2018 será el año de los populistas

Hace unas semanas me referí en este espacio al populismo y los populistas y transcribí algunos párrafos de...

8 de marzo, 2017

Hace unas semanas me referí en este espacio al populismo y los populistas y transcribí algunos párrafos de la Enciclopedia de la Política (4ª ed. México, FCE, 2012), magistral obra del jurista ecuatoriano Rodrigo Borja, que contiene un estupendo análisis de lo que es este estilo político que está avanzando en el mundo ante el fracaso del sistema capitalista que en casi todo el mundo ha hecho más ricos a los ricos, más pobres a los pobres y mantenido en su lugar a los clasemedieros que no ven como hacerse ricos pero sí temen empobrecerse.

Para entender mejor lo que es un político populista transcribo unos párrafos más de la enciclopedia arriba mencionada:

“Por lo general estos caudillos tienen carisma para los grupos pobres y marginales, cuyas rebeldías y frustraciones sintonizan, aunque no para los otros segmentos de la población a los cuales molesta la superficialidad, la irracionalidad, el reduccionismo y la simplicidad de sus juicios y lo contradictorio de sus planteamientos. Luego está la presencia activa de la masa a la que los caudillos le entregan la ilusión de participación y protagonismo. Después, la ausencia total de planteamientos ideológicos y programáticos que obren como parámetros de la acción caudillista. Finalmente, un discurso maniqueo y exaltado, de rasgos “redentoristas”, que apela más a la emoción que a la razón y que ofrece soluciones mágicas para los problemas de la gente.

“Dentro de esta ambivalencia binaria, el líder se presenta como el símbolo de la redención popular mientras que sus enemigos encarnan todos los males. Es una contraposición dogmática y neta entre el bien y el mal, la redención y la ruina, la justicia y la iniquidad, la honradez y el latrocinio, el patriotismo y el entreguismo. Los caudillos populistas buscan siempre el contacto directo con el pueblo, desechando los métodos de representación política tradicionales, y tienden permanentemente hacia una línea autoritaria de poder. Reivindican para sí un real o supuesto origen popular  —se presentan como hombres comunes del pueblo, conocedores de sus problemas, que por sus extraordinarios méritos han asumido el liderazgo—  y reclaman constantemente que el pueblo confíe en ellos.

“Con frecuencia exhiben una hoja de vida aureolada por la persecución y el sacrificio. Se presentan como “víctimas”, si no como “mártires”, de los grupos de poder.

“Hábiles manipuladores de la psicología de masas, los caudillos populistas buscan siempre identificar un “enemigo del pueblo” contra quien descargan toda la furia contenida de la masa por siglos de frustración y de injusticia. Esta identificación les sirve como un factor de movilización popular. Acumulan contra ese “enemigo” toda clase de reproches. En la dialéctica maniquea de estos caudillos, aquél es el culpable de todos los males.




“Todos los caudillos populistas suelen denunciar un enemigo y si no lo tienen se lo inventan. Como no poseen ideología no les importan las contradicciones y los virajes en que incurren.

“Los caudillos populistas, en sus afanes personalistas y autoritarios, generalmente adoptan posiciones antipartido y desatan hostilidades contra el parlamento, al que desacreditan. Su relación con la función judicial suele ser también conflictiva. En general, sus relaciones con las instituciones estatales son tormentosas por su tendencia personalista a concentrar el poder, su falta de sometimiento a la ley, su interés por desarticular las instancias de control democrático y su omnipresencia en los escenarios públicos”.

La descripción de los caudillos populistas hecha por Borja puede aplicarse, como lo anoté aquí el 21 de febrero pasado, a Trump, Cárdenas, López Obrador, Chávez, Maduro, Morales, los Kirchner, Lula, Correa, Le Pen, Wilders, Perón, Hitler, Mussolini y muchos más.

En 2018, las soluciones fáciles para resolver los problemas complejos que saldrán de la boca del populista que desde 2000 inició su campaña presidencial, obligará a sus contrincantes a también adoptar posturas populistas para tratar así de restarle fuerza. Por eso, el año entrante será el de los populistas, tanto los de verdad como los de mentira.

Comentarios

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