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Una de chile, mole y pozole

Martes, 01 de Mayo 2018 - 15:30

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Elizabeth Cruz Ramírez

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El año electoral ya está iniciando su quinto mes y los dimes y diretes no cesan, confundiendo a la población, hartándola son spots y campañas por todas partes. Los del PRI acusan a los del PRD por negar el suministro del agua en las delegaciones para enriquecerse a costa de vender el servicio de pipas y ellos mismos, hacen lo mismo en algunos municipios de Ecatepec que llevan semanas enteras sin gota de agua. Los apoyos, las alianzas, las jornadas de limpieza y mejoras en las colonias y barrios están al por mayor porque ahora sí hay recursos y lo más importante: hay que quedar bien para ganar votos. Discursos van y vienen entre candidatos, funcionarios, analistas, expertos y como telón, el estreno de la esperadísima serie por Netflix de Luis Miguel que asesta un tiro a la canasta porque hace una pausa entre el ruido electoral y proporciona un rato de entretenimiento para distraer la atención, total de espectáculo a espectáculo es mejor uno sin tintes políticos. El problema es que no basta una serie para olvidar que no tenemos opción para votar, que seguimos apostando por el “menos malo” porque hay carencia de propuestas y porque los ciudadanos de a pie seguimos viendo y viviendo la inseguridad, la falta de credibilidad en las instituciones, el caos generado en las calles por forzar la movilidad de peatones, ciclistas, transporte y automóviles; sin embargo, tienen un as bajo la mano porque estamos a tan sólo unas semanas de que inicie el Mundial Rusia 2018, otro espectáculo millonario cuyo fin es distraer la atención de lo importante.

Hoy es 1º de mayo pero no vaya a pensar usted que es un día para celebrar aunque sea una conmemoración cercana al 3 de mayo, Día de la Santa Cruz y al 10 de mayo, Día de la Madre para seguir con el 15 de mayo, Día del Maestro y seguirse con mi cumpleaños (ya que andamos festivos ¿no?). Estamos llenos de fechas conmemorativas que año tras año nos recuerdan lo mucho que queda por hacer, a favor de un mundo que todos los días recibe a nuevos habitantes para los cuales no existen garantías de respeto a sus derechos humanos fundamentales y que sólo la divinidad sabe lo que tiene preparado para ellos. Sin embargo, no está todo perdido pues tenemos una generación que viene empujando con información verídica, confirmada y criterio propio que exige rendición de cuentas y veracidad a quienes ostentan el poder, que están sembrando las semillas de un planeta más amigable, tolerante y equilibrado.

Es un año importante para todos porque las decisiones que tomemos tendrán eco por los siguientes seis años al corto plazo y para nuestro futuro y el de nuestros hijos en el largo plazo. Debemos tener claro el país que queremos como habitantes y no el que los políticos quieren o el que les conviene sino el que vaya acorde a nuestros intereses, sueños, valores y convicciones. ¿Quién será el líder que tome en serio el estandarte de los empleados que cada vez trabajan jornadas más y más largas porque existe un horario de entrada pero no de salida o el de las madres solteras que deben dejar a sus hijos en guarderías de ocho horas para poder trabajar o el de las familias de los desaparecidos o el de los automovilistas que cada día gastan más y más en gasolina o el de los usuarios del transporte que acumulan retardos porque salir una hora antes ya no es garantía de llegar a tiempo o el de los dueños de tiendas, panaderías, fondas, papelerías a los que nadie compra porque es mejor usar tarjeta en el supermercado o las tiendas departamentales?

Bien lo decía mi maestro de Geografía en la Prepa: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos” (aunque la frase no le pertenece a él) tenemos un problema de identidad como mexicanos porque ya no somos esa estampa que circulaba en las monografías escolares pero tampoco hemos logrado imitar el “american way of life” que a fuerza intentan imponernos los vecinos americanos aunque vociferen que quieren un muro y nos envíen mensajes de odio y discriminación.

No es que debamos negar la globalización sino que debemos hacer un alto en nuestra acelerada y capitalista vida que sólo nos lleva a consumir todo lo ya industrializado y hecho en serie en empaques bien formados en anaqueles y a disposición en las tiendas de autoservicio. Hay que empezar por recuperar la identidad personal para encontrar la identidad como vecinos del lugar en el que vivimos y seguir con la identidad como región y como país para entonces elegir al “gallo giro” que nos represente y nos lleve al bienestar como nación de primer mundo y no al declive como país tercermundista. Tarea difícil pero por algo se empieza ¿Y usted, quién es y qué desea para su país? ¿Ya está haciendo algo al respecto? ¡Se los dejo de tarea!

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Número 17 - abril 2018
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