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Las pequeñas cosas: el respeto

Jueves, 06 de Diciembre 2018 - 14:45

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“El respeto a la vida es fundamento de cualquier otro derecho, incluidos los de la libertad.” - Juan Pablo II (1920-2005) Papa de la iglesia católica.

Hemos revisado en este espacio sobre las pequeñas cosas, esos milagros que ocurren ante nuestros ojos cada día y que nuestra distraída mente deja pasar sin darse cuenta de la magia que provocan o que dejan a su paso por nuestras vidas; hemos revisado las gotas de agua y las diferencias entre unas y otras, sobre el alma de los artistas y las oportunidades, así que hoy nos meteremos en camisa de once varas para reflexionar sobre el respeto “del latín respectus, (‘atención’ o ‘consideración’) es la consideración y valoración especial que se le tiene a alguien o a algo, al que se le reconoce valor social o especial diferencia.”

Desde pequeños, los padres suelen decir a sus hijos que deben tener respeto o respetar a sus maestros, familiares, compañeros, amigos, las señales de tránsito, las reglas de un juego, a la autoridad, las cosas ajenas, etc. o al menos, esa era la constante entre los pares de mi generación porque en la actualidad, el respeto parece ser un asunto obsoleto pues no se respira un ambiente respetuoso por ningún lado, veamos:

Sin ser superficiales, el asunto del bullying tiene que ver con una falta de respeto entre compañeros y la autoridad, representada en este caso por el docente a cargo del grupo escolar y también con una pérdida de respeto en el entorno familiar. Un accidente automovilístico generalmente es provocado por la falta de respeto al reglamento de tránsito o a las luces del semáforo, por manejar en estado de ebriedad o bien, por utilizar el teléfono celular; entre otras omisiones cuyo origen es la ausencia de respeto. Cualquier asunto relacionado con violación a derechos humanos implica también una falta de respeto. Así es que el respeto representa una hebra fundamental que une lo personal con lo inter personal y por ello, es la base de las relaciones sociales.

¿Qué nivel de respeto mostramos por nosotros mismos, por los demás y por el entorno que habitamos? La respuesta está en el nivel de bienestar que experimentamos en cada relación que establecemos y más aún, si practicamos la tolerancia a cada paso que damos (aunque de tolerancia hablaremos en otro momento). No estamos acostumbrados a ser autocríticos, a revisar de vez en cuando cómo vamos en el ámbito personal y emocional, medimos la cantidad de amigos por el número de likes en el perfil de Facebook o la cantidad de seguidores en Twitter pero se nos olvida que seguimos siendo humanos, terrenales y mortales, que nuestra fuerza está en la calidad de vida que tenemos y que, nos guste o no, seamos mayores o no, el respeto es la llave que abre todas las puertas. De ida y vuelta, el respeto implica un camino de doble sentido que no cualquiera se atreve a tomar porque va acompañado del compromiso y ahí sí que se necesita valor. Como madre, mi pequeño hijo me ha enseñado lo importante que es el respeto a sus propios ritmos para poder brindarle lo que realmente necesita y no lo que en mi opinión o según mi gusto debo darle pues la maternidad es la mejor maestra para aprender sobre el respeto a la vida misma.

La próxima vez que vaya al encuentro con alguien, que vaya en su auto y vea la luz roja del semáforo, que se encuentre con un anciano en el transporte público o que simplemente se mire al espejo, revise si sus días transcurren en un marco de respeto o si es un ingrediente que le hace falta para completar la receta de la vida.

¡Se los dejo de tarea!


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Número 23 - Noviembre 2018
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