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Reporte 79

Martes, 18 de Septiembre 2018 - 15:00

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Confianza (esperanza firme que se tiene de alguien o algo), esperanza (estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea) y que van de la mano con la expectativa (posibilidad razonable de que algo suceda) pero, ¿qué nos hace sentir confianza o confiar en alguien o en algo? Sin expectativas no hay esperanza y sin ésta no hay forma de que podamos confiar; sin embargo, pareciera que el discurso actual se dirige a la desconfianza más que a la confianza; por ejemplo, no se puede confiar en que al salir de casa, algún intruso se meta y robe los objetos de valor, tampoco se puede confiar en abordar un taxi y respete el reglamento de tránsito, es casi seguro que si un policía de tránsito lo detiene le pida “arreglarse” para evitar el pago de la multa y si realiza alguna compra en una máquina vending, las probabilidades de que sus monedas o el producto se atoren son altas.

¿En qué sí se puede confiar? Al parecer, casi en nada pues en principio, no tenemos la vida comprada y todo es cuestión de percepción, así que la palabra confianza casi está en desuso porque no hay certezas ni seguridad y mucho menos, esperanza (lo cual me recuerda a un eslogan político que denominaba al entonces Distrito Federal como “La ciudad de la esperanza”). La confianza es como el tesoro perdido al que muchos aspiran pero que pocos saben cómo conservar y más aún, corresponder porque se trata de un asunto del alma y por tanto, es subjetivo, sin leyes ni reglas ni sanciones. ¿Cómo se castiga a quien traicionó la confianza depositada? Y más aún, ¿si alguien traiciona un voto de confianza le interesará la consecuencia? Es evidente que no, quien falla a la confianza otorgada por principio, es claro que carece de sentido humano y de reciprocidad. Dicen por ahí que “es de sabios equivocarse” entonces, ¿eso me permite ir faltando a la confianza de todo el que se cruce en mi camino? Total, puedo alegar que me equivoqué y por ello soy un sabio.

Resultaría muy superficial hablar de la confianza sólo en términos de definición o del hacer o del deber y para ello, la filosofía nos puede dar luz en un asunto que se trata de todos porque sin confianza, les aseguro que los grandes sueños y las grandes metas, así como las relaciones más profundas y los negocios más exitosos, no existirían.

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valencia y para ella: “Si se vive éticamente, se reducen los gastos, sin necesidad de recortes: hay relaciones de confianza, hay relaciones de construcción común, todo resulta mucho más barato en dinero y el excedente puede invertirse en lo que realmente importa.” Y se sustenta en la ciencia al explicar que: “Siempre ha habido distintas propuestas éticas que suponen diversas perspectivas. Nuestro equipo defiende una línea ética, que muestra también tener apoyo neurológico, científico. Es la tradición del reconocimiento, que ha sido defendida por autores como Hegel, Mead, Apel o Habermas. Lo interesante es ahora que estamos viendo que la neurociencia la avala. Que existen en los seres humanos esas propensiones de las que hablamos. Que el individualismo no se sostiene, que el cerebro es social, que el individuo se hace con los otros, que cuando el niño no es suficientemente atendido se ve mermado en sus capacidades. Es decir, la idea de que el apoyo mutuo nos constituye no es una idea abstracta, surgida sólo de la tradición filosófica, sino que tiene también bases científicas.” Respecto a la confianza afirma: “La confianza es uno de nuestros más importantes recursos morales. Cuando se establece entre ciudadanos y políticos, empresarios y consumidores, personal sanitario y pacientes, las sociedades funcionan mejor también desde el punto de vista político y desde el económico. Y, por supuesto, en una sociedad impregnada de confianza es mucho más fácil que las gentes puedan desarrollar sus proyectos de vida feliz. La confianza es un recurso moral básico y la ética sirve, entre otras cosas, para promover conductas que generen confianza.” (Fuente: https://elpais.com/cultura/2013/05/15/actualidad/1368618621_893759.html )

Así que la confianza no es un asunto trivial, ni sólo emocional, ni sólo de filiación sino de un sustento ético, filosófico y moral que nos compete a todos y que debemos cuidar y cultivar entre las generaciones de hoy.

¡Se los dejo de tarea!


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Número 23 - Noviembre 2018
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