La vida en rosa ⏐Flavia en la cultura: un espacio de vanguardia

Flavia es una galería de arte ubicada en Xalapa. Nidia Sánchez nos da un recorrido por sus salas y por los artistas que la hicieron posible.

26 de octubre, 2021

Flavia es sin duda un espacio de vanguardia comprometido con el arte contemporáneo a manos de sus socios: el maestro Manuel Velázquez, el multipremiado arquitecto Rafael Pardo Ramos y José Antonio Flores.

Flavia es un espacio con un sello único en Xalapa (Veracruz) donde converge lo multidisciplinario. Las continuas exposiciones invitan a dirigir los pasos a este lugar que resulta especial, una ventana al mundo, localizado cerca del parque Los Berros, fascinante recorrido en el que se asoma el arte contemporáneo de artistas locales y nacionales que siguen ganando presencia.

Es necesario hacer un alto para referirnos a Velázquez, no solo porque está al frente como director general de Flavia, sino por su apuntalada carrera. Se trata de un inquietante artista plástico que ha presentado sus obras en exposiciones individuales y colectivas en países como Argentina, Austria, Bélgica, Canadá, Chile, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, Eslovaquia, Ghana, Guatemala, Holanda, Italia, Japón, México, Paraguay y Serbia. 

“Para mí la cultura es una noción ampliada de la realidad que nos permite expresarnos. El arte está insertado en todo, nos da herramientas, conocimientos a la par de la ciencia, tiene como característica lo interdisciplinario que hace uso de la religión, la política, filosofía, que en una situación de crisis en toda la humanidad el arte también nos da un cobijo de poder tener un espacio de soledad, reflexión, análisis, donde encontramos otra mirada.

“En Flavia se puede acceder a la educación para fortalecer el rubro de las empresas culturales, estrategias de mercadotecnia para un creador de arte, hemos tenido un nicho de mercado con los arquitectos, el concepto es fortalecer una marca propia, tener una oferta de valor como galería a través de la educación continua”. 

Nuestro artista al frente de Flavia organiza parte de su tiempo para dedicarlo a la investigación sobre arte contemporáneo, economía de la cultura y políticas culturales, estudioso permanente. Es catedrático en la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana y en Realia.

Flavia resulta una propuesta innovadora, ¿cómo no podría ser de otra forma, si nos referimos a otro de los socios, el arquitecto Pardo, quien diseñó cuidadosamente la distribución de los espacios?

Manuel de Jesús Velázquez Torres es creador artístico del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2018-2021).  Es egresado de la Escuela de Artes Plásticas de Chiapas, Licenciado en Artes Plásticas por la Universidad Veracruzana, Maestro en Estudios de Arte por la Universidad Iberoamericana, estuvo a cargo de la dirección de la Escuela de Artes Plásticas del ICACH, en Tuxtla Gutiérrez (Chiapas). En el Instituto Veracruzano de la Cultura estuvo al frente como Subdirector de Planeación, Seguimiento y Evaluación (2013-2016). 

Velázquez es un apasionado de crear obras de gran formato sobre madera. Sus creaciones invitan a las posibilidades escénicas de la escultura, provocando intencionalmente un acercamiento y reconocimiento con el espectador.

Velázquez, quien se ha desempeñado como curador y gestor cultural, aborda la pintura como campo expandido, hace una reflexión de la pintura tridimensional, las posibilidades de la pintura en el arte contemporáneo y su expresión con relación a la arquitectura y al espacio en el que se expone.

Refiere que tradicionalmente se considera a la pintura bidimensional cuando es posible exponer –como ya lo ha hecho– en espacios no convencionales, sacar la obra de los espacios tradicionales y presentarla en lugares donde en teoría no tendrían los espacios, iluminación, condiciones de montaje, y es precisamente esa relación una adherencia a la memoria del lugar.

La permanencia a experimentar con nuevos materiales bien podría ser un referente del maestro Manuel Velázquez, para quien el arte es ideológico, no solo responde a la estética, o a cuestiones emocionales del autor. Manuel Velázquez es fundador del Jardín de las Esculturas de Xalapa, del que fue director en dos periodos (1998-2002, 2010-2013). 

