Por qué Peña Nieto no hablaba pausado ni leía en sus discursos

El presidente Enrique Peña Nieto sorprendía con su fluidez al pronunciar sus discursos, esto, en contraste con su estelar debut como candidato presidencial en la...

29 de abril, 2020

El presidente Enrique Peña Nieto sorprendía con su fluidez al pronunciar sus discursos, esto, en contraste con su estelar debut como candidato presidencial en la Feria internacional del Libro de Guadalajara en 2012, donde, francamente, dio cátedra de lo que no es tener el hábito de la lectura, pero donde también, quedó en evidencia su falta de oficio para el desenvolvimiento ante un público nutrido. Es ahí donde se empezaron a ver los famosos teleprompters, pantallas colocadas lo más disimuladamente posible, donde el candidato podía leer sin caer en tamaño ridículo como el de su intervención en la FIL tapatía; sin embargo, en no pocas ocasiones estos aparatos eran evidentes a la vista de cualquier periodista con la mínima curiosidad o perspicacia, incluso para, ya para ese año, cualquier ciudadano con un smarthphone a la mano.

Después, ya avanzada la campaña y máxime como presidente, sorprendentemente su manera de dirigirse al público experimento un cambio drástico, no solo se desenvolvía con una fluidez al hablar inusitada, sino que nunca tenía que pausar, preguntar algún dato preciso, ni siquiera apoyarse en un documento para leer, tan siquiera algún enunciado o par de palabras; pero había algo muy acartonado en él, poco espontáneo y sí bastante artificial, sin duda, en su forma de hablar, que era algo así como una suerte de robot programado. No pocas veces daba la impresión de no ser él realmente quien se dirigía al público; otras, de no estar convencido de lo que transmitía; las más, de ser una suerte de un simple megáfono, que transmitía las decisiones, logros, políticas públicas o la situación del país bajo el gobierno que encabezaba.

   A últimas fechas, está a la venta, en cualquier sitio de ventas en línea, un miniaparato, un apuntador del tamaño de un pequeño balín de acero, completamente imperceptible aun para el ojo humano más agudo o curioso. Este “chícharo” se vende con todo el kit para su funcionamiento, a un precio barato y lo que le sigue. Además, donde alguien, con un micrófono a distancia, dicta lo que el receptor debe decir, para repetirlo al dedillo, y así evitar ridículos lamentables, como el de la citada feria librera. Sin embargo, las veces que el dispositivo pudo haber fallado, el presidente Peña se vio en penosas situaciones, trastabillando no solo en el discurso, aun siquiera en ocasiones ni en párrafos, sino en alguna simple y sencilla palabra, como lo ilustra el video que se muestra al finalizar el presente artículo.

A Peña Nieto se le llamó un “edecán político”, incluso se llegó al límite de tildarlo como un títere, de los gobernadores, grandes empresarios nacionales y consorcios internacionales, pero no creo que su sexenio y su papel como primer mandatario se haya reducido tan solo a eso, a diferencia de los dos presidentes panistas, que no pocas veces dieron la impresión de ser todo, excepto eso, presidentes. En la administración de Peña Nieto, se comenzó a rescatar el papel del Estado, si bien muy tímidamente, pero sí se dieron algunos pasos en ese sentido. Con Fox y Calderón se llegó al límite de ser el Estado un mero instrumento para la transferencia de recursos a los que más tenían y, abonando así a nuestra ya de por si vergonzosa e insultante desigualdad, lo mismo que de tapete para los poderes facticos de todo tipo, incluido el crimen organizado; con ellos también, los gobernadores y presidentes municipales gozaron de un incremento en su poder solo proporcionales al aumento en la impunidad que gozaron, y a las fortunas que lograron amasar al amparo del poder público. Peña Nieto fue el heredero de todo eso, incluida la criminal e innecesaria guerra contra el narcotráfico, que acabó con la endeble paz social mexicana; uno de los errores de Peña Nieto fue de comunicación: nunca supo (o nunca quiso) subrayar que la problemática de la inseguridad en México había sido heredada, porque asá fue, quizá fue demasiado leal con su antecesor (Calderón) dado los apoyos mutuos que ambos se dieron para llegar a la primera magistratura. Con los gobernadores estaba atado de manos, ellos y su cartel lo impusieron, pagaron la multimillonaria estrategia de campaña para llevarlo a “Los Pinos”. Después vino el PACTO POR MEXICO, que le dio otras vueltas más al nudo del mecate que tenía en las manos, al deberle las Reformas estructurales (algunas, hay que decirlo, positivas para el país), de ahí que algunos mandatarios estatales se comportaran como dueños de sus estados, y que hayamos sido testigos de la más sucia y escandalosa corrupción en la Historia de México. Después, quizás más por pragmatismo que por responsabilidad histórica, no puso trabas a un paso importantísimo en la transición democrática, al no meter las manos en el proceso electoral de 2018; en lo anterior, su desempeño es muy parecido al del doctor Zedillo, y es muy probable que eso, acabe por inclinar la balanza a favor de EPN, en lo que fue su gestión sexenal.

Al presidente Andrés Manuel se le recrimina la frivolidad de no hablar de corrido, de hacer pausas, pero un detalle: AMLO nunca ha sabido lo que es usar un telepromter, mucho menos un “chícharo” para repetir lo que le dictan a la distancia; él se apoya, en ocasiones, en leer papeles cuando tiene que hacerlo, o en los miembros de su gabinete cuando lo que tiene que responder es dominado mejor por algunos de ellos. Jamás actúa. Por otro lado, las conferencias de prensa del lapso un mes de López Obrador, superan, con toda seguridad, al total de ese tipo de ejercicios de comunicación social del total que habrían tenido sus tres antecesores. De ese tamaño es la diferencia. AMLO se percibe como cercano a sus gobernados, tanto en las conferencias de prensa, entrevistas espontaneas, como en sus giras al interior de la República. En fin, ni hablar de las abismales diferencias con Fox, Calderón o Peña Nieto, eso es lo que la oposición no entiende, que si bien (dado la coyuntura actual) AMLO parece ir perdiendo unos pocos puntos de popularidad, lo que no se menciona tanto es que los demás partidos han caído aún más en las encuestas y sondeos de las preferencias del electorado, por lo que, desde ya, se anticipa algo: en las elecciones intermedias de 2021, MORENA volverá a arrasar en los comicios, de la misma forma (o aun más marcada) que en las del año 2018.

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