La vida en rosa ⏐ La voz de los pueblos indígenas

Qué somos sino lengua, palabra con la que se crea todo, así como Dios al séptimo día o como la imagen central del calendario Azteca… Me sacudió como ráfaga este pensamiento mientras escuchaba atenta la magia que...

22 de junio, 2021 MAESTRO JUAN HERNÁNDEZ 3

Qué somos sino lengua, palabra con la que se crea todo, así como Dios al séptimo día o como la imagen central del calendario Azteca… Me sacudió como ráfaga este pensamiento mientras escuchaba atenta la magia que emana el maestro Juan Hernández Ramírez, Premio Netzahualcóyotl de Literatura en Lenguas Indígenas (2006) por su obra Chikome xochitl “Siete flor” Conaculta-INBA. Es defensor de la lengua náhuatl y de todas aquellas con las que se narra la cosmovisión de los pueblos originarios.

Poeta y narrador en lengua náhuatl y español, es originario de Colatlán, municipio de Ixhuatlán de Madero, norte de Veracruz. En 2018 se le otorgó la Medalla “Adolfo Ruiz Cortines” por su compromiso con las etnias de Veracruz y sus esfuerzos en la preservación de las lenguas indígenas mediante el impulso y difusión de la creación literaria por parte de la LXV Legislatura.

Es licenciado de Educación Media en Lengua y Literatura Españolas por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Se formó en numerosos talleres de Creación Literaria en Lenguas Indígenas por parte de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y del Conaculta.

Es presidente de la “Asociación de Pueblos Originarios de México Ketzalkoatl”, que se creó con el objetivo de seguir conservando la identidad a través del trabajo y desarrollo comunitario de la lengua, y preservar la cultura apoyando a las comunidades con asesorías.

A causa del obligado encierro por pandemia, se refugió en su hogar, la Huasteca, donde ha dedicado tiempo a meditar cómo retomar actividades para que las lenguas originarias sigan vivas y también la música con instrumentos como guitarra, violín, jarana, entre otros.

Defensor de las lenguas originarias, ha trabajado para preservar la auténtica cultura patrimonial, las lenguas teneek, náhuatl, popoluca, totonaco, que existen en el territorio de Veracruz y que contempla varias etnias. 




La voz poética Juan Hernández es Premio Continental de Lenguas Indígenas “Canto de América” por el libro “Tlatlatok tetl” (Piedra incendiada) otorgado por Escritores en Lenguas Indígenas A.C., recibido en la sala Netzahualcóyotl de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Nuestro defensor de las lenguas indígenas refiere que el español es nuestra segunda lengua, que han intentado hacer homogénea desde los tiempos de Rafael Ramírez, tratando de borrar las raíces culturales, dejando huellas y memorias de dolor desde aquel entonces, cuando a los niños se les castigaba por hablar su lengua de origen.   

Como hablante náhuatl, nos comenta, ha tenido mucho contacto con el conocimiento dentro de la cultura de su lengua, penetrando a la cosmovisión, al mundo de estos pueblos.

En Veracruz como en todo el país, está la dirección de educación indígena que debe dar la educación en las lenguas originarias para que ninguna de estas culturas muera. Pero es aquí donde radica un problema. La Secretaría de Educación otorgó poder a personas que nada tienen que ver con la educación, aunado a que la educación indígena exige una atención especializada.

La educación que debería ser en estas lenguas originarias deja mucho que desear, confiesa el maestro Hernández, quien conoce las entrañas de la docencia en la que prestó servicio durante 41 años, donde se entregó decididamente como Director en Educación Indígena, Inspector Bilingüe, Jefe de Zonas de Supervisión de Educación Indígena, castellanizador, maestro de grupo, Asesor Técnico Pedagógico en la Jefatura de Zonas, entre otros cargos.

Es en 1980 en la región de Chicontepec,  se dio a la tarea del rescate, desarrollo y preservación de valores culturales y educativos de las etnias Náhuatl, Teenek, Hñahñu, Jamasapigni de la región huasteca de Veracruz, donde se practicó la escritura de poesía, narrativa, cuentos, mitos y leyendas en cada una de las lenguas maternas y se tradujeron al español. Además se entregó al rescate de la música y danzas autóctonas.    

