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La magia de viajar

Martes, 07 de Noviembre 2017 - 15:00

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia.” – Sir Francis Bacon / Filósofo y Estadista Británico

A menudo solemos escuchar que los viajes nos ayudan a poner distancia y nos hacen sentir mejor pero nadie nos explica cuál es la razón de ello y tampoco nos dicen que la magia sucede si estamos realmente decididos a poner tierra de por medio para al menos, pasar unos días de grandiosa calma y serenidad, cual pausa en un filme de horror.

Los viajes son tema de esta colaboración, porque entre tantos sucesos, no he tenido oportunidad de salir este año y no creo poder hacerlo sino hasta el próximo, pero tengo personas cercanas que han salido y sus experiencias me inspiran a reflexionar sobre los milagros que ocurren al viajar.

Por ejemplo, mi compañero de programa de radio pasó una semana entera en Cuba y él no lo sabe, pero el gesto le cambió, la actitud y hasta el ánimo porque vivió y disfrutó al máximo de unos días plenos en compañía de su hijo y sobrino; sin embargo, sus impresiones respecto al ambiente, el lugar físico y el entorno social le dejó un sabor hasta cierto punto de decepción porque la Cuba socialista, festiva y cálida, no existe más. En su lugar, ha quedado un lugar cada vez más descuidado, desgastado y pervertido que ha ido perdiendo la identidad y la peculiaridad que lo distinguía hace años y de donde surgieron el mojito, los habanos y el guaguancó entre otros emblemas que hoy se han disuelto entre el reggaetón, la prostitución, la drogadicción y la pobreza en que viven la mayoría de sus habitantes. Las razones del viaje de mi amigo, además de la diversión, fueron la entrega de un premio a un escritor ganador de un certamen literario y fue él mismo quien en respuesta a las impresiones de mi amigo, le comentó: “Cada quien elige el aire que quiere respirar, si ellos quieren respirar eso está bien, yo elijo respirar algo diferente” y la frase me motivó a pensar que es así, cada uno elegimos lo que queremos en nuestras vidas, estamos hechos de continuas elecciones aunque no siempre seamos conscientes de ello. Mi amigo es un hombre de mediana edad, con una vida recorrida y los viajes para él son como confirmaciones de lo que quiere y lo que busca para sus próximos años como un recuento de lo bueno y lo malo que le permiten divertirse y disfrutar al máximo como el joven que alguna vez, como el niño que sigue habitando en él y que pudo ir unos días a vivir intensamente en tierra cubana.

La segunda experiencia me la compartió mi sobrina que pasó unas cortísimas vacaciones en Canadá y digo cortísimas, porque para conocer cualquier parte del mundo se requiere de al menos, una semana para oler, sentir, comer, disfrutar y vivir el lugar al que se viaja; sin embargo, bastó que ella pisara tierra canadiense para sentirse feliz, segura y plena. Mi sobrina es joven y apenas empieza a mirar por el rabillo del ojo la vida; insegura a veces, con el duelo de su abuela casi madre recién fallecida, con un primer noviazgo fallido y con una complicada relación con su mamá, porque cuando se es hija de una madre soltera de pronto las preguntas pesan más que las respuestas que han demostrado el amor y la entrega incondicional de madre a hija, pero con una inteligencia y curiosidad naturales, con esa prisa que todos los jóvenes tienen ahora y que tanto los agobia porque a los treinta se sienten ancianos. Canadá es un paraíso en muchos sentidos, con una cultura diferente que atrapa a todo el que pisa su geografía y que nunca antes vio algo similar. A la vuelta, se encuentra con la rutina del día a día, con el ajetreo habitual de la gran ciudad en que habita y con la cotidianeidad de su actual empleo, que si bien le ha generado grandes satisfacciones, en el fondo, la hacen hundirse en una caja de cartón que no ofrece nada nuevo ni atractivo y entonces a mí me parece que es grandioso que la vida le brinde el milagro de ambos escenarios, porque por unos días se sintió viva en un lugar distinto y al regresar la mirada a su realidad, encuentra que la vida es más que un trabajo habitual de oficina, una mala relación de pareja, amistades falsas que traicionan por la espalda o el dolor profundo por la muerte de su abuela; ella no lo ve, se siente extrañada porque no entiende cómo algo tan bello puede ser pasajero y después sentirse como hundida en un rincón, la respuesta tendrá que encontrarla ella misma porque de eso se trata la vida: de viajes cortos y largos que a veces no implican necesariamente un cambio de geografía, basta con mirar desde una perspectiva diferente para descubrir que en nuestras manos tenemos la grandiosa posibilidad de cambiar eso, que ya no nos hace sentir plenos y felices. Las vacaciones de mi sobrina le han dado una profunda lección, ojalá que su prisa juvenil no le impida verla.

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Número 12 - noviembre 2017
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