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Zavala-Calderón, obsesiones y resentimientos

Martes, 17 de Octubre 2017 - 16:30

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Israel Aparicio

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El pasado 12 de octubre, Día de la Raza, Margarita Zavala Gómez del Campo se registró ante el Instituto Nacional Electoral como candidata independiente a la presidencia de la República, para engrosar la lista de aspirantes que no tienen la mínima posibilidad de triunfo electoral. Días antes, en una burda novela de televisión, renunció a su militancia al Partido Acción Nacional (PAN) al acusar dados cargados en la contienda por la candidatura presidencial de eso que llaman Frente Amplio Democrático, conformado con el Partido de la Revolución Democrática, el partido Movimiento Ciudadano y el PAN rumbo a las elecciones del próximo 2018.

Zavala acusó al presidente del PAN nacional, Ricardo Anaya, de boicotear todos sus intentos por retomar su carrera política, al negarle una candidatura plurinominal al Congreso y después su intento de ser presidenta del Comité Ejecutivo Nacional. El matrimonio Zavala-Calderón parece haber olvidado la máxima política que los partidos políticos son instituciones del Estado que terminan siendo “franquicias” de poder en las que cada determinado tiempo sus cúpulas, hacen y deshacen a placer, como lo hizo el propio Felipe Calderón antes de ser presidente de México y después durante su sangriento sexenio.

Calderón, al más puro estilo priísta, dominó con especial mano dura los destinos del PAN imponiendo a sus incondicionales, sin importarle eso que “acusa” como vida democrática del partido. No conforme con desprestigiar a su instituto político y llevarlo a la debacle electoral, al hacerlo el blanco del descrédito político de su desaseada gestión gubernamental, se volvió un traidor del PAN al soslayar el apoyo a su candidata presidencial, Josefina Vázquez Mota.

Los dos presidentes de la República emanados del PAN, Vicente Fox y Felipe Calderón, terminaron apoyando al actual presidente Enrique Peña Nieto, con quien negociaron simplemente salvar el pellejo, ante la enorme corrupción de sus gobiernos malogrados. Ambos expresidentes comparten la fobia contra el mesiánico, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y presumen haberlo derrotado como una misión de vida redentora de sus paupérrimos periodos presidenciales. Sin embargo, comparten la tragicómica cruda de poder, al no aceptar que sus periodos de gobierno terminaron, sus gestiones de gobierno fueron un fracaso, además de sentirse mal juzgados por la historia y solamente en el caso de Calderón, busca enfermizamente, regresar al poder mediante la candidatura de su esposa.

La escasa carrera política de Zavala Gómez del Campo no la avala para buscar el puesto político más importante de la nación, en el mejor de los casos, su único “mérito” político es ser la esposa del expresidente Calderón, por lo que solamente le alcanzaría para buscar puestos en el Congreso, alguna Secretaría de Estado o luchar por la nominación a alguna gubernatura. Desafortunadamente para Zavala, pesa demasiado haber sido la sombra de su esposo, tener muy pocos reflectores propios sobre ella y por si fuera poco, la debacle electoral de Hillary Clinton en Estados Unidos le propinó un golpe demoledor a su intento de “colgarse” del slogan: “la primera mujer presidenta en la historia del país”.

Es paradójico que el triunfo electoral de Donald Trump en EUA, sirva más a su contrincante AMLO, que a la estrategia fallida de comparar a Margarita Zavala con Hillary, debido a los paupérrimos resultados conocidos. A diferencia de la candidata demócrata derrotada, la ahora candidata independiente tiene enormes falencias hasta para expresarse oralmente de forma clara. No cuenta con una trayectoria propia que legitime sus posicionamientos políticos en algún sentido sobre los grandes temas de la nación como: el combate a la pobreza, reformas políticas, la renegociación del Tratado de Libre Comercio, temas sobre transparencia, combate a la corrupción o hasta su visión sobre la reconstrucción nacional a raíz de los sismos de septiembre. Su visión personal sobre todos esos temas son desconocidos ya que nunca se ha pronunciado en algún modo. Su único discurso monotemático por meses fueron las acusaciones contra Anaya por “agandallarse” el partido y boicotear el proyecto reeleccionista de Calderón, poco y nada al final, qué presumir ante la ciudadanía.

Zavala es en el mejor de los casos, un producto político creado desde la burocracia partidista del PAN, es un liderazgo dentro del instituto por su trayectoria al interior, no se recuerda un gran momento o polémica realizada en su vida política. Ahora fuera del cobijo partidista, deberá enfrentarse a las enormes limitantes que prefiguran una candidatura independiente, condenada al ostracismo y una figura que está más próxima al divisionismo favorecedor al PRI o según se dé la elección, a favor de su enemigo político AMLO.

La renuncia de Zavala al PAN y su candidatura independiente podría sumar apoyos a la hipotética candidatura de José Antonio Meade, a quien los senadores identificados como calderonistas, no ven con “malos ojos”, cumpliendo esa máxima panista de negociar las derrotas y apoyos, siendo sus máximos exponentes en la traición política, los expresidentes Vicente Fox y el propio Felipe Calderón.

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Número 13 - diciembre 2017
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