De manera particular, explica, al referirse a las actividades de la Asociación, que “estamos organizando grupos para concientizar y hablar sobre el valor de las culturas, los rituales, todo lo que concierne a la cultura, música, danza, la lengua, la tierra, el conocimiento”.

En estos recientes días, desde Xalapa, el poeta Juan Hernández se coordina con cuatro integrantes de la Asociación que preside, en tanto que tiene otros colaboradores como en Tantoyuca, la maestra Esperanza de la Cruz Ramos, quien reúne niños que hablan la lengua originaria y les enseña a leerla. Además apoya a otros infantes que quieran hablarla, debido a que considera que las lenguas se están perdiendo porque hablan predominantemente español en los municipios como Chicontepec, Papantla y otros lugares, donde hay presencia de culturas indígenas en el estado.

Ese es uno de los factores que inciden para que la cultura vaya desapareciendo, si la educación fuera incluyente no nos avergonzaríamos de nuestras identidades. A mí no me avergüenza ser un indígena náhuatl, hablante, podríamos sentirnos orgullosos de la identidad, pero las escuelas no enseñan eso, es como si mostraran que hay culturas que no tienen valor.  Es necesario destacar que todas las culturas en el mundo tienen su propio valor, se debe visibilizar y donde quiera que estén darles apoyo, nos hace falta mucha educación, enfatiza. 

Una de las actividades que van a impulsar es tratar de que los niños aprovechen a los artistas que hay en cada comunidad, donde tocan violín, tienen música tradicional, si hubiera manera que las comunidades apoyarán con una casa para que el artista local comparta sus conocimientos, serían muy interesantes los resultados.

Existe una gran riqueza cultural, cada comunidad tiene las danzas del elote, el agua, el maíz, el venado, entre muchas otras que se están perdiendo porque los bailes y música comercial nos invaden, así que la tarea es preservar los orígenes ancestrales. Ojalá alguna institución pudiera apoyar en preservar las danzas y música de los pueblos originarios. 

Otro tema del que es necesario tomar acciones, y que surge en sus reuniones de trabajo, es la alimentación de nuestros pueblos originarios. Resolveríamos mucho de la problemática de la mala alimentación en los pueblos, con el cultivo y consumo de amaranto, ajonjolí, promover la crianza de aves de corral para consumir carne, sembrar calabacitas y otras legumbres nutritivas, así nos evitaríamos muchísimas enfermedades.

Recordó la creación del Instituto Nacional Indigenista, que lamentablemente dejó al frente a dirigentes que no tenían conocimiento de los pueblos originarios. Llevaban programas a los pueblos pequeños, aves de corral, donde no les daban seguimiento y esto no es así, todo desarrollo conlleva una educación.

Es necesario, por ejemplo, que si les llevo semillas les voy a enseñar todo el proceso hasta obtener los frutos o legumbres. Es mucho de educación y parece ser que no nos hemos dado cuenta que México es pluricultural, cada uno tiene su propia enseñanza.

Muchos de los recursos con los que ha trabajado la Asociación de Pueblos Originarios de México Ketzalkoatl, han sido aportaciones de los integrantes, alguna vez del área de la Secretaría de Gobierno, y es que para todas estas actividades necesitamos vehículo, gasolina, alimentación, entre otras cosas. 

 

Trayectoria

El maestro Juan Hernández ha sido voz de los pueblos indígenas de México en escenarios como la biblioteca de la Universidad de París, La Sorbona, una de las más antiguas y reconocidas del mundo, donde ha compartido lectura de poesía náhuatl.

Entre sus obras podemos mencionar Auatl iuan sitlalimej (Encinos y estrellas) Fondo Editorial de Culturas Indígenas, Gobierno del Estado de Veracruz (2001); Hamerle Editori (publicación en italiano y español) “Los soles de la vida” poema de largo aliento en antología con poetas indígenas mexicanos, Voci Di Antiche Radici, Dieci poeti indigeni del Messico.

En 2006 “Eternidad de las hojas”, monolingüe en español; en 2007 Chikome xochitl (Siete flor) editado por Conaculta y la Dirección General de Culturas Populares; 2008, Totomej intlajtol (La lengua de los pájaros) editado por el Gobierno del Estado de Veracruz; 2010, Tlatlatok tetl (Piedra incendiada) editado por Escritores en Lenguas Indígenas y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

En 2013 Antología Salvador Díaz Mirón, III Festival Iberoamericano de Poesía, Solar, Servicios Editoriales S.A. de C.V. México; en el mismo año, “Del Teatro del Silencio al Parnaso” , antología dedicada al poeta hondureño Juan Ramón Molina, Organización Mundial de Poetas, Escritores y Artistas, editado en Estados Unidos.

