H.P Lovecraft: 130 años del nacimiento del príncipe macabro

Autor de una mitología poblada por extraterrestres primigenios, dimensiones ignotas, viajes en el tiempo y monstruosidades psicológicas, H.P. Lovecraft es considerado el padre del horror cósmico, un subgénero del terror que rompió con muchos paradigmas. Howard Phillips...

20 de agosto, 2020 H.P Loveccraft

Autor de una mitología poblada por extraterrestres primigenios, dimensiones ignotas, viajes en el tiempo y monstruosidades psicológicas, H.P. Lovecraft es considerado el padre del horror cósmico, un subgénero del terror que rompió con muchos paradigmas.

Howard Phillips Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en Provience, Rhode Island, en el seno de una familia tradicional de Nueva Inglaterra; sus ancesos, de acuerdo con el portal Mistery Planet, habían llegado al Nuevo Continente en el periodo colonial.

Debido a la crianza tan peculiar que recibió de sus padres, la escolaridad y habilidades sociales de Lovecraft se resintieron. T.S Joshi, su mejor biógrafo, ha sugerido que el hecho pudo deberse a que las dificultades de Lovecraft con las matemáticas le imposibilitaron seguir estudios de astronomía, lo que él fervientemente deseaba. En vez de eso pasó los cinco años siguientes en un estado de semi reclusión junto a su madre, mayormente escribiendo poesía.

El título de mayor originalidad de la obra de Lovecraft reside, sin embargo, en la creación de una compleja y personal mitología monstruosa en el centro de la cual están los old ones, divinidades horribles expulsadas de la Tierra en los tiempos prehistóricos y en lucha para tomar posesión de ella. Estos seres monstruosos y malolientes aparecen primero de forma esporádica y luego cada vez más orgánicamente en cuentos como Las ratas en las paredes (1924), Los mitos de Cthulhu (1926) y El horror de Dunwich (1927), y en novelas como El caso de Charles Dexter Ward (1927).

Tal mitología tomó forma gradualmente; se enriqueció con divinidades menores con esferas de influencia distintas y se sostuvo con el recurso a los libros ficticios malditos, como el Necromicón. Partiendo de sugestiones góticas, a través de pesadillas cada vez más angustiosas, el terror en Lovecraft se convierte en cósmico, cifra extrema de su pesimismo filosófico.

La evolución literaria de Lovecraft experimentó tres fases. Una primera etapa gótica, que fue desde 1905 a 1920; la segunda, una etapa onírica que abarcó desde 1920 a 1927, y una etapa final que tuvo como base la filosofía cosmicista (desde 1927 a 1937), en la que el cosmos es visto como un todo inmenso y hostil. Su obra es un reflejo de su vida, que fue de todo menos fácil: vivió aislado, concentrado en sus particulares mundos literarios, casi extravagantes, y entregado a la creación y disfrute de mundos paralelos.

H.P. Lovecraft murió en 1937 a los 46 años, de un cáncer intestinal en el hospital Jane Brown Memorial, de Providence, el 15 de marzo de 1937, en el anonimato y en la pobreza más absoluta. Este escritor revolucionario fue enterrado tres días después en el panteón propiedad de su abuelo Phillips en el cementerio de Swan Point, donde descansa desde entonces.

En la época de su muerte, su nombre era completamente desconocido; no obstante, a su alrededor surgió un grupo de escritores que bajo la denominación común de Círculo de Lovecraft intentarían mantener vivo el legado de su maestro, el cual tendría un impacto colosal en la cultura popular del siglo XX y cuya influencia llega hasta nuestros días.

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Frente a portentosas lluvias dichos cauces se desbordan, y nosotros mismos, quienes provocamos el problema, atribuimos al gobierno la responsabilidad por lo ocurrido.  Algo similar, aunque tal vez menos dramático, sucede con los efectos nocivos en la salud provocados por la contaminación del aire o del agua. No me refiero a las descargas contaminantes de las grandes industrias, sino a lo que cada uno de nosotros, como individuos, provocamos día con día, cuya suma resulta en consecuencias catastróficas para el planeta. Aquí quiero llegar justo al punto que señalan los autores: el de  la responsabilidad moral que a cada uno de nosotros corresponde asumir  frente al entorno. Al que más oportunidades de preparación ha tenido, corresponde una mayor responsabilidad sobre los hechos y sobre las personas de su entorno, para hacer valer esa verdad: Detener la destrucción de nuestros ecosistemas depende de la acción conjunta de todos los seres humanos. No se trata de niños “nerds” protestando por las calles, como se ha querido tachar a Greta Thunberg. Es, por el contrario, una convicción interna que será la tabla de salvación de todas las especies vivientes. El propio Papa Francisco apela a este sentido de solidaridad.  No es posible que pretendamos dejar la responsabilidad del cuidado de la Tierra a grupos ambientalistas, cuando los contaminadores somos todos y cada uno de nosotros.  Él apunta acertadamente hacia una “enseñanza social” que permita cohesionarnos como especie en una labor común y generosa: apostar por la naturaleza, y, en consecuencia, por la vida. 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labios sensuales

Natalia

Te apareces debajo de mis párpados. Ya te reconozco. Ya te escucho hablarme. Ya me llega tu dulce aroma frutal.

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