‘Desierto sonoro’, el nuevo audiolibro de La Corriente del Golfo Podcast

La Corriente del Golfo Podcast estrena el audiolibro Desierto sonoro, de Valeria Luiselli, leído por Marina de Tavira. Este es el primer audiolibro producido por La Corriente del Golfo Podcast y por ahora, se puede escuchar a través...

4 de noviembre, 2020 Desierto sonoro

La Corriente del Golfo Podcast estrena el audiolibro Desierto sonoro, de Valeria Luiselli, leído por Marina de Tavira.

Este es el primer audiolibro producido por La Corriente del Golfo Podcast y por ahora, se puede escuchar a través de la plataforma de Storytel en México, España y Colombia.

Desierto sonoro, cuenta la historia de un matrimonio en crisis que viaja en coche con sus dos hijos pequeños desde Nueva York hasta Arizona. Ambos son documentalistas y cada uno se concentra en un proyecto propio: él sigue los rastros de la última banda apache en rendirse ante el poder militar estadounidense; ella documenta la cruel realidad que enfrenta la diáspora de niños que llega a la frontera sur de aquel país en busca de asilo, especialmente a partir de la llegada de Trump al poder.

El libro recorre las calles de Nueva York, atraviesa horizontes desérticos desolados, se detiene en reservas indígenas, sobre los vagones de La Bestia y en moteles de carretera.

El libro fue escrito originalmente en inglés por la autora con el título Lost children archive (Penguin Random House, 2019) y fue traducido por ella misma, en colaboración con Daniel Saldaña París, como Desierto sonoro (Sexto Piso, 2019).

Esta es la tercera novela de Valeria Luiselli —ensayista, columnista, novelista y escritora mexicana— y  fue nominada en el Premio Booker 2019, colocando a Luiselli como la primera mexicana en formar parte de la lista de seleccionados del prestigioso premio.




“La experiencia de trabajar en el audio libro de Desierto sonoro, de Valeria Luiselli  fue profundamente transformadora. Adentrarse en el viaje de los niños migrantes es tan doloroso como fundamental. No tengo duda de que estamos ante una de las novelas más emblemáticas de nuestra generación”, comentó Marina de Tavira, actriz que dio voz al audiolibro.

El audiolibro fue dirigido por Elvira Liceaga y Ricardo Giraldo, quien también lo produjo junto con Diego Luna y Marina de Tavira. La producción ejecutiva corrió a cargo de Gael García Bernal.

Desierto sonoro es la segunda producción de La Corriente del Golfo Podcast y ya está disponible en México, Colombia y España a través de la plataforma de Storytel.  Además, a partir del 24 de noviembre, estará disponible en Estados Unidos y Canadá en la plataforma de Penguin Random House.

‘La advertencia’, el nuevo podcast conducido por Diego Luna

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Porque, es cierto, mi relación con la ciudad está íntimamente ligada a mi vida de lector y a mi trabajo de escritor porque si bien mis andanzas lectoras me han llevado con buena fortuna de Islandia a Sudáfrica, regreso siempre a la literatura de casa, de mis barrios, por misteriosos que parezcan como en Morirás lejos de José Emilio Pacheco; descarnados como en la Novela Criminal de Volpi o acelerados y relajientos como en La Tumba de José Agustín, así es mi ciudad; de todo y para todos. Lugares luminosos, como la vieja librería Porrúa en Justo Sierra y Argentina, donde todos pasamos alguna vez por nuestros libros de texto y por nuestros Sepan cuantos, con el que muchos comenzamos nuestras bibliotecas; lugares tenebrosos como Lecumberri, y me cae encima la memoria ruda de El apando de José Revueltas y como su frase “pinches monos… pinches monos…” que me ha dado pesadillas desde que lo leí siendo un adolescente y donde también estuvo preso Álvaro Mutis, por una cuestión de pesos, algo menos épico que Burroughs (por el asesinato de su esposa), y  Revueltas o González de Alba acusados por opositores, algo menos oprobioso que la acusación que le hicieron a José Agustín de tráfico de drogas y que también tuvo hospedaje en el Palacio Negro. Para mí Lecumberri no es una cárcel sino un archivo y sobre todo el lugar donde leí la mayor parte de Cien Años de Soledad por primera vez, mientras esperaba en los jardines del ya entonces Archivo General de la Nación mientras estaba de pasante de Derecho y esperaba documentos de trámites de migración (lo cual habla muy bien de la velocidad de lectura que tenía a los dieciocho años y la lentitud de la burocracia mexicana que sigue sin mejorar). Así, asociando ideas, de manera libre como se recorre el librero de casa, esos Cien años... me llevan a recordar al Gabo cenando en la Taberna del León de Plaza Loreto porque, claro, la casa del Gabo, la última que tuvo, está en la calle de Fuego 144 donde todavía la gente deja flores amarillas el 6 de marzo; en esa casa escribió Crónica de una muerte anunciada y ahí recibió la noticia del Nobel; tuvo otra antes, rentada, la que su heroico casero –deberían levantarle un monumento en algún lugar de la Ciudad –no quiso vender nunca porque ahí se había escrito Cien años de Soledad, ni siquiera al mismísimo Gabo, y le aguantó el cobro de la renta hasta que le dieron el anticipo de la publicación; esa casa en el número 19 de la Calle de la Loma, atrás de Televisa San Ángel, es ahora un centro cultural gracias a la generosidad de este héroe de la literatura iberoamericana; de hecho, cuenta la leyenda que durante años hubo una placa que decía “En esta casa se escribió Cien años de soledad” pero que alguien se la robó una noche. Como todos los que tratamos de lidiar con la pluma, en mi adolescencia también jugué a ser intelectual y como suele suceder en esta ciudad mi escenario favorito era Coyoacán, lo sigue siendo; el Coyoacán de Cantar de Ciegos, de Carlos Fuentes, libro de cuentos que guarda uno que me gusta mucho, “Las dos Elenas”, donde habla de una proyección privada de El Ángel exterminador; el de la plaza está llena de historia, tuya, mía, de todos, como lo es la ciudad, ahí de niño fue donde ví a Novo en donde en 1980 abriría la librería El Parnaso que ya no existe porque en 2011 se la comió el arrendamiento y “El hijo del cuervo”, que fundaron en 1986, Carmen Boullosa y Alejandro Aura. 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El tío muerto se echó a reír; pero en eso se vio en el espejo del comedor, y cayó redondo al suelo del susto que se llevó. Lo dieron por muerto de verdad, pero el hijo mayor, que dizque estudia Medicina, le puso un trapo con tequila en los labios y lo exprimió. En unos segundos, el alcohol produjo su efecto, y el muertito ya se estaba preparando una cuba muy cargada. Pero sus parientes reaccionaron  a tiempo y lo subieron a la azotea, por donde lo pasaron a otra vecindad, y así lograron alejarlo de la escena del crimen. Y es que, verdaderamente, fue un crimen. La familia defraudó a los incautos vecinos, porque pasado un rato, vinieron algunos vecinos a pedir su dinero, alegando “que el tío había resucitado” y que no iba a haber entierro. Pero ellos ya habían cerrado el ataúd, bien clavado, y se lo llevaron en hombros (para no pagar a una funeraria) a enterrarlo. 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CARTAS A TORA 221

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