En 2014 Tlixochimili (Jardín de fuego) poesía náhuatl-español, Solar Servicios Editoriales México; en 2015, Trois voix de la terre-Tres voces de la tierra-Tlen tlali eyi tostli, Antología poética de tres autores en las lenguas francés, español y náhuatl, Asociación Soleil-Olin, París, Francia.

En 2015 KetsalpapalotlPaillon-Quetzal-Mariposa-Quetsal, Antología Poética, lenguas náhuatl-francés-español, Editions Soleil Olin, París, Francia; en el mismo año, Tlalxiktli-Ombligo de la tierra, poesía náhuatl-español, Conaculta, IVEC, Gobierno del Estado de Veracruz.

En 2016, Tlen atl eyi tlachialistli-Tres miradas sobre el agua-Trois regards sur 1´Eau, tercer libro de poemas, tres autores en tres lenguas, coedición.

En 2018, Tepemej ininkuik-Cantos de la montaña, publicado en España; en 2019, Xochitlajtoli, Poesía contemporánea en lenguas originarias de México, Círculo Poesía, México.

Es en 2019 también que presenta su obra Ejekateskatl-Espejo del viento, poesía náhuatl-español, que contiene sabiduría, filosofía, ética, cultura escrita en verso libre y que cuenta la historia del pueblo náhuatl, son 13 poemas como número mágico, que aporta imágenes del origen del pueblo náhuatl, cómo sucumben ante una invasión y a pesar de todo siguen aquí, su tierra, dedicado a Colatlán, lugar náhuatl donde nació.     

Es en ese mismo año que presenta Sintli Itos-La voz del maíz, libro de cuentos, mitos y leyendas de la huasteca, náhuatl-español, editado por el Gobierno del Estado de Veracruz.

Tiene ocho obras inéditas: In kouatl ikuik-El canto de la serpiente, cuentos y leyendas de la huasteca; Xochitlalpan-Lugar de flores, poemas para niños; Siete piedras del Alba, poesía en español; Sombras de piedra, poesía en español; Canto sobre las cenizas, poesía en español; Hebras de agua y luz, poesía para niños en español; Haikus y poemas pequeños, poesía en español, y Luniria, poesía en prosa y verso en español.  

El maestro Juan Hernández colaboró en la traducción del español al idioma náhuatl de la huasteca de la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Veracruz Llave, editado por el Gobierno del Estado de Veracruz, además de la traducción al náhuatl de “Los Derechos de los Pueblos y Comunidades Indígenas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”, editado por el gobierno federal.

Premio “Aportación a las Letras Mexicanas” por parte del VIII Maratón Nacional de Lectura, Poesía y Cuento Corto, que se llevó a cabo en Xalapa, Veracruz.

Queda mucho por decir de la trayectoria del maestro Juan Hernández, es apenas un esbozo que enmarca su genuino interés por continuar el rescate de la riqueza cultural de los pueblos originarios.

No podemos dejar esto olvidado, es un acicate, las culturas en nuestro país podrían estar desapareciendo y no hay atención, así que hay que trabajar en forma colectiva o individual, que no olviden lo que son porque si desaparece alguna de ellas, desaparece parte del rostro de lo que somos.

 

TLEN MESTLI XIUIMEJ

HOJAS DE LA LUNA

 

I

 

Nepa elki, Tamoanchan tlaloyan,

nepa elki, Yaualinchan tlaloyan,

nepa elki, Teotiuakan tlaloyan, 

kampa iyojyok tikitakej tlaltipaktli

kampa mochijke tlen achtoui tetl.

 

Ipan ne tlaloyan yolki tlamatilis,

neka tijualikaj mijtotilistli iuan kuikatl,

ketsaltik chalchiuitl uitsitsilin ijuitl,

tiokuitlatl, tlen tonatij ikuetlaxo tetl,

xochitl, kuikatl, mijtotilistli, tlamatilistli.

