El Gen de la Locura. En el Hipódromo y en la Vida Política del País.

¡Esto quiere decir que me dan de alta de este manicomio! Dicho por el "gordo González" cuando le prohibieron la entrada al Hipódromo.

2 de diciembre, 2015

¡Esto quiere decir que me dan de alta de este manicomio!
Dicho por el "gordo González" cuando le prohibieron la entrada al Hipódromo.

Habiendo sido entrenador de caballos de carrera y tengo que confesarlo, también de sus dueños conocí al paso de los años a muchos "locos". Apostadores y propietarios. Cuando menos muchos de ellos infectados por un extraño gen que bien pudiera ser el de la locura que estoy cierto que existe.

En todo este tiempo —más de 25 años­— sólo conocí a uno "loco peligroso" que no detecté a tiempo —aunque era obvio— y que por desgracia para el medio hípico, todavía anda por allí causando estragos. En fin… Por todo ello sostengo que para ser un buen entrenador —rara avis en este tiempo— se debe ser un buen psicólogo y saber que el gen de la locura existe y permanece escondido dispuesto a brotar en la actitud de un caballista en cualquier momento.

Así, generalizando, muchos caballistas son como dice el maestro "individuums de exterior algo agradable y de interior muy sospechoso" y mi teoría es "que el gen de la locura florece y prospera provocado por el ambiente". No por los caballos en sí sino por todo el entorno. Tampoco por un mosco como con el dengue o la ahora famosa Chikungunya. Su esencia está en el glamour que por definición es el encanto que fascina. Y esa fascinación es abono para el desarrollo del gen maldito.

Me queda claro que para el propietario de un caballo Pura Sangre de Carreras —inmaduro, bisoño, sin educación de los principios esenciales de la hípica— después de ganar una carrera, el triunfo le puede pegar directamente en su vanidad  y después del victoria expresa con toda emoción… ¡Gané…! cuando ni acercarse al caballo se atreve. Y después de ganar tres carreras —o muchos segundos— se vuelve un experto y todo ello arruina la actividad. El gen lo infectó pues no existe una escuela para ser propietario de caballo de carreras y la presunción domina. Es un hecho.

Un amigo mío, al conocer la zona de caballerizas se refería a ella como "la clínica". Ubicada en medio del corazón de la ciudad más grande del mundo, con todo su bullicio, tráfico e inseguridad entrar a la zona de caballerizas equivale a tomar un respiro. Es un remanso. Todos los personajes que trabajan o asisten allí tienen otro ritmo, otra calidad. Todo se aquieta y caray… es toda una experiencia y probablemente el gen de la locura se esconde entre las pacas de avena o la alfalfa que ya escasea.




Y el gen de la locura se manifiesta de varios modos, les cuento como ejemplo:

El gordo González —caballista singular, de antaño— que fácilmente pesaba 110 kilos, simpático y ocurrente como él solo, alguna vez que le pidieron su licencia para entrar a la mentada zona de caballerizas del hipódromo reviró ¿qué, no entran por aquí los jockeys? Cuando finalmente los árbitros decidieron no dejarlo entrar —había violado el reglamento de carreras mil veces— expresó como si fuera su epitafio "quiere decir que me dan de alta de este manicomio".

Así pues, el mismo juego con apuesta tiene su fascinación pues invita a no trabajar y a probar suerte pero ¡aguas!, puede producir adicción con lo cual irremediablemente el gen de la locura se hace presente. ¡¡¡Y es grave…!!!

Y a los aficionados —hay que verlos— estudian el programa oficial con pasión para ver si en los past performances descubren algo. Y así surgen teorías de quien puede ganar por las líneas de sangre de los animales, la calidad de su crianza, la fama de su entrenador, la destreza de los distintos jinetes, los trabajos oficiales, el criador, la posición en la barrera (el gate como se le llama). En algún hipódromo de Nueva York hasta hay quien considera el viento que sopla y de dónde viene. Mil factores que influyen a la hora de hacer un pronóstico acertado y así el gen de la locura se va despertando. Ah y la suerte es primordial. Birján — el Dios plebeyo— que según la leyenda, fue concebido por la mortal Mary (de origen escocés), sin haber tenido relaciones sexuales, al ser tocado su vientre por Saturno, Dios del Olimpo. Este singular personaje, considerado el Dios de los juegos de azar, también interviene. Tal vez sea el factor más importante para ganar.

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Past performance del ganador del Derby de Kentucky de 2014
Monto Mario Gutiérrez, jinete mexicano

Y así, hay mil anécdotas que se puede contar y constatan la existencia del gen de la locura.

Observando bien, con cierta atención, en toda actividad humana el gen de la locura está presente, no solo en los hipódromos.

Observemos lo ocurre en la vida política del país. Al inaugurar el segundo medio de la administración del Presidente Peña Nieto las cosas andan nada bien. Por ejemplo y para no mencionar la larga lista de yerros sólo en Guerrero se cuentan más 750 cincuenta ejecuciones en lo que va del año y más de 12,500 desaparecidos y eso es la locura completa. ¿Estamos en guerra? El gen de la locura hizo sus estragos pues no hubo quién lo detuviera. Ni hay quien se atreva pues todo es un negocio y eso de gobernar se acabó.

¿Hay forma de poner en su lugar a este mal? En el hipódromo es imposible. En la vida nacional es probable.

La solución apunta hacia tener mejores gobernantes y a reserva de ampliar el tema será por medio de la elección de candidatos independientes. Basta ver el programa televisivo de Leo Zuckermann, "La Hora de Opinar" en donde se presentaron los candidatos independientes que ganaron el año pasado y que ahora son servidores públicos: el gobernador de Nuevo León Jaime Rodríguez Calderón, los diputados Manuel Clouthier y Pedro Kumamoto y el presidente municipal de Morelia, Alfonso Martínez todos acompañados por el controvertido y visionario Jorge Castañeda Gutman, precursor de todo este movimiento.

Vale la pena ver el debate en el siguiente link. Debaten los candidatos independientes. Lo propuesto en este programa parece que es la solución para que este país salga del hoyo y es una buena vacuna para curar el gen de la locura. ¿Se podrá?

Comentarios

¡Esto quiere decir que me dan de alta de este manicomio! Dicho por el "gordo González" cuando le prohibieron la entrada al...

enero 1, 1970

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