Propaganda

"Es casi como un sueño – una fábula. El Tercer Reich ha nacido, catorce años de trabajo se han coronado con la Victoria. ¡La revolución...

1 de febrero, 2019

“Es casi como un sueño – una fábula.  El Tercer Reich ha nacido, catorce años de trabajo se han coronado con la Victoria. ¡La revolución alemana ha iniciado!”

Joseph Goebbels, enero 1933

 

Propaganda, es el medio para llegar y sobre todo para mantener el poder. El gobierno de México empieza a hacerlo, y parece, que bien.  Andrés Manuel López Obrador es presentado como un líder dinámico, fuerte, progresista y esperanzador.  Vemos todos los días personajes dedicados a predicar la idea de Unidad Nacional basada en una devoción hacia el presidente de México que permita consolidar una forma de gobierno en los límites del fanatismo social.  Los mensajes que emite el Estado son muy poderosos, todos estos apuntados a generar un odio emocional hacia los enemigos del régimen.

Las similitudes son alarmantes. La República de Weimar, periodo crítico de la Alemania después de la Primera Guerra Mundial y hasta el ascenso del Partido Nazi en 1932, se caracterizó por la división en un inestable ejercicio del poder a través de gobiernos de coalición sin tener, ninguno de estos, mayorías parlamentarias.  Tiempos difíciles en donde el profundo descontento social, la desolación y la pérdida de identidad nacional por la derrota en la gran Guerra, así como la subsecuente aplicación de los Tratados de Versalles, lograron que el Partido Nazi alcanzara prominencia nacional, presentándose como un medio de protesta ciudadana contra la corrupción del régimen de Weimar. La estrategia del Partido era que este fuera visto como el único movimiento que representaba a todos los alemanes no judíos, sin clases sociales, ni religión, siendo su postulado principal que cualquier otra de las organizaciones políticas en Alemania eran grupos dedicados a sus propios intereses mezquinos.

La necesidad constante de la sociedad de tener líderes carismáticos, regala un terreno ávido para el adoctrinamiento y la propaganda dirigida. A través de una imagen pública magistralmente orquestada a favor de Adolf Hitler durante el difícil periodo, en términos sociales de Weimar, el Nacionalsocialismo (nazismo) explotó esta necesidad para prometer el bienestar y la Unidad Nacional. La majestuosa propaganda nazi lo mostraba como un talentoso estadista que traería estabilidad, crearía puestos de trabajo y restauraría la grandeza de Alemania. En todos los rincones del país, se veía a Hitler como un soldado listo para el combate, como una figura paterna y como un líder mesiánico elegido para rescatar a la nación.

En resumen, los nazis prometían restaurar los valores tradicionales alemanes con la promesa de unificar a Alemania. Con esto, el líder supremo logró un extraordinario apoyo popular.




La labor del Dr. Joseph Goebbels al frente del Ministerio de Propaganda del Partido Nazi, y luego del gobierno alemán, fue uno de los pilares en el que se asentó el éxito del Nacionalsocialismo. Gracias a su capacidad histriónica, a su profunda admiración al Führer y su pertenencia al círculo cercano de este, Goebbels ejercía un control total sobre los medios de comunicación, la cultura y las artes, la industria fílmica y en general de toda la compleja maquinaria propagandística para hacer de Hitler un personaje perfecto e inalcanzable.

En el México actual, parece claro que esta forma de adoctrinar, que no comunicar, la podemos ver, por ejemplo, en esta nueva “orientación editorial” que López Obrador quiere imponer como su nueva política de comunicación social. Los amigos reaccionarios del presidente en áreas culturales y de comunicación, seguramente pronto veremos también al castrista de corazón Silvio Rodríguez, serán los encargados de esparcir la ideología que este nuevo régimen planea permear en el México del siglo XXI.   Escucharemos muy seguido ideas como las que expresó el presidente en donde es preferible heredar pobreza que deshonra, de ver una “troca” como un lujo e incluso de pedir permiso a la “Madre Tierra” para construir un tren.     

Mientras los voceros culturales y capacitadores de jóvenes de este gobierno sean estos personajes, que en su justa proporción me recuerdan al Dr. Goebbels, claro está, sin la brillantez intelectual y de mensaje del tristemente célebre Reichsminister, parece sumamente peligroso pues sin duda la doctrina será una basada en el odio, en el no reconocimiento de pensamientos distintos y en el lograr un empobrecimiento disfrazado de felicidad.  Es preocupante que estos personajes tengan la tarea de esparcir principios “nacionalistas” e influir en la forma de pensar de miles de ciudadanos a través de medios masivos de comunicación para lograr crear las bases de un estado fanático ante la figura plenipotenciaria de Andrés Manuel.

El nazismo nació del descontento social, de la infundida pérdida de identidad como sociedad, de la urgencia de encontrar un líder que prometiera lo que el pueblo anhelaba: Igualdad, bienestar social y tranquilidad financiera.  Al principio todo era felicidad, pero la semilla estaba ahí, las pistas de lo que pasaría estaban ahí, a la vista de todos. La emoción, que no la razón, no le hizo ver al pueblo alemán lo que venía.  Es muy sencillo reconocer el fanatismo y es muy sencillo reconocer, con un par de palabras, y viendo a los personajes encargados de ejercer acciones de poder, el sistema de gobierno que se quiere implementar. El pueblo, lamentablemente, no es bueno ni sabio. El pueblo es ignorante, manipulable, y el nuevo gobierno lo sabe y lo impulsa a seguir así.

Hoy más que nunca es importante darle valor a la frase más recordada de Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

Hitler bautizó su época como el “Tercer Reich”, una que duraría mil años. El presidente de México bautizó su anhelada llegada al poder como la “Cuarta Transformación”.  La historia nos enseña cómo inició el Tercer Reich. Habrá que ver cómo, y cuándo, terminará la Cuarta Transformación.  Las similitudes son alarmantes.

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