 

Tlen nepa tlaloyan tijualikaj olintli

tlen ipan tlakatl iyolo tlakati

axmosiyajkaua nejenemi, moassi,

chalchiuitl papalotl kitemoua

nikanij, tlalpan, ipan tlaltetl.

 

Namaj nikanij tochaj

tlen nepa kampa tiyasej axtijmatis,

namaj, nikanij, san xochitl iuan kuikatl.

 

Nikanij, san ome, siuatl ta, tlakatl na,

nikanij, kej xochimej ipan tochaj.

 

I

 

Fue allá, en el lugar de Tamoanchan,

fue allá, en el lugar de Yahualinchan,

fue allá, en el lugar de Teotihuacan

donde vimos por primera vez el mundo

y donde se forjó la primera piedra.

 

En aquel lugar nació el conocimiento,

de allá traemos el canto y la danza, 

la preciosa pluma de colibrí de jade,

el oro, la piedra que es la piel del sol,

la flor, el canto, la danza, el saber.

 

De aquel lugar traemos el movimiento

que nace del corazón del hombre

que camina sin descanso, encontrándose,

buscando la mariposa esmeralda,

aquí, sobre la tierra, sobre sus terrones.

 

Es aquí ahora nuestra casa

y de allá, donde hemos de ir no sabemos,

por hoy, aquí, solo flor y canto.

 

Aquí, solo dos, mujer tú, hombre yo,

aquí, en nuestra casa como las flores. 

 

II

 

Estlimakaketl, siuatl,

atl tlachialnekistli, tlatsotsonaltlanestli,

nochipa uaktok tlalpotektli ojtli,

naui ojtli, nojia uajkapaj, tlatsintlaj

ikon nijtlalanas tlaltipaktli iuan eljuikak.

 

Chalchiuitl noachkajui, xoxoktik mosiuayo

kuatitllamitl, ika mestli iuan yoltok teskatl

sitlalimej ajuiyak atepexitl

tlen ueyatl pankisa xaltlauili

kiauitl tllauitoli iuan tlajkuilojlo miauatl.

 

Siuatl, ikuayo mitl iuan xiktli

ti kuayojnemi ipan tlapetlantli eltlapali

iuan tlayoua mestli kin ita kuatinij

tlen totomej ika kuikatl tlaauetstli.

 

Siuatsin atl ikuayo,

nochipa uitstli kipia payankaxochitl 

ipan sesej tlaltetl tlen yeuali kiuauana.

 

Ti nejnemis sensontototl xoxoktik ekauili

ipampa tetl peyontok tlitl tenepantlaj,

tlen xochimej, xochimej, xochimej.

 

II

 

Surtidor de sangre, mujer de piedra,

obsesiones de agua, auroras musicales,

caminos de polvo casi siempre secos,

los cuatro rumbos, también arriba, a bajo

para levantar al mundo y el cielo.

 

Compañera de jade, tu sexo verde

bosque, con lunas y espejos vivos,

cascada fragante de estrellas

la luz de arena que sale del mar,

arco de lluvia y espiga escrita.

 

Mujer, tallo de flechas y ombligo,

cabalgas en  alas del relámpago

y la luna mira los árboles en la noche,

en los pájaros con lluvia de cantos.

 

Hembra con tallo de agua,

las espinas siempre tienen rosas

por cada guijarro que socava la noche.

Caminar la sombra verde de cenzontles

entre el fuego gastado por las piedras,

de flores, de flores, de flores.

 

                                                                                       

III

 

¿Teipaj nitonatij kanij tiouij?

¿Inkuej tsiktik-xoxoktik xochimej

nojia uelis san se tlatoktsij?

 

Tlen postekij ijuitl tlajtolmej.

 

Ketsaltikej tetinij iuan tiokuitlatl 

axkanaj ipan tlali neluajkatlaj,

ijkatsaj ipan sekinok inxayak nikanij tiitstokej

kej se ajuiyakatl tlen axkanaj mopixtinemi,

kej se tlali ika tetl iuan tepexitl

iuan se sintli tlen ayojkanaj estli, chiauak eltok.

 

Yani tieltokej ipan nitlitlajtolmej tonatij

kampa sekinok kitlapantikatej

xochikali 

ipampa siuamej ayojkanaj kinneltokiliaj.

 

¿Teipaj nitonatij, kanij tiasej?

 

¿Tlaj tsayantokejya xochimej?