Flavia galería es un hábitat para la cultura a través de los diversos talleres y seminarios que imparten, presentaciones de libros, conciertos, y no podrían faltar las jornadas de arquitectura.

Y esto no es todo, cuentan con una café de especialidad, deliciosas propuestas, en la que si eres inseparable de tus mascotas puedes llevarlos a que compartan contigo en este espacio amigable. El propio Manuel Velázquez adora estas compañías.

Durante tu visita a Flavia además puedes hacer una escala obligada en la tienda de regalos donde puedes encontrar objetos de arte y diseño, piezas útiles elaboradas por artistas, tazas hechas de cerámica, podrás hacer del papel tu cómplice con las libretas, bolsas, playeras, joyería, laudería, entre mucho más que podría decir, lo mejor será acudir si es que visitas Xalapa.

Los productos de diseño hacen más sencillo el acercamiento al trabajo de los artistas ya que los costos son más accesibles que las grandes obras.

Flavia es minimalista en su decoración donde el arte contemporáneo sale a nuestro encuentro.

Nuestro invitado se siente orgulloso de los cuatro años que Flavia cumplió este 2021, con todo lo que significa el reto de esta pandemia, particularmente en la cultura.

“Flavia se encuentra en Jiménez del Campillo número 42, donde se rescata esta visión de la calle empedrada en una construcción de edificio contemporáneo diseñado por Rafael Pardo, quien a través de estos ventanales fortalece estar abierto al público, seguimos vigentes con las puertas abiertas de lunes a sábado de 9 de la mañana a 9 de la noche”. 

El maestro Velázquez invita a que se acerquen a los eventos culturales en Flavia, donde son bienvenidos creadores y amantes de la cultura.

Comentarios
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We didn't start the fire It was always burning, since the world's been turning We didn't start the fire No, we didn't light it, but we tried to fight it

– Billy Joel (1949), cantante y compositor estadounidense.

