Camino a la paz

La poesía representa un camino para entendernos a nosotros mismos y al mundo. En estos tiempos caóticos nos haría mucho bien procurarla, como un recurso de emergencia.

4 de octubre, 2022 San Francisco de Asís

Para el mundo católico hoy se conmemora a San Francisco de Asís, ese personaje icónico de la Iglesia, nacido en el siglo 12, quien renunció a sus riquezas materiales (que eran muchas), y se dedicó a hacer el bien a los más humildes. Además, dejó plasmada para la historia su oración de la paz, que llama a servir a otros de la mejor manera.  Su amor a toda criatura viviente me lleva a recordar la poesía de Rubén Darío intitulada Los motivos del Lobo, en la cual el poeta nicaragüense se coloca en la piel de la fiera para narrar el porqué de su conducta, inspirado en la figura de quien él llama “el mínimo y dulce Francisco de Asís”.

Termino de preparar una ponencia sobre poesía, que presentaré esta semana. Como parte de la investigación  emprendí un delicioso  paseo por lo que ha sido la poesía iberoamericana, en particular de México, desde Sor Juana hasta la actualidad. Me hallo seres humanos maravillosos trabajando en exponer sus inquietudes a través de la forma acompasada que este género literario nos regala. Releí a Miguel Hernández, uno de los poetas en tiempos de la Guerra Civil española, quien siempre escribió con el corazón en la mano.  Uno de los poemas que me resultan más conmovedores es aquel que ensalza a las cebollas, único alimento que su propia familia podía consumir durante el tiempo en que estuvo preso. Tuvo una vida de pobreza material desde la infancia y una muerte prematura, pero nos dejó una obra excelsa.

Entre los mexicanos hallé un poema de Rubén Bonifaz Nuño. No lo conocía, fue escrito a una amiga suya que se consumía por una enfermedad terminal a una edad joven. Plasma en el papel su profundo anhelo de que ella se quede viva y eternamente joven.  Un último poema que quiero señalar es el que  escribe en el 2021 Luis García Montero, literato español, como homenaje a la muerte de su esposa Almudena Grandes, también poeta, cuyo primer aniversario luctuoso se celebrará el próximo noviembre.   Describe la ausencia de su amada como un duro invierno al que tendrá que acostumbrarse a partir de ese momento. 

Traigo a colación todo lo anterior para contrastarlo frente a un panorama cada vez más belicoso.  En el mundo entero, pero muy particular en nuestro país.  Nos hallamos a merced de grupos violentos que terminan  con cualquier paseo familiar un domingo por la tarde, como acaba de suceder en Zapopan, Jalisco.  Además de muchos otros sucesos en los que se percibe la impunidad con que el crimen organizado puede actuar, aunque, paradójicamente, se blinde el país cada vez con más fuerzas armadas.  Procurar elementos que nos lleven a la paz interior no es un asunto menor ni ocioso.  La aproximación a la literatura, y muy en particular a la poesía, sensibiliza al lector frente a sus propios sentimientos, los de otros y las situaciones dolorosas que ocurren en derredor.  En el caso de la poesía, es un género muy noble y plástico que nos permite descubrir la dimensión humana de los fenómenos que marcan cada época.  Esta vez, en el ejercicio que realicé de repasar la poesía a lo largo del tiempo, encuentro con que ésta siempre ha estado presente en su labor de sanación.  El autor vuelca en el papel un dolor que no es únicamente suyo, un dolor que comparte con muchos otros.

Hay infinidad de conceptos erróneos en torno a la poesía.  En general se le considera “cursi” y propia de los enamorados.  Realmente necesitamos echarnos un clavado en las obras de nuestros autores, para comenzar a entenderla de otro modo.  Ahora recuerdo a Ramón López Velarde en Suave Patria, terminando con: Sé igual y fiel; pupilas de abandono;/ sedienta voz, la trigarante faja.

