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Las pequeñas cosas.

Jueves, 22 de Noviembre 2018 - 16:55

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“Un pintor es un hombre que pinta lo que vende. Un artista, en cambio, es un hombre que vende lo que pinta.” – Pablo Picasso

Acostumbrados estamos a asistir a los museos o galerías a visitar exposiciones artísticas de diversa índole: fotográficas, artes plásticas, escultura, etc., quienes gozan de holgura económica adquieren alguna obra de arte y las agregan a sus colecciones particulares pero quizá muy pocas veces nos detenemos a pensar en el valor real que dicha obra de arte tiene realmente. Una obra de arte no es sólo la culminación de un trabajo; es decir, no se trata de un proyecto escolar que deba quedar bonito y con excelente presentación, una obra de arte no es únicamente los materiales, la aplicación de una técnica, un marco ad hoc, una curaduría, un montaje de la obra, un listón rojo y unas tijeras para inaugurar, una obra de arte es la síntesis y la expresión, la emoción y el conocimiento, la experiencia y la visión del artista al servicio de quien lo aprecia y logra conectar con él o ella. Todo eso, que parecen sólo palabras o término, implica un costo que pocos conocemos porque no sabemos de la vida detrás de cada artista: sus fobias, sus fortalezas, sus anécdotas, su formación, su vida personal, etc. y quizá es por ello que resultan seres fascinantes mal llamados “locos” o “inadaptados” cuando en realidad, son seres que se atreven a plasmar en una obra de arte lo que muchos piensan pero alienados al sistema que los vio nacer y formados en las buenas costumbres, se niegan a decir.

Por mis venas corren genes artísticos (y en las de todos en realidad, si partimos del hecho de que somos átomos y estamos conectados, pero ese es otro rollo), mi bisabuela (por línea materna) fue acróbata de circo, muy bella ella y mi bisabuelo (que en realidad fue el padrastro de mi abuela) fue levantador de pesas también en el circo; alguna tía abuela por la misma línea fue tejedora de ganchillo y entre mis tíos y tías hay artistas plásticos, músicos, escritores, mi hermano mayor tiene talento natural para el drama y quien escribe estas líneas dedicó toda su adolescencia y primeros años universitarios a la danza folklórica, pasando por la escritura y teniendo como hobby favorito la apreciación cinematográfica. Salvo mi tío (fallecido en 1998) que de verdad se hizo artista plástico y formó parte de la generación del grupo de artistas cercanos a Rina Lazo y Diego Rivera además de escritores, poetas, dramaturgos, escritores y demás nadie ha tenido una trayectoria netamente artística pero mi mundo está rodeado de ellos porque tengo amigos que viven a diario en ese mundo artístico que hace sustentable la vida frente a la realidad adversa y violenta en la estamos sumergidos todos.

Total, que el rollo mareador es para decir que el trabajo de los artistas (a menos que reciban financiamientos de las élites) no es debidamente reconocido ni valorado, mucho menos bien remunerado pues se piensa que el artista por tener una alta sensibilidad y sentido del mundo menos mundano, trabaja gratis, vive de alimentar el espíritu y bebe bocanadas de aire puro. ¡Nada  más erróneo! Un artista come, tiene familia, tiene sueños, anhela viaja y principalmente, tiene derecho a recibir lo justo por poseer un talento que pocos logran desarrollar y que los convierte en verdaderos genios aunque sean reconocidos muchas décadas después de haber fallecido porque generalmente, son mentes que nacen en épocas que no les corresponden y por eso, son incomprendidos.

Los que nos traducen la cruda realidad y hacen de nuestra vida algo más bello, son los artistas, son ellos los que deberían dirigir, producir porque a través del arte es que se transforma la conciencia y se forma un sentido más crítico. Es el arte el que nos salva pero al parecer, la mayoría sucumbe a visitar las exposiciones de moda para tener tema de conversación sin importarles un pepino si el artista ha sido bien remunerado o si es realmente reconocido. La próxima vez que asista a una muestra artística, antes indague sobre la vida del artista, entérese de sus fracasos y difunda su trayectoria y obra, eso es lo menos que podemos hacer por ellos. ¡Se los dejo de tarea!


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Número 23 - Noviembre 2018
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