 

Tlen siuatsin iniuaya ixochiuaj tlatskintli

nech iuintisej ika mestli atl

tlaj ayoj akaj  kipixtok  tlen kualtsij xochitl,

niun koyolij tlen kuika atl?

 

III

 

¿A dónde vamos después de este sol?

¿Las flores con falda verde-azul,

también serán acaso por un momento?

 

Las palabras son plumas que se quiebran.

 

El oro y las piedras brillantes

no son raíz profunda en la tierra,

pero aquí estamos en el rostro de los demás

como un aroma que no es nada casto,

como una tierra con piedras y barrancos

y un maíz que ya no es sangre, sino aceite.

 

Esto somos en este sol de palabras de fuego,

donde los otros están rompiendo 

                                 la casa de las flores,

porque las mujeres ya no creen en ellas.

 

¿A dónde iremos después de este sol?

¿Si las flores ya están destruidas?

 

¿Qué mujer con su ramillete de flores

me embriagará con el agua de lunas,

si ya nadie posee flores finas,

ni cascabeles con el agua que canta?

Lee:

LOS ROSTROS DEL ARTE POPULAR  | Ruiz-Healy Times (ruizhealytimes.com)

Comentarios
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Habló de los escenarios dentro de los cuales se desarrolla su novela Tristes Sombras (Paraíso Perdido, 2021). Dichos escenarios corresponden al manicomio “La Castañeda” y la cárcel de Lecumberri, ambos edificios construidos en la Ciudad de México y sus inmediaciones. Su plática estuvo aderezada con presentaciones digitales que dan cuenta de la historia de la fundación de cada uno de los complejos arquitectónicos; las expectativas que se tenían para uno y otra; su historia natural y su terminación.  En el caso de La Castañeda, la escritora profiere una frase muy significativa: “México no estaba preparado para algo de tal envergadura”. Inaugurada por Porfirio Díaz en 1910, además de los problemas intestinos de la institución, tuvo que enfrentar las asonadas de la Revolución Mexicana, lo que llevó al psiquiátrico a atravesar  diversas crisis, en particular alimentarias.  La atención fue bajando de calidad, y en 1968, con la construcción del Periférico de la Ciudad de México resultó obligado derruir el inmueble, logrando rescatarse la fachada. Esta última fue a dar a un predio particular en Amecameca, Estado de México, para hermosear un señorial salón de fiestas, que años después fue vendido al grupo de los Legionarios de Cristo. “De médico, poeta y loco, todos tenemos un poco”, reza el refrán popular. Así como La Castañeda conserva historias de personajes singulares que vivieron dentro de ella, de igual forma en las ciudades de menor tamaño, tenemos nuestra colección de individuos que rompen con la llamada “normalidad”, para revelarnos elementos que, igual llega a haber en nuestro propio interior.  Cuando leemos una novela, amamos sobre todos los demás a los personajes entrañables, ésos que se hermanan con  nosotros, con quienes compartimos defectos, tropiezos y desatinos.  Por su parte, los del género telenovela comercial, guapos, ricos y talentosos, no despiertan en nosotros esa empatía. Si repasamos desde los personajes de un Lazarillo de Tormes o las Novelas Ejemplares de Cervantes, disfrutamos más las travesuras y la picardía de ésos que nos atrapan y nos llevan a pensar que, a pesar de esa falta de cualidades por las que se distinguen, son capaces de emprender actos trascendentales. Recién terminé la obra de Guillermo Fadanelli, ganadora del Premio Grijalbo 2012: Mis mujeres muertas.  Narra la historia de tres hermanos: un médico, un abogado y un “bueno para nada”.  Conforme se avanza en su lectura, este último personaje se vuelve entrañable.  A la muerte de la madre, sus hermanos de buena posición económica le encomiendan una única misión: mandar hacer y colocar la lápida en la tumba materna.  A lo largo de la obra vamos descubriendo los motivos que no le permiten cumplir con su cometido único.  Ubicados en tiempo presente conocemos la historia de Domingo, el personaje en cuestión, con el cual terminamos por simpatizar y solidarizarnos.  Regresando a la charla de Lola Ancira: Me parece de lo más acertado el nombre del libro. Antes de la locura y detrás de ella, en cada enfermo hay sombras que no terminan nunca por revelarse del todo.  Hay historias de patología familiar  y de maltrato; de genialidad que no es apoyada ni promovida por el círculo cercano al enfermo.  