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Yo soy, yo soy

Lunes, 17 de Septiembre 2018 - 15:00

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Dominique Blaschke

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¿Quién soy yo?

¿Qué hago aquí?

¿Para qué todo ésto?

¿Qué debo hacer?

¿Alguna vez se lo han preguntado?

A lo largo de la vida suelen surgir infinidad de preguntas para las cuales, parece no haber respuesta definitiva.

Hay muchas “verdades” que colectivamente aceptamos como “la realidad”, simplemente porque “se sabe” que son ciertas.

El conjunto de estas llamadas verdades rige en gran medida nuestras vidas como individuos y como sociedad.

Por ejemplo: La Tierra es redonda.

¿Acaso la han visto y tocado desde afuera para confirmarlo? Yo no.

En la edad media, la gente SABÍA que la Tierra era plana. Esa era LA REALIDAD de sus vidas en ese entonces.

Viendo esto en contexto, les invito a dejar siempre abierta una puertita en sus mentes, para el posible cambio de alguna de esas llamadas “Verdades” conforme a las que vivimos nuestras vidas.

Está bien tener creencias y una ideología. También es bueno tener una ideología en común como grupo, familia, comunidad o como país, pero si aceptamos todo lo que nos dicen la sociedad y los medios, sin cuestionarlo nunca, finalmente dejamos de caminar nuestro propio camino, el cual debe ser guiado por nuestra intuición.

Si, por otro lado, nos quedamos muy apegados a nuestras creencias, o las creencias que heredamos de nuestra familia, nos volvemos inflexibles y podemos perdernos de muchas cosas maravillosas y de crecer. 

Yo misma creo en todo, sin excluir nada, pues con mi mente limitada y subjetiva, no poseo un exacto y auténtico conocimiento del universo.

Por lo tanto, todo podría ser cierto... o falso.

El chiste es irlo descubriendo. ¡Y esa es la aventura!

En esta aventura no podemos confiar 100% en nuestra mente, la cual en un momento nos dice una cosa, al siguiente momento, cambia de opinion y nos dice otra totalmente diferente.

Como dicen en el Yoga: La mente es como un chango, que siempre esta brincando de un pensamiento al otro.

Es una herramienta a nuestro servicio. Nosotros no somos la mente, sino que la usamos. Del mismo modo que no somos nuestro cuerpo, lo usamos para vivir e interactuar en el mundo.

¡Si alguien me refutara diciendo que sí somos nuestra mente y nuestro cuerpo, le daría la razón!

Pues todo depende siempre del cristal con que se mira.

Somos nuestra mente, somos nuestro cuerpo, al mismo tiempo tambien somos nuestras células, nuestros átomos.

Pero eso no es lo único que somos.

¿Quién mueve la máquina?

¿Quién pone a funcionar el cerebro?

¿Quién mueve los huesos?

¿Quién decide qué pensar?

¿Quién le dice a las células de nuestro cuerpo que se multipliquen, que actúen de cierta forma y para comenzar... que se formen?

¿De dónde viene todo éso?

¿Les digo una cosa?

¡No tengo idea! 

Lo que sí sé, porque lo experimento, es que yo decido lo que hace este cuerpo y decido lo que hace mi mente (al menos cuando logro controlarla).

Por lo tanto: ¿Quién soy yo?

¿QUÉ SOY?

La corriente del Yoga que se llama Kundalini, tiene una respuesta para ello:

Yo soy, yo soy.

Yo soy es una pregunta a la mente. La mente siempre buscara dar una respuesta racional. Nos dará opciones como: yo soy un hombre, una mujer, yo soy mexicano o yo soy enfermera, por ejemplo.

La mente busca conceptualizar, clasificar, resumir. Ese es su trabajo.

Pero lo que somos, es mucho más que eso. No nos podemos meter en un cajón tan pequeño.

Por lo tanto si tú le dices a tu mente: Yo soy. Y enseguida respondes tu mismo: Yo soy, la mente lo convertirá en: “Yo soy el que soy”.

Automáticamente es una forma de descripción que no admite limitación alguna.

De hecho esa frase aparece en el Antiguo Testamento como nombre de Dios “Yo soy el que soy..."

Esto es algo sobre lo que valdria la pena meditar para entenderlo más profundamente.

La unica forma que yo conozco, de ir más allá de nuestra intranquila mente y encontrar respuestas, es, de hecho, meditar.

