas ¿Y qué paso? Que NO servían más de la mitad, se compraron a China, sin la menor certeza de su efectividad. Todo eso provocó que la gente que fue a los hospitales contagiara al personal sanitario y de paso a los enfermos internados por otras causas, fungiendo esa dinámica como una especie de bomba biológica, que multiplicó los contagios de manera exponencial. El sistema de vigilancia “Centinela”, si bien no es perfecto, sí nos puede dar mediante un muestreo, números muy cercanos a la realidad del problema, sin cometer el error de España, de apostar demasiado por las tan cuestionadas pruebas masivas.

   Si bien es fortuito, pero el hecho de que el subsecretario de Salud haya sido un experto en epidemilogía, será enormemente benéfico para el país en su lidia contra este micro organismo, que tiene hoy en jaque al mundo entero. México ha administrado mucho mejor la llegada de la pandemia que países como Reino Unido, España o los mismos Estados Unidos, por no mencionar a un país latinoamericano, como Ecuador. El parón en la economía es no solo necesario sino vital, paradójicamente, ya que la enfermedad colapsó al sistema de salud español, considerado como el quinto mejor del mundo, según algunos estudios, entonces ¿qué no haría con el mexicano? Por ello es más que loable el convenio signado con los consorcios de hospitales privados con el gobierno federal, en una señal de colaboración estrecha y solidaridad entre los sectores público y privado, sin tener que llegar al extremo de requerirlos por la fuerza, como hizo el gobernador del estado de Nueva York.




 Estemos ciertos de que saldremos adelante, todos juntos, exceptuando a los pocos, pero ruidosos buitres, que en medio de la pandemia, cual seres repugnantes, antepusieron sus sucios intereses políticos al bienestar general. Eso el electorado, a la postre, lo cobrará y con creces.

 

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