Hay sombras oscuras detrás de la forma como muchas veces son “tratados” o retirados de la vía pública. Como desechos sépticos de los que nadie quiere hablar para no contaminarse. Una persona con alteración en sus facultades mentales  la identificamos por su aspecto, su mirada, tal vez sus expresiones guturales cuando busca comunicarse. La señalamos por su vestimenta y en particular por su olor corporal.  Luce descuidada y actúa de modos poco o nada compatibles con lo aceptable, como si viviera en un mundo paralelo, donde importan poco los juicios que el entorno haga sobre su persona. A ratos pienso que es una forma de libertad que el resto de nosotros, sujetos a los cánones sociales, no seríamos capaces de experimentar.  Hasta donde sé, la colección fotográfica más completa que circula fue integrada por Porfirio Díaz y alojada en el INAH; sin embargo, hay otros álbumes que han venido a complementar al primero. En alguna visita al Museo Amparo en la ciudad de Puebla tuve oportunidad de ver una exposición temporal de la fotógrafa húngara nacionalizada mexicana Kati Horna, que despliega en su trabajo las muchas caras del manicomio en cuestión.  El complejo arquitectónico se inauguró en 1910, en los albores de la psiquiatría mundial. En sus inicios fue atendido por 15 médicos generales deseosos de especializarse en psiquiatría, y fue sólo durante una etapa  cuando contaron con un asesor de la especialidad, un francés de nombre Jean Étienne Esquirol. El sistema de internamiento puso a convivir a pacientes mentales con delincuentes no psiquiátricos y personas en situación de calle, entre ellos muchos niños pequeños abandonados.  Lo heterogéneo de la población en dicho centro psiquiátrico, aunado a la sobrepoblación de sus instalaciones y la escasez de víveres, devino en caos. La exclusión social es el concepto detrás de estos sistemas, que inician con los leprosarios referidos en la Biblia, según señala de manera acertada Lola Ancira.  Es una forma de no tener próximos a los contaminados, tanto por razón de imagen urbana, como por liberación de culpas ciudadanas.  Pasa el tiempo y avanzan las concepciones que se desarrollan con el fin de evitar que la sociedad “sana” se tope con estos personajes.  Acotación mía: La verdad es que todos los humanos poseemos, en alguna proporción, elementos de locura y suciedad mental.  El sistema social se empeña en que lo olvidemos. Un buen libro con sus personajes entrañables se empeña en todo lo contrario. Quiere que lo tengamos presente, tanto para bien propio, como del sistema social que conformamos. Es un roce con la realidad que nos humaniza y nos lleva a entender que, en cualquier momento, podemos hallarnos del otro lado de nuestros propios juicios." 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Un referente en el tipo de narrativa oscura escrita en español.  El libro de Padilla es una obra altamente didáctica que da cuenta de por qué la novela negra se denomina de ese modo, cuál es la diferencia que hay entre ésta y la novela policial, y por qué razón en los últimos decenios ha tenido un repunte en nuestro país, iniciando desde la zona norte con Elmer Mendoza, para ampliar su abanico a toda la república. Lo singular de este subgénero es que migró de ser una literatura popular hecha en papel revolución, que se ha denominado “novela vaquera”, con tintes amarillistas, a convertirse en un foro a través del cual se presentan al lector las condiciones socioeconómicas y políticas que subyacen en los problemas de seguridad pública. Tomando como pretexto un crimen –o la presencia de un cuerpo, como menciona el propio Padilla— la novela negra se vuelca para presentar el escenario de fondo que lleva a situaciones como las que ocupan la nota roja. La comunicación de hechos violentos en estos tiempos se presta para imprimir un sesgo, ya sea por descuido al escribir, o con cierta intención oculta. Un título de una nota periodística puede afirmar algo que de entrada es solo una presunción, digamos: “La mató por celos”.  Algo que, por más que haya elementos que apunten en ese sentido, no puede afirmarse antes de un juicio por parte de la autoridad institucional. Muchas de las veces el comunicador, desde los titulares de su publicación, está condenando a un presunto asesino, cuando hacerlo es tarea del sistema judicial de un país. Hace unos días terminé de ver la serie “Somos” que se ofrece en una plataforma digital.  