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Reporte 79

Martes, 14 de Agosto 2018 - 15:00

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Al momento de leer el presente texto ¿Usted, podría recordar el nombre de la calle en la que se encuentra, sabe qué día de la semana es hoy, el mes y el año? ¿Podría recordar las últimas tres palabras que le dijeron en su última llamada telefónica? Las preguntas anteriores, son tan sólo un ejemplo basado en el Examen Mini Mental de Folstein, el cual “se trata de un test de cribado de demencias, útil también en el seguimiento evolutivo de las mismas. Puntúa como máximo un total de 30 puntos y los ítems están agrupados en cinco apartados que comprueban orientación, memoria inmediata, atención y cálculo, recuerdo diferido, y lenguaje y construcción.”

La demencia es “un trastorno neurológico con manifestaciones neuropsicológicas y neuropsiquiátricas que se caracteriza por deterioro de las funciones cognoscitivas y por la presencia de cambios comportamentales. Dicho de otra manera, es un síndrome clínico que se caracteriza por una pérdida adquirida de habilidades cognoscitivas y emocionales de suficiente severidad para interferir con el funcionamiento social, ocupacional, o ambos” y es similar al deterioro cognoscitivo pero se deben de diferenciar “por el grado de afectación en la alteración en la funcionalidad. Por ejemplo, el término “deterioro cognoscitivo leve” en la actualidad se utiliza para referir a las personas que presentan evidencia de deterioro cognoscitivo principalmente de la memoria, en las pruebas neuropsicológicas pero no reúnen criterios para demencia. Este término, también se utiliza para reconocer la fase transicional entre el envejecimiento habitual y la demencia en etapas tempranas. El deterioro cognoscitivo leve puede ser una manifestación temprana de Demencia tipo Alzheimer.” Por definición, el deterioro cognoscitivo es “un síndrome clínico caracterizado por la pérdida o el deterioro de las funciones mentales en distintos dominios conductuales y neuropsicológicos, tales como memoria, orientación, cálculo, comprensión, juicio, lenguaje, reconocimiento visual, conducta y personalidad. Visto como un síndrome geriátrico, es una alteración de cualquier dimensión de las funciones mentales superiores, de la cual se queja el paciente, pero se puede o no corroborar por pruebas neuropsicológicas, y que generalmente es multifactorial, tales como: depresión, déficit auditivo y visual, hipotiroidismo, efectos adversos de medicamentos, entre otros dan lugar a una sola manifestación. Este síndrome amerita una evaluación integral para determinar si el paciente cursa con demencia, o algún otro problema que pueda ser resuelto.” (Fuente: Diagnóstico y Tratamiento del Deterioro Cognoscitivo en el Adulto Mayor en el Primer Nivel de Atención Prevención Nivel de Atención Prevención Prevención ISBN 978 ISBN 978-607-8270-37-8)

Entre los adultos mayores, es común encontrar comportamientos “dementes” que difieren entre sí por las razones anteriormente explicadas y los detonantes pueden ser tan diversos como personalidades y circunstancias de vida existen entre dicha población. Lo cierto es que no distinguen estrato social, nivel cultural, ocupación o situación familiar, un día llegan y sorprenden, transformando no sólo la vida del paciente sino de las familias enteras, afectando incluso los vínculos emocionales y en ocasiones, las finanzas por todo lo que implica enfrentar dichas enfermedades. Adentrarse en el universo de las enfermedades del tipo deterioro cognoscitivo en el adulto mayor es sumamente complejo porque intervienen diversos factores que pueden originar un diagnóstico apresurado y errado; sin embargo, a título personal puedo decir que dentro de un núcleo familiar “sano”, en el que al menos un integrante esté involucrado con la salud de los mayores, se podrá detectar a tiempo el cambio en las conductas y las actitudes, pero no se deje engañar si su familiar presenta algún otro tipo de enfermedad crónica o si por alguna razón toma diversos medicamentos porque entonces, es posible que piense que se trate de una consecuencia lógica y no le preste mucha atención.

Hay una película que me encanta no por el tema romántico en sí, sino por la forma en que nos acerca a los pacientes con Alzheimer (aunque sea de una forma somera), me refiero a “Diario de una pasión” (Estados Unidos, 2004); cuando la vi por primera vez, la parte que más me impactó de toda la película fue el momento en el que la protagonista tiene un momento de lucidez para declarar su amor y al instante siguiente no sabe quién está frente a ella. Esos segundos, en los que se mira a los ojos de quien se ama y no te sabe reconocer pero a la vez misma, no logras saber en dónde se quedó, son los segundos más tormentosos, desolados y dolorosos que pueden existir en toda una vida. Lo he vivido en primera persona con mi madre en su estado más crítico durante su complicado proceso de cirugía de cadera y vuelvo a sentirlo con mi padre en una crisis que aún no logran descifrar y lo único que puedo compartir con usted que amablemente me lee, es que si en sus manos está detectar a tiempo cualquier tipo de alteración cognoscitiva entre sus adultos mayores, no lo deje pasar, existen formas de evaluarlo, revisarlo y darle seguimiento porque quizá, el siguiente segundo en su vida haya perdido para siempre, la oportunidad de conectar la mirada con los seres que le dieron la vida aunque no hayan muerto.

¡Se los dejo de tarea!

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Número 21 - septiembre 2018
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