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Los abrazos

Martes, 20 de Marzo 2018 - 15:00

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Luisa Ruiz

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Pasa, que cuando nos dejamos abrazar, nos queda una sensación de vacío que no se entiende. Los abrazos son un intercambio de energía, de emociones, de sentimientos y hay seres humanos que no gustan de compartir la suya y no necesitan la energía de otros.

Se repite y se alienta a la gente a que se abrace, que es una forma de protección. Es casi obligatorio dejarse abrazar, de no hacerlo, representa rechazo y desafecto. No es verdad, muchas veces se rechaza, no a la persona, si no a lo que esa persona tiene dentro de sí; las personas que no se dejan abrazar saben sentir y quienes quieren abrazar todo el tiempo roban lo que otros tienen. Es la invisibilidad que solo sienten los hipersensibles que, además, buscan proteger su propia invisibilidad.

Generalmente, es en la adolescencia que se “descubre el rechazo al abrazo” y se justifica por eso, porque son adolescentes y se alega que les da vergüenza que los abracen, especialmente sus padres. Todos cuando jóvenes, vivimos ese mundo ajeno, propio, único en donde los abrazos son solo para los iguales, para quienes se ríen de lo mismo, para quienes se duelen de lo mismo y es cuando se pueden compartir los abrazos…y los besos.

Hay personas que pasan la vida sin querer ser abrazados y familias completas que “padecen” del mismo mal (según el parámetro social). Así como unos no quieren entregar su energía útil a través de un abrazo, así también hay quienes no permiten un abrazo para que no les descubran y les quiten sus miedos y sus necedades.

Lo que hay adentro de cada uno es una intimidad que tiene reservas, no tiene nombre, no se puede ver y se defiende por impulso, lo oscuro y lo transparente. El problema mayor se presenta en situaciones en las que todo mundo debe abrazarse y tiene la obligación de dejarse abrazar por desconocidos y lo que sucede después, cuando ya estamos solos, es un desánimo inexplicable; entregamos y recibimos energía que, acumulada, ya no sirve, por eso nos sentimos casi tristes, desgastados.

Sucede que uno recibe energía de todas partes y así como podemos absorber el resfriado de quien estornuda, así también, por medio de un abrazo se puede absorber la energía inútil del otro. Cuando hay una multitud de energías reunidas en el mismo lugar, la cabeza empieza a doler y queremos correr a un lugar solitario, hemos recibido más de lo que podemos cargar.

La gente bonita, la que tiene mirada limpia y sonrisa fácil es la que menos permite acercamientos en un abrazo a menos que detecten que quien se acerca, sea gente bonita, de mirada limpia y sonrisa fácil, solo ellos lo saben, por eso se abrazan.

Los adultos no tienen la misma energía, por eso no son bien aceptados por los adolescentes y la gente grande cree que por ser grande, los chicos tienen obligación de dejarse abrazar, aunque los grandes amen a sus hijos, la energía es lo que rechaza o acepta.

Si un niño o un adolescente corre a abrazar a un adulto, el adulto debe sentirse importante, le están comunicando su equilibro emocional. Los chicos abrazan y se dejan abrazar de sus padres cuando están en casa, el entorno seguro los alimenta de esas energías que necesitarán fuera de casa y lejos de ellos. Es comunicación, es educación emocional, si no se dejan abrazar en público, es porque ya no necesitan lo necesario, ya lo tomaron en el hogar.

Los mismos adultos, a veces no quieren o no pueden abrazar a sus adolescentes porque la energía no es compatible, por eso los chicos se quejan también de que sus padres “no los pelan”. Se necesitaría conocer el estado energético de cada persona para entender porqué los abrazos no siempre son bienvenidos. Por otro lado, es una suerte que la energía no se pueda ver, de ser materia, viviríamos en un rincón sin podernos mover.

Los abrazos alimentan la emoción y muchas veces, la eliminan. No se deje abrazar si no siente el impulso aunque lo tachen de insensible, es por sensible precisamente que no debe permitirlo, los ladrones de energía están al acecho.

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Número 18 - mayo 2018
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