Es tiempo de volver a creer en México, en los mexicanos, en el progreso del país. Es el tiempo para ir más allá de las descalificaciones superficiales y empezar a proponer un plan de nación para futuras generaciones.   No es posible hacerlo con ocurrencias de último minuto ni  con groserías en redes sociales. Tampoco a través de marchas incongruentes en las que una mujer joven, encapuchada, se afana en destruir un semáforo hasta que lo logra, o donde un niño de 8 años grita a los cuatro vientos que no olvida lo que vivió en el Movimiento del ’68.  La educación es la clave del desarrollo, y en este caso, en concreto, del desarrollo social, la empatía y la solidaridad de unos con otros.   Hora de salir de nuestro cascarón para conocer  realidades que no por distintas nos deben ser ajenas. Una estupenda receta es hacerlo a través de las artes, la que más acomode a cada uno; conocer las obras creadas y animarse a generar las propias, con el propósito de ser más humanos en su ejercicio.  Rompamos esa espiral consumista que busca determinar el valor del arte en pesos y centavos.  Probemos hacerlo en función del bienestar de todos.  Y así colocarnos, como diría Francisco de Asís, camino a la paz.

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Fue porque los vecinos quisieron organizar un festival para el Día de las Madres para celebrar a todas las madres de la vecindad, y la Mocha se encargó de que los niños aprendieran los bailes y las canciones que les dedicaron. Resultó todo muy bonito, y tanto las vecinas como los vecinos quedaron muy contentos. Tanto así, que unos días después, entre todos le compraron a la Mocha un ramo de flores y fue una comitiva a entregárselo. Y durante varios días, quien encontrara a la Mocha en el patio o las escaleras la detenía para felicitarla. Hasta ahí, todo iba muy bien. ¿Pero qué crees? El portero se puso celoso ¿De qué? De nada, porque él no organiza festivales ni cosa que se le parezca. Pero empezó a decir que a él no lo detenían para felicitarlo por nada, a pesar de lo bien que llevaba la administración de la vecindad, ni le daban las gracias por los lavaderos (Que siguen en ruinas) o por los baños (Sigue en pie la norma de Un Día Sin Baño); y todo eso le pareció injusto. En consecuencia, se puso a pensar qué hacer para que los vecinos lo trataran igual (O mejor) que a la Mocha. Lo primero que se le ocurrió fue que los vecinos hicieran una manifestación para vitorearlo y para dar gracias al cielo de que hubiera nacido  y estuviera trabajando para ellos, pero el patio no es muy propio para esas marchas multitudinarias que a él le gustaría organizar. Pensó también en un convivio, pero le saldría muy cara la beberecua, y ni modo de darles un tecito con unas galletitas. Una comida era peligrosa, porque seguro que hacían mole, y su intestino no estaba para comer cosas irritantes, porque luego se pasaba la noche en el baño, y eso era indigno de su posición. Por fin, decidió que lo mejor era hacer una encuesta, porque así, ni siquiera sabrían los vecinos quién la había organizado o contratado. Él prefería la manifestación, pero… Los vecinos no sabían lo que era una encuesta. El les dijo que no temieran, que no les iban a cobrar nada; que se trataba de contestar unas preguntas muy sencillas. Y los vecinos aceptaron. Y sí, a los pocos días se presentaron en la vecindad unos señores muy trajeados que pasaron a todas las viviendas y les hicieron dos o tres preguntas que a nada comprometían y que ni siquiera el del 37 se negó a contestar. Luego, el portero les informó que el domingo siguiente los esperaba en el patio, a las doce en punto, para comunicarles el resultado de la encuesta. Huelga decir que todos estaban nerviosos, esperando (y temiendo) el resultado de la encuesta; y antes de las doce ya estaba al patio a rebosar, porque las familias acudieron enteras, hasta con los bebés. A la hora señalada apareció el portero con todos sus guaruras y la Flor en todo el esplendor de su vestuario. Y empezó a decir que esa encuesta se hizo porque la gente se lo pidió (los vecinos se miraron unos a otros, seguros de que ninguno de ellos había abierto la boca al respecto); pero que era muy necesaria para aclarar las cosas, porque en la vecindad corrían muchos rumores y era necesario saber quién era quién y qué quería cada uno de ellos. Esto intrigó mucho a los vecinos, y ya ansiaban conocer el resultado de aquella encuesta (un chavo que ya está en la Prepa les había explicado lo que la palabra significaba y, quien más quien menos, se sentía erudito en la materia. Y con su voz más engolada y más artificial, el portero empezó a enumerar los resultados de la encuesta: ¿Quién es la persona más sabia y más hábil de la vecindad? Respuesta: el señor portero. ¿Quién es la persona que mejor ha administrado la vecindad? El señor portero. ¿Quién es el que resuelve todos los problemas que se le presentan a la vecindad y a los vecinos? 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