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Entre cuadernos y lápices

Martes, 07 de Agosto 2018 - 15:00

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Nos encontramos en plena temporada de regreso a clases, las dinámicas familiares cambiarán para aquéllos cuyo ingreso escolar significa su “primera vez” en los distintos niveles escolares y las vacaciones de verano están próximas a concluir. En este contexto, hace tan sólo unos días dio la vuelta al mundo la noticia de que Carlos Antonio Santamaría Díaz, de tan sólo 12 años ha sido aceptado en la UNAM para estudiar la licenciatura en Física Biomédica. Lo sorprendente, además de lo que implica en la historia académica de la Universidad Nacional Autónoma de México, es su historial previo pues el infante, ya ha cursado dos diplomados previamente con éxito y es sorprendente porque es tan sólo una muestra de que existen otros caminos para llegar a una misma meta.

En promedio, un estudiante necesitará de aproximadamente veinte años (desde su ingreso a nivel preescolar) para lograr un título universitario que lo avale como especialista en los diferentes grados que hoy en día ofrecen las universidades. Sin embargo, ¿qué ocurre si alguien elige otras alternativas más libres? Es decir, el tiempo que pasamos en la escuela, entre materias y exámenes es tan sólo una forma de obtener un título, casi como seguir una receta de cocina cuyo resultado (más tarde o más temprano) siempre será el mismo aunque algunos pasen años enteros en el intento por aprobar sus materias.

El método escolarizado y tradicional hoy en día es tan sólo una posibilidad y una fórmula que habría que cuestionar y analizar a profundidad, en virtud de los vicios y deficiencias en que ha caído el sistema educativo en México y que a través de las diversas reformas se ha intentado modificar; sin embargo y como en todo, existe todavía una “vieja guardia” perteneciente a la antigua escuela que sigue defendiendo a capa y espada los viejos métodos escolares. Opciones existen, la cuestión es que la educación pública todavía no alcanza los estándares para generar en los estudiantes un sentido crítico y autónomo, adicional a ello, tanto a nivel particular como público, existen problemáticas de otra naturaleza como: bullying, discriminación o abuso infantil entre otros. Así que la elección de la escuela para los hijos cada vez resulta más compleja, pues es evidente que la vieja receta educativa requiere actualizarse.

No defiendo aquí el hecho de encapsular a los hijos en una burbuja de cristal sino al contrario, los tiempos modernos con la avasallante tecnología, exigen de generaciones mejor preparadas en todos los sentidos. Ya en los años ochenta se empezó a hablar de las inteligencias múltiples gracias a Horward Gardner, quien propone que: “las capacidades de nuestra mente no forman parte de una sola habilidad llamada inteligencia, sino de muchas que trabajan en paralelo y que, muchas veces, son ignoradas o eclipsadas simplemente porque no las valoramos.” Lo cual nos indica que los parámetros del mercado laboral y el sistema educativo nos limita y nos reduce porque encajona a los seres humanos en un mismo contenedor para seguir por un camino que aparentemente asegura éxito, felicidad y bienestar, pero volviendo al inicio, ¿de verdad queremos que nuestros hijos pasen veinte años estudiando para obtener un título universitario en algo que no los apasiona, que no los motiva o que no los entusiasma?

Las grandes mentes que han transformado a la humanidad alcanzaron la cumbre a edades muy tempranas, desarrollando sus talentos y entregándose por completo a ellos sin dejar de estudiar y aprender de otras disciplinas pero además, han destacado lo mismo en las ciencias que en las artes y en las humanidades. Por lo tanto, lo natural sería que exploráramos aún más la capacidad que tenemos para aprender, para inventar y crear sin limitarnos a un programa escolar o modelo educativo.

Así que el regreso a clases representa para muchos, una oportunidad en todos los sentidos y para otros, un simple paso más en una receta que nos han impuesto desde hace décadas y que por cierto, se ha vuelto un negocio que genera jugosos dividendos para los grandes consorcios comerciales pero también, es un momento para que, quienes aún no elegimos escuela para nuestros hijos, nos demos a la tarea de revisar y elegir no lo mejor para nosotros sino para ellos, de acuerdo a la forma en que exploran, aprenden, observan. El proceso de aprendizaje debe ser un acto natural y motivado por el que aprende y no una imposición, debe ser un juego que nos permita soñar, e imaginar y crear a cualquier edad y en todos los niveles.

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Número 21 - septiembre 2018
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