Incómodos, radicales, tenaces, inquisitivos, irritantes, problemáticos, irreverentes y –especialmente– críticos. Tales son los adjetivos con los que la gran mayoría de la sociedad suele describir a todos quienes nos dedicamos a la filosofía –al menos, los más decorosos–. Y es que no solo se trata de una carrera que te licencia para hacer filosofía "profesionalmente", se trata de una cierta marca existencial, algo que nos caracteriza hasta la médula.  La filosofía se ha definido de mil y un maneras durante la historia humana. Comparto la idea de que ésta es la ciencia que busca encontrar, a partir de una constante apertura existencial, aquellas causas y principios que operan en la realidad. Es decir que no se reduce a un mero proceso intelectual –una disciplina mental–, sino que se trata de una auténtica manera de ser. Si bien, todo ser humano es capaz de filosofar –buscar los principios que operan en una realidad concreta–, considero que hay una distinción muy significativa entre una reflexión profunda eventual y una introspección constante. Se trata del anhelo íntimo de encontrar la verdad en todo momento. No me refiero solo a una verdad particular en ciertas ocasiones, sino a tener un compromiso auténtico con lo auténtico; una existencia que, honestamente, está siempre en la búsqueda de lo real y objetivo. Por ello, así como un médico se atiene al famoso juramento hipocrático de nunca dañar a sus pacientes, el filósofo jura un compromiso vital con la verdad. Lo cual, implica una constante apertura en cualquier dimensión de la vida para descubrir la verdad, empezando por uno mismo. Este compromiso existencial es una actitud que siempre incomoda a muchas personas, ya que estar predispuesto a la reflexión constante implica una apertura sin clausura de estar inspeccionando los hechos más aceptados –sin ser necesariamente verdaderos–, así como estar contrastando y "problematizando" aquellas ideas, nociones, usanzas y tradiciones que muy pocas personas siquiera se plantean dudar. Sobre todo en el mundo contemporáneo, donde el relativismo intelectual y moral siguen estando en boga, las personas que se preguntan por la verdad objetiva, no solo en los hechos, sino en los principios y causan que la originan, suelen ser confinados a la academia pero excluidos de asuntos "prácticos". Y es que en el mundo de las Fake News, donde ya no hay un interés en dialogar en comunidad y solo se procura el estar en lo cierto, la filosofía es estimada como una ciencia de la antigüedad, un saber que solo causa problemas sin dar soluciones "en el aquí y ahora".  Por supuesto, aunque la filosofía no es para todos, vaya que sí es necesaria. Como la historia lo ha comprobado, no todo se centra en el mero hecho –el factum– y lo presente. Al final, tal como lo expuso Isaiah Berlin, las ideas son las que mueven al mundo a actuar1. La aceptación de esta verdad es la que nos lleva a conmemorar el Día Mundial de la Filosofía cada año, celebrado el pasado 18 de noviembre. Este breve escrito busca presentar una apología concreta que demuestre la importancia de la filosofía en la vida de cada ser humano para formarse un criterio objetivo que permita construir una sociedad más justa.  Sin lugar a dudas, uno de los mayores rockstars de la filosofía es Sócrates. A más de dos mil años de su vida, continúa siendo uno de los grandes maestros de la humanidad. Para él, la filosofía debe ser la constante interrogación que busque, a través del diálogo, contrastar definiciones y realidades para encontrar la verdad. El símbolo que utilizó fue el tábano, un mosquito que "aguijonea" a la sociedad: “[…] que necesita ser aguijoneado por una especie de tábano, según creo, el dios me ha colocado junto a la ciudad para una función semejante, y como tal, despertándonos, persuadiéndonos y reprochándonos uno a uno, no cesaré durante todo el día de posarme en todas partes2. Así, la labor filosófica se centra precisamente en lo que hoy entendemos como "formación del criterio". Un análisis racional y emocional de los sucesos que ocurren a nuestro derredor donde cada persona sea capaz de inteligir entre lo bueno y lo malo, entre lo falso y lo real. Es precisamente esta conciencia la que nos permite resistir los terrores imaginarios de las propagandas políticas3, por ejemplo. Ideas conspirativas, ciega fe a líderes espirituales y políticos, Fake News, son algunos de los más destacados ejemplos donde el pensamiento filosófico se convierte en un auténtico defensor de lo justo. El común denominador detrás de todos estos fenómenos es, como bien afirmó Sócrates, "que resulta evidente que están simulando saber sin saber nada"4. Precisamente cuando nos cerramos a no dialogar y estar dispuestos a reconocer el error, caemos en los extremos vicios morales que tan bien han identificado los filósofos desde la Antigüedad.  