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Ya pueden esperarse sentaditos…

Miércoles, 17 de Enero 2018 - 15:00

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Julio Chavezmontes

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¿Como para cuándo podemos esperar que el Estado mexicano esclarezca los cientos de miles de homicidios cuyos expedientes ni siquiera se han iniciado?

¿Cuándo irán a ser detenidos los cientos de miles de sicarios que han mandado al otro barrio a otros tantos cientos de miles de hombres y mujeres?

¿Cuándo podrán nuestras policías municipales, estatales y federales, prevenir y evitar el funcionamiento de las bandas criminales que asuelan a México?

No hace falta ser criminólogo para saber que el Estado mexicano es incapaz de prevenir o evitar los delitos; que es incapaz de investigarlos, perseguirlos y castigar a los responsables; que las cárceles están llenas de presuntos culpables; que en realidad no existe un contubernio entre la clase política y los delincuentes, sino que los delincuentes se han encaramado en la administración pública desde cuyos cargos tienen a México a su merced donde los que no delinquen, son rehenes.

Lo de menos es que la idea de la AMNISTÍA se le haya ocurrido al Peje de Zúñiga y Miranda; al tabasqueño palero que emula las andanzas “electorales” del célebre Don Nicolás que fue candidato opositor a la presidencia de la república, desde Don Porfirio Díaz, hasta Álvaro Obregón.

Cuando el eterno comparsa de “la mafia del poder” propuso la idea de conceder una amnistía general, los malos de la película se lanzaron en su contra por todos los medios imaginables, conforme exige el guión del espectáculo electoral que está a punto de culminar su tercera temporada (2006, 2012, 2018).

Aquí lo importante no es quién propuso la idea del perdón generalizado, sino la idea misma.

¿Qué es una amnistía?

Comenzaré por decir lo que NO es.

NO es una licencia para seguir delinquiendo impunemente.

NO es un perdón incondicional.

Es una medida política que tiene por objeto principal, darles a los delincuentes una segunda oportunidad; de brindarles la posibilidad de reincorporarse a la vida normal en un ambiente de legalidad para que se dediquen al trabajo productivo y en paz.

Lo malo de la idea planteada por el Peje, es que el estado mexicano NO PUEDE OFRECER TAL COSA COMO LA reincorporación a una vida de trabajo productivo y en paz.

El perdón como tal no le interesa a quienes de todos modos, están fuera del alcance de quienes dicen gobernarnos.

Porque en México, como ya lo he dicho aquí, es mucho más lucrativo pedir limosna que trabajar; y sin duda alguna, es mucho mejor negocio delinquir que pedir limosna o trabajar.

Los delincuentes (sin duda) corren el peligro de morir en sus correrías, pero los asalariados no corren ese peligro, sino que tienen la certeza de morirse de hambre.

Es parecido a lo que ocurre con los desdichados que venden iguanas, águilas, armadillos y demás fauna “en peligro de extinción”; porque mientras la “señora autoridá” busca salvar a los animales exóticos, no hace nada para salvar a los desdichados que tienen que traficarlas o hasta comérselas para no extinguirse ellos y sus familias.

A este problema se refería apenas hace 105 años el Cura Morelos, cuando en sus “Sentimientos de la Nación”  advertía de la necesidad de que el jornal del pobre fuera tal, que lo alejara de la tentación del hurto y la violencia.

Morelos no hablaba de salarios mínimos ni de sweat shops, sino de un jornal suficiente para mantener a las familias trabajadoras con tranquilidad y expectativas de mejoría.

Morelos tambien advertía de  la necesidad de reducir el abismo que había entonces entre la opulencia y la indigencia; y eso que no había visto el Ferrari bañado en oro del hijo de Carlos Romero Deschamps.

La famosa amnistía, para ser atractiva y persuadir a los potenciales amnistiados, requiere de la segunda parte de la oferta.

La primera parte es el perdón; la segunda parte es la OPORTUNIDAD DE VIVIR DIGNAMENTE SIN TENER QUE DELINQUIR.

El dilema nos lleva de regreso a la pregunta aquella sobre "¿Qué fue primero; la gallina o el huevo?"

Si en México el jornal del pobre (como le llamaba Morelos) fuera suficiente para que un jefe de familia sostenga a los suyos con dignidad y posibilidades de salud, educación, habitación, entretenimiento, cultura, justicia y seguridad, no sufriríamos el problema de la delincuencia epidémica.

Si no se ponen los medios necesarios para que los delincuentes se sientan persuadidos de acogerse a la amnistía, ante la posibilidad concreta e inmediata de vivir con esa dignidad mínima, seguiremos de mal en peor.

Se tiene que atender el rezago brutal en materia educativa y de oportunidades.

Mientras la tonelada de maíz sea pagada a centavos por la especulación solapada por el gobierno, y el kilo de mariguana reditúe ingresos miles de veces superiores a los que se pueden obtener con cultivos legales, ya pueden ofrecerse amnistías, perdones, indulgencias y hasta medallas, que seguiremos empeorando cada vez más.

Todos los grandes capos del narcotráfico en México, lo han dicho hasta cansarse: se volvieron hacia los cultivos ilegales, gracias a la especulación hambreadora de la CONASUPO y sus coyotes.

Si el perdón ofrece a los perdonados regresar a las mismas condiciones de desesperación que los orillaron a delinquir; si la alternativa consiste en tragar fuego o limpiar parabrisas en los semáforos, ya pueden esperarse sentaditos los asesores del perdonador, y tambien sus detractores.

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Número 15 - febrero 2018
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