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Misión Imposible

Martes, 08 de Mayo 2018 - 15:00

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Luisa Ruiz

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“Vestirme de gente decente me cuesta un montón de trabajo. Pero vestirme de gente decente que va a ir a la chamba, al dentista y a la cena uyuyuy, en días de tantita ansiedad, es como de Misión Imposible” escribió en su twitter @raxxie_.

La sociedad exige imagen, no presencia, ni actitud ni personalidad, mucho menos se ocupa de observar más allá del atuendo. Las empresas, los dentistas y los restaurantes están llenos de sociedad incisiva y casi cruel, no importa cuán valiosa sea la persona que los visita, al final, a lo que va la gente es a dejar su dinero o a ofrecer su experiencia y esa, debería ser la única razón para recibir a una persona con amabilidad.

En muchas ocasiones, tratar de encontrar en el clóset la ropa adecuada para cierto evento o lugar no es lo más sencillo, y no porque sea un: “no tengo qué ponerme” es más bien un: “no sé qué debo ponerme”. Desde el subconsciente se escucha la aterradora voz social: “eso te lo pusiste la semana pasada”, “eso se te ve horrible”, “te ves gorda”, “te ves desarreglada”, “no es para ese evento”.

Cualquier otra sugerencia superficial que se nos puedan ocurrir, vista desde los ojos y la opinión de otro, hacen que nuestra capacidad de sentirnos cómodos con la vestimenta elegida se debilite y la batalla por presentarnos adecuadamente ante alguien, se vuelve una tortura emocional.

La mayoría de las veces sucede, como lo dice @raxxie_ de forma cómica, ella lo expone un tanto sin importancia y, sin embargo, los asuntos a tratar durante su día son de importancia para ella. Por otro lado, sucede también en formas tristemente dolorosas o frustrantes porque, toda presencia depende para lograr o perder el éxito que se busca.

El tweet de @raxxie_, me recordó la película de Charlize Theron, en el papel de Aileen Wuormos, Monster, una cinta que dejó mi humanidad en un áspero llanto. Una mujer -sin señalarla de prostituta o asesina-, busca afanosamente cambiar el rumbo de su vida, misma que se le va en el intento por acomodarse en un mundo “normal”. No puede, lo intentó más de una vez y no pudo. Ella se marcó para siempre y la sociedad no supo y no quiso darle una oportunidad.

Aileen (Charlize Theron), quiere trabajar en otra cosa, quiere tener una vida aceptable y para buscar trabajo, se las ingenia para cortar algunas blusas, pantalones y de lo poco que tiene, logra, según ella, un atuendo profesional; no tiene éxito, es rechazada una y otra vez. Es bien triste saber que alguien quiera con todas sus fuerzas lograr un sueño, y que la sociedad se imponga y le apachurre los deseos.

Conocí a una maestra con mucha preparación para el empleo que solicitó. Cuenta que, para llegar a las puertas del recinto escolar, tuvo que pensar y repensar cómo debía vestirse porque no tenía algo que se adecuara al nivel de entrevista que sostendría, por lo que pidió prestada una falda y un saco que combinaran. Hacía muchos años, confesó, cometió un error que le dejó consecuencias legales de las que creyó haber salido avante y no. Al reunir los documentos que le solicitaron para el empleo, supo que sus antecedentes estaban vigentes y fue detenida casi de inmediato.

Hace muchos años, yo buscaba empleo. Antes de mi entrevista, saqué de entre mi ropa algo que fuera presentable, que se viera muy profesional. Por supuesto, las mujeres casi estamos obligadas a usar zapatos de tacón alto y el único par que me quedaba, tenía los tacones en terrible estado, un tacón sin tapa y el otro tan débil que al ponérmelo se rompió. En aquel tiempo, mi tesoro más preciado era un tubito de “Kola-Loka” con el que resolvía esos desajustes diarios, ya había pegado muchas veces los zapatos de mi hijo y parchado los míos.

Para aquella entrevista, llevaba una falda amarillo pálido y una blusa blanca y los zapatos de tacón en una bolsa para cambiarlos antes de entrar a la empresa. En la esquina antes de llegar, un veloz automóvil pasó por un charco de lodo que me salpicó hasta la cara; pensé que toda enlodada no podría presentarme a la entrevista, aun así, entré. La persona en la recepción me vio de arriba a abajo y dijo que el puesto ya estaba ocupado, no quiso escuchar la explicación de mi ropa sucia. Recuerdo que me senté en la banqueta y me puse a llorar.

Encontrar el atuendo perfecto es mucho más que armarse de una sonrisa auténtica, va más allá de la educación y la preparación que alguien pueda tener. Si el pantalón se ve desteñido, nadie sabe que puede ser el único. Si los zapatos están sucios, nadie sabe si el portador tuvo que pasar por un camino de terracería. Si la ropa está enlodada, nadie sabe si un barbaján con su carro la ensució.

Antes de reírse o criticar la apariencia de una persona, se tendrá que saber quién es, de dónde viene y lo que tuvo que pasar para llegar. La sociedad ha dejado de creer en la sonrisa y se ha olvidado de la empatía. Sí, @raxxie_, atinarle a la indumentaria “decente” es una misión casi imposible.

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Número 19 - Julio 2018
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