De esta manera, la filosofía tiene esta naturaleza de estar vigilando qué tanto nos estamos desviando de la verdad objetiva. Por supuesto, el ideal siempre ha sido la búsqueda por la verdad en sí misma como fin, no como medio. Sin embargo, la verdad exige que seamos congruentes con nosotros mismos. Por ello es que la filosofía también tiene la naturaleza de introspección personal –además de la reflexión social o comunitaria expuesta arriba–. Ya lo decía san Agustín: "Quien conoce la verdad, conoce esta luz, y quien la conoce, conoce la eternidad"5. Estar abierto a entender nuestra realidad –en tanto la verdad que conforma la identidad de cada persona, así como su naturaleza humana– es la condición necesaria para ser, no solo mejores personas, sino aspirar a la auténtica felicidad6. Esta examinación interna –que forma el criterio personal– es solo posible cuando emprendemos una actividad filosófica hacia el interior de cada uno de nosotros. Gracias a nuestra racionalidad simbólica que nos permite distanciarnos de nosotros mismos y entendernos –como señala José Antonio Marina 7– narrativamente, es como opera la filosofía. Con su distintivo método de la interrogación y el contraste –así como similitud– el pensamiento filosófico nos posibilita a que accedamos a la verdad interna: Se llaman soliloquios, y con este nombre quiero designarlas, porque hablamos a solas. Nombre tal vez nuevo y duro, pero muy propio para significar lo que estamos haciendo. Pues siendo el mejor método de investigación de la verdad el de las preguntas y respuestas…8 Estos diálogos internos –soliloquios–, sin embargo, son el principio del descubrimiento de la verdad. Son el inicio del viaje vital que emprendemos a diario en búsqueda de la felicidad. Así, anhelamos bienes, alegrías y prosperidades que, al menos en un primer momento, prometen la felicidad. Sin embargo, la mente crítica que desarrolla el pensamiento filosófico advierte que hay bienes que, aunque aparentan serlo, en realidad no lo son. 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Pues la verdad no busca agradar los apetitos banales de las autoridades, ni se adapta a las sensibilidades frágiles, ni quiere subyugarse ante las posiciones extremistas, todas estas visiones que prefieren vivir en la cómoda y placentera mentira antes que mirar el desorden interior que cargan. La verdad simplemente es.  Por último, frente a la acusación de que la filosofía solo causa más problemas, considero que, más bien, habría que preguntarse ¿por qué es malo dudar? Nadie posee la verdad absoluta y quien afirma lo contrario es un embustero. Las soluciones sencillas, meramente prácticas y al momento, no resuelven nada aunque aparentan hacerlo. Más que causar problemas, la filosofía es este bisturí –fino y preciso– que, como la enfermedad en el cuerpo, extrae las explicaciones banales envueltas en falsedades para abrir el camino hacia la verdad; y con ésta, hacia la construcción de un mundo mejor. 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Roger Bartra, Territorios del terror y la otredad (México: FCE, 2018), p. 15. 4Platón, Apología de Sócrates, 23 d. 5 San Agustín, Confesiones: VII: 10; 16. 6"[Como lo señala] san Agustín, el cual subrayó el hecho de que el conocimiento de la verdad ha de ser buscado no con fines meramente académicos, sino porque aporta la verdadera felicidad, la verdadera beatitud". Frederick Copleston, Historia de la Filosofía, volumen I "De la Grecia Antigua al Mundo Cristiano" (España: Ariel, 2017), p. II-42. 7Cfr. José Antonio Marina, Anatomía del miedo. Un tratado sobre la valentía (Barcelona: Anagrama, 2019), pp. 18-32. 8 San Agustín, Soliloquios: II: 7; 14. 9Alasdair MacIntyre, Animales racionales y dependientes (Barcelona: Paidós, 2016), p. 114. 10Juan 8, 32." 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Tal vez, ahora ya mucho más viejo, no sean esos detalles los que atraigan mi atención, sino algunos aspectos de fondo.  En 1984 yo tenía 14 años, hoy tengo 50; el mensaje de ambos momentos me llega, pues, en circunstancias muy distintas. Entiendo ahora, por ejemplo, que tanto el libro como la película son un alegato sobre la muerte de la compasión y, en eso sí que acertaron aunque sus ciudades futuristas no se parezcan a las nuestras de la actualidad. Para exterminar a los “replicantes”, sus verdugos se basan en una prueba que mide la capacidad de empatía, esto es, de compasión, los androides no pueden generar emociones, cuando se identifica ello, son retirados. El problema comienza cuando Nexus, la nueva generación de replicantes, viene con memorias humanas incluidas y son capaces de generar emociones, algunos de ellos ni siquiera saben que son robots sofisticados; a cambio de su humanidad se les ha programado para vivir cuatro años. No contaré la trama, desde luego, pero sí debo apuntar que es la compasión del más cruel de los replicantes el que le permite vivir a Rick Deckard, el más afamado de los exterminadores de robots y es su propia compasión la que le permite vivir a Rachael, la replicante que tiene que enfrentarse a la realidad de no ser humana y es gracias a la compasión de Gaff, el colega de la policía que Deckard y Rachael pueden comprometerse en un amor sin esperanzas. Todo en medio de la banalización de la muerte y el dolor en una sociedad donde la compasión está muriendo. Asistimos furibundamente alegres a los linchamientos en las redes sociales. Cualquier traspié, cualquier defecto, cualquier error, aunque no sea cierto, es suficiente para abonar con la ofensa, la denuncia, el señalamiento o sencillamente con el silencio; respondemos con furia enorme cuando se trata de atacar al que ha expresado ideas que no nos gustan, al que quiere vivir diferente o vaya, con humano derecho, al que se ha equivocado. Celebrábamos antes nuestras libertades, ahora celebramos cuando hemos hecho callar a alguien; temas que no se tocan, cosas que no se dicen y, si me apuran y volvemos a Dick, pronto habrá cosas que no se deban pensar.  " ["post_title"]=> string(28) "Blade Runner y la compasión" ["post_excerpt"]=> string(216) "A 53 años de la publicación de “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, la distopía de Philip K. Dick es cada día más real: perdemos nuestra humanidad en una sociedad cada vez menos empática. 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