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Complicarse la vida

Martes, 02 de Mayo 2017 - 15:00

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María del Pilar Cordero César

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¿La vida es difícil o la hacemos difícil?

Una pregunta con muchas respuestas y con muchas variables, se puede responder que sí es difícil para algunos, y otros, la hacen difícil.

A partir de la pregunta inicial se presenta una reflexión que comparto a partir de las ideas del politólogo Carlos Taibo acerca del decrecimiento económico y sus tres principales ideas sobre el tema. La primera idea indica que no tiene sentido aspirar a seguir creciendo ilimitadamente si vivimos en un plante con recursos ilimitados. La segunda idea, que podemos vivir mejor con menos, idea en la que centro mi reflexión, donde, comenta el politólogo, se debe propiciar la vida social, el ocio creativo, el reparto del trajo, recuperación de la vida local y sobriedad y sencillez voluntaria. La tercera idea gira en torno a las deudas contraídas por los países, que son privadas y especulativas (entre estas deudas esta la marginación de la mujer, con los habitantes de los países del sur y con las generaciones venideras ¿qué planeta les vamos a dejar?

Respecto a la segunda idea, podemos vivir mejor con menos, contrasta y se opone a lo que muchas realidades nos implican el día de hoy, consecuencia de la falta de pensamiento crítico, falta de habilidades sociales, miedo al riesgo, miedo a compartir, indiferencia. No hemos aprendido a comprender la magnificencia de la vida, la maravilla de sentirse vivos, libres, tomar decisiones que nos hagan seres alegres para vivir tranquilos en una sociedad respetuosa y justa, y no en esa lucha constante de trabajar para tener, atesorar, no compartir (porque es mío y yo lo trabajé), ganar mucho dinero y tener poco tiempo para uno, ese es el lema de la vida difícil.  Ganan mucho porque trabajan todo el día, no hay tiempo para otra cosa, si bien (esclavo) tienen un buen coche, un buen departamento, se visten a la moda para que todos vean lo exitoso que son…pero todo se debe, así, el dinero que sobra es para el doctor, porque siempre están enfermos, gastan en análisis muy caros y gastan y gastan en medicinas, porque salen de una enfermedad y entran a otro malestar que se convierte en enfermedad. Para eso trabajan tanto.

Dice Taibo (2012) “El consumismo potencia un modo de vida esclavo que nos hace creer que somos felices, no se trata de llevar a cero los niveles de producción y consumo. Se trata de restaurar los equilibrios con el mundo natural que la industrialización, la urbanización y el colonialismo han roto. (…) En nuestra propuesta se destaca una clara y alegre reivindicación de la vida social frente a una vida obsesivamente marcada por el consumo, la productividad y la competitividad que nos ofrecen hoy, interesadamente, por todas partes.”                 

Continua el politólogo, somos a menudo víctimas de lo que algunos autores han descrito como un modo de vida esclavo: tendemos a pensar que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y más bienes consigamos consumir. Una simple historia refleja perfectamente lo que es el modo de vida esclavo: un norteamericano se acerca a un pescador mexicano medio adormilado y le pregunta: "¿por qué no dedica usted más tiempo para pescar?" El mexicano le responde que con lo que trabaja tiene de sobra para cubrir sus necesidades. El americano pregunta entonces: "¿qué hace usted el resto del tiempo?" "Me levanto tarde, pero un poco, juego con mis hijos, echo la siesta con mi mujer, por la tarde quedo con mis amigos; bebemos vino y tocamos la guitarra, tengo una vida plena". El americano le interrumpe y le da un consejo: "dedique más tiempo a la pesca; con los beneficios podrá comprar un barco más grande, luego podrá abrir una factoría, luego mudarse a México, luego a Nueva Cork, cotizar en bolsa y ser mucho más rico". El mexicano le pregunta: "¿y después de eso qué?". A lo que el norteamericano contesta: "después podrá jubilarse, vivir en un pequeño pueblo de la costa, levantarse tarde, jugar con sus hijos, pescar un poco, echar la siesta con su mujer y pasar la tarde con sus amigos bebiendo vino y tocando la guitarra…

La competencia feroz para tener nos lleva a no disfrutar, no saborear, elegir sin pensar bien, a no apreciar la belleza, el silencio, la reflexión. La competencia satura nuestra agenda, no tenemos tiempo para otra cosa que no sea trabajar, nos disculpamos con la gente y nos damos la importancia de ¡porque yo si trabajo mucho!, no tengo tiempo….

La vida nos la hacemos difícil.

¿Usted cómo la vive? o ¿para qué vive?

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Número 21 - septiembre 2018
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