Está basada en la masacre contra población civil ocurrida en la población de Allende (Coahuila) hace diez años.  Me quedo con la sensación de que los productores se ocuparon más de los elementos utilizados para contar la historia que de la historia misma. Recrean de manera muy “light” lo que, en su momento, fue una mezcla de terror, incertidumbre y confusión para toda la región fronteriza coahuilense. En aquel entonces surgió una disociación en todos nosotros: Frente a la evidencia de lo ocurrido, callamos, no solamente en la tribuna pública, sino entre nosotros mismos, con la familia o los vecinos. Actuamos como si nada hubiera ocurrido, a tal grado paralizados por el panorama de destrucción. El tiempo ha venido a aclarar los hechos y a evidenciar la profunda  corrupción que permitió que sucedieran cosas que no tienen nombre y que, a la fecha, siguen siendo así de poderosas, que en una serie que dice narrar los hechos, a lo largo de seis capítulos se concreta a insinuar de manera muy sutil la forma real de actuar de  los presuntos criminales. Un espectador con cierto conocimiento de lo que en realidad sucedió, sí  es capaz de interpretar la trama como una radiografía de la corrupción que permitió tan terrible violencia. Para el resto del público es una más de las producciones que colocan el foco de atención  en cierto tipo de hechos violentos. Se repite lo que ya hemos señalado con relación a otros casos. Frente a la cruda realidad que nos grita, desviamos la mirada como para no comprometernos, para no hacer olas, y la realidad se queda intacta, sin visos de solución. Ante hechos  evidentemente  ilegales, nos desentendemos, pasando la pelota, dejando a otros la obligación de contarlos. Aquí es el punto donde la novela negra se vuelve clave. Es capaz de jugar con los mismos elementos de la realidad que conoce y desea narrar, pero acomodándolos de una forma que, efectivamente, dé cuenta del escenario de fondo y que además señale, a partir de la ficción, la tesis postulada por el propio autor para explicar por qué ocurrieron los eventos que relata. Algo nos dice que en la atmósfera de pandemia que vivimos, se desenvuelven hechos violentos que no se conocen bien o que se callan.  Hay violencia doméstica, de género, por causa de la forma de pensar o el estilo de vida de una persona. Atisbamos, adivinamos, pero hasta ahí llega la mira de nuestro telescopio.  Los valientes periodistas que salen tras la verdad lo hacen corriendo grandes riesgos y, de todos modos, tal vez no lleguen a conocerla, pues hay instancias gubernamentales paradas a causa de la emergencia sanitaria. Corresponde, pues, a nosotros observar, relacionar y tratar de entender lo que sucede. Un buen recurso para guiarnos en esta labor de exploración es justo el género negro que presenta personajes completos con sus defectos, sí, pero también con sus virtudes, como cualquiera de nosotros. Se aleja de la visión maniquea de muchas telenovelas que narran una historia de lo más inverosímil. Felicito a Carlos René Padilla por su obra premiada. Una crónica literaria que da cuenta de lo que ha sido la novela negra en México. 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Habló de los escenarios dentro de los cuales se desarrolla su novela Tristes Sombras (Paraíso Perdido, 2021). Dichos escenarios corresponden al manicomio “La Castañeda” y la cárcel de Lecumberri, ambos edificios construidos en la Ciudad de México y sus inmediaciones. Su plática estuvo aderezada con presentaciones digitales que dan cuenta de la historia de la fundación de cada uno de los complejos arquitectónicos; las expectativas que se tenían para uno y otra; su historia natural y su terminación.  En el caso de La Castañeda, la escritora profiere una frase muy significativa: “México no estaba preparado para algo de tal envergadura”. Inaugurada por Porfirio Díaz en 1910, además de los problemas intestinos de la institución, tuvo que enfrentar las asonadas de la Revolución Mexicana, lo que llevó al psiquiátrico a atravesar  diversas crisis, en particular alimentarias.  La atención fue bajando de calidad, y en 1968, con la construcción del Periférico de la Ciudad de México resultó obligado derruir el inmueble, logrando rescatarse la fachada. Esta última fue a dar a un predio particular en Amecameca, Estado de México, para hermosear un señorial salón de fiestas, que años después fue vendido al grupo de los Legionarios de Cristo. “De médico, poeta y loco, todos tenemos un poco”, reza el refrán popular. Así como La Castañeda conserva historias de personajes singulares que vivieron dentro de ella, de igual forma en las ciudades de menor tamaño, tenemos nuestra colección de individuos que rompen con la llamada “normalidad”, para revelarnos elementos que, igual llega a haber en nuestro propio interior.  