Meditar, (dicho sea aqui de paso), no es “poner la mente en blanco” puesto que es imposible hacer eso  voluntariamente. Eso llega a suceder, pero no deliberadamente.

Meditar es más bien, desapegarse de los pensamientos, observarlos, como: “oh mira, estoy pensando esto” y “ahora estoy pensando aquéllo”, mirándolos desde afuera, sin calificarlos ni meterles emoción.

Viene un pensamiento, te das cuenta, lo ves, recuerdas que querías meditar y sigues. Viene otro, lo ves, y sigues... y así sucesivamente.

Eso ya es meditar: Dejar que el chango de la mente haga sus piruetas, sin hacerle caso. Llegará el momento en que el changuito entenderá que no te va a manipular, sino que tú eres su jefe. O quizás se va a dormir un rato.

Tambien puedes darle órdenes, pero le tienes que decir exactamente cómo quieres que te sirva. Él será feliz de finalmente tener una guía. Y te sorprenderás de lo poderoso que es para ayudarte, siendo tu aliado y estando bajo tu mando.

Cuando te liberas de los constantes brincoteos de la mente, aunque sea por un breve momento, eres libre; eres realmente tú.

En esos momentos suelen llegar respuestas a muchas preguntas que uno se ha estado haciendo. Y llegan de una forma en que uno simplemente LO SABE. No hay duda o cambio de idea. Esa es la voz del alma, que es muy sutil y suave. Para poder oirla hay que quedarse un poco quieto.

El infinito está en cada uno de nosotros y no hay necesidad de ser NADA MÁS, porque no hay nada más. ¡Somos ya, todo!

Solamente hay que ir poco a poco retirando las capas de la cebolla, lo que nos hemos superpuesto, lo que no somos.

¿Alguna vez han observado a las plantas y los animales en la naturaleza?

¡Cualquier animal, insecto, pájaro, oso, cocodrilo, delfín o tigre, es en su naturaleza y esencia, armónico!

Uno no pensará que un oso debería rasurarse para no tener tanto pelo y caminar delicadamente como una garza.

¡Es un oso!

Y como tal, es exactamente como debe ser: ¡100% hermoso!

Pues así es con nosotros. Somos quienes somos y debemos ser quienes somos, cada vez más.

No hay necesidad de hacer algo o de cambiar. Solamente dejar de tratar de ser algo que no somos.

¿Han visto a esas personas que parece que brillan?

Y no me refiero a las estrellas del firmamento de Hollywood. La belleza y atracción de los personajes que ellos representan ante el público, es totalmente ficticia; una ilusión.

No hay nada verdadero en ello.

No quiero decir con esto que estas personas en sus vidas privadas no sean valiosas y puedan ser auténticas y bellas; pero me refiero aquí a la imagen que de ellos tendemos a adorar, sin siquiera conocerlos.

De lo que hablo es que hay un cierto tipo de persona, que tiene mucho magnetismo; son bellos, despiertan simpatía y admiración, sin ningún esfuerzo. En todo les parece ir bien.

Son personas que son totalmente o casi totalmente auténticas.

Han dejado de tratar de esconder sus llamados “defectos” y se han atrevido a ser simplemente ellos mismos. Y eso por sí solo, ya es bello. ¿No es maravilloso?

¿No tener que esforzarse por ser... algo, sino simplemente... Ser?

¡Qué relajante!

Así que ya no nos preocupemos por gustar, caer bien, por encajar, por ser admirados, maquillarnos...

Es como si una flor tratara de ponerse perfume.

No merece la pena tratar de imitar la verdadera belleza. Nada hay que pueda ser mejor que el auténtico ser; que ser auténticos.

NADA.

¡Seamos lo que somos!  ¡Y disfrutemos nuestra autentica divinidad!

https://www.bing.com/videos/search?q=nirinjan+kaur+i+am&view=detail&mid=8A18C8F5A1458230D96E8A18C8F5A1458230D96E&FORM=VIRE

Aquí les dejo un link hacía un video, para que escuchen una canción maravillosa que canta Nirinjan Kaur, y que comprendan lo que aquí les quise transmitir, no solo con su mente, sino con todo su ser. Escúchenla desde el chakra de su corazón.

¡Les deseo una feliz semana!

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Número 22 - Octubre 2018
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