Cuando leemos una novela, amamos sobre todos los demás a los personajes entrañables, ésos que se hermanan con  nosotros, con quienes compartimos defectos, tropiezos y desatinos.  Por su parte, los del género telenovela comercial, guapos, ricos y talentosos, no despiertan en nosotros esa empatía. Si repasamos desde los personajes de un Lazarillo de Tormes o las Novelas Ejemplares de Cervantes, disfrutamos más las travesuras y la picardía de ésos que nos atrapan y nos llevan a pensar que, a pesar de esa falta de cualidades por las que se distinguen, son capaces de emprender actos trascendentales. Recién terminé la obra de Guillermo Fadanelli, ganadora del Premio Grijalbo 2012: Mis mujeres muertas.  Narra la historia de tres hermanos: un médico, un abogado y un “bueno para nada”.  Conforme se avanza en su lectura, este último personaje se vuelve entrañable.  A la muerte de la madre, sus hermanos de buena posición económica le encomiendan una única misión: mandar hacer y colocar la lápida en la tumba materna.  A lo largo de la obra vamos descubriendo los motivos que no le permiten cumplir con su cometido único.  Ubicados en tiempo presente conocemos la historia de Domingo, el personaje en cuestión, con el cual terminamos por simpatizar y solidarizarnos.  Regresando a la charla de Lola Ancira: Me parece de lo más acertado el nombre del libro. Antes de la locura y detrás de ella, en cada enfermo hay sombras que no terminan nunca por revelarse del todo.  Hay historias de patología familiar  y de maltrato; de genialidad que no es apoyada ni promovida por el círculo cercano al enfermo.  Hay sombras oscuras detrás de la forma como muchas veces son “tratados” o retirados de la vía pública. Como desechos sépticos de los que nadie quiere hablar para no contaminarse. Una persona con alteración en sus facultades mentales  la identificamos por su aspecto, su mirada, tal vez sus expresiones guturales cuando busca comunicarse. La señalamos por su vestimenta y en particular por su olor corporal.  Luce descuidada y actúa de modos poco o nada compatibles con lo aceptable, como si viviera en un mundo paralelo, donde importan poco los juicios que el entorno haga sobre su persona. A ratos pienso que es una forma de libertad que el resto de nosotros, sujetos a los cánones sociales, no seríamos capaces de experimentar.  Hasta donde sé, la colección fotográfica más completa que circula fue integrada por Porfirio Díaz y alojada en el INAH; sin embargo, hay otros álbumes que han venido a complementar al primero. En alguna visita al Museo Amparo en la ciudad de Puebla tuve oportunidad de ver una exposición temporal de la fotógrafa húngara nacionalizada mexicana Kati Horna, que despliega en su trabajo las muchas caras del manicomio en cuestión.  El complejo arquitectónico se inauguró en 1910, en los albores de la psiquiatría mundial. En sus inicios fue atendido por 15 médicos generales deseosos de especializarse en psiquiatría, y fue sólo durante una etapa  cuando contaron con un asesor de la especialidad, un francés de nombre Jean Étienne Esquirol. El sistema de internamiento puso a convivir a pacientes mentales con delincuentes no psiquiátricos y personas en situación de calle, entre ellos muchos niños pequeños abandonados.  Lo heterogéneo de la población en dicho centro psiquiátrico, aunado a la sobrepoblación de sus instalaciones y la escasez de víveres, devino en caos. La exclusión social es el concepto detrás de estos sistemas, que inician con los leprosarios referidos en la Biblia, según señala de manera acertada Lola Ancira.  Es una forma de no tener próximos a los contaminados, tanto por razón de imagen urbana, como por liberación de culpas ciudadanas.  Pasa el tiempo y avanzan las concepciones que se desarrollan con el fin de evitar que la sociedad “sana” se tope con estos personajes.  Acotación mía: La verdad es que todos los humanos poseemos, en alguna proporción, elementos de locura y suciedad mental.  El sistema social se empeña en que lo olvidemos. 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