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¿Y dónde está la oposición?

Jueves, 20 de Septiembre 2018 - 15:30

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Jaime Guerrero Vázquez

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Si no fuera tan trágica, la situación de la “real” oposición sería cómica, como esa comedia boba y de pastelazo de las películas que protagonizara Leslie Nielsen. Mientras los panistas se tiran merengue a la cara y los priistas parecen tranquilos (o paralizados), los personajes de MORENA pueden darse el lujo de cometer errores y pelear entre sí, sin que se les penalice ante la opinión pública (cualquier cosa que esto sea). Ambos partidos están siguiendo la dinámica de las organizaciones en crisis: división o parálisis. De seguir así, continuarán con la pérdida de simpatías, votos, posiciones y militantes.

La prensa observa y da cuenta de lo aparente: división en el PAN, falta de liderazgos y una encarnizada disputa por los puestos, especialmente la presidencia nacional del partido. En realidad, esto no es el resultado de haber perdido tan claramente la elección presidencial y muchas otras más. Al contrario, todas estas y varias más fueron las causas que motivaron el derrumbe de la campaña de la organización que ganó dos veces la Presidencia de la República.

En el PRI, de igual manera, muchos medios señalan al gobierno federal y al presidente Peña Nieto como los grandes culpables de la estrepitosa derrota del pasado 1° de julio. Se extrañan de que los priistas le sigan haciendo caso al mandatario. Lo cierto es que no hay nadie más a quien hacerle caso y no lo hubo tampoco antes de la elección. ¿O cuál es la alternativa?, ¿el PRI de Ulises Ruiz?, ¿el PRI de Manlio Fabio Beltrones? Las alternativas a EPN son malas o inexistentes y si alguien supone que al abandonar la Presidencia el partido tricolor se avivará, puede sufrir una gran decepción porque en ninguna parte están haciendo un proyecto de recuperación. Parecen estar preparándose para acomodarse.

Estos dos partidos están en evidente crisis, pero el resto de estas organizaciones también lo está. Incluso MORENA está en la misma situación. Al partido de López Obrador le pasa lo mismo que le sucedió al PRI en 2012 y al PAN en el año 2000: igualaron los triunfos a la buena salud partidaria. Para decirlo en otras palabras, confundieron el éxito con solidez. A veces el triunfo oscurece los errores y deficiencias, entonces estas se acumulan y cuando revientan tiene la fuerza de un tsunami. MORENA no existe como partido, el que triunfó fue López Obrador.

El asunto va más allá: todo el sistema de partidos, con el INE y el TEPJF, está en crisis y las señas están a la vista: un Instituto obeso, sobrecargado de tareas, con disputas por espacios de poder entre los consejeros y con una aparente diferencia de criterios con el Tribunal Electoral. Un dato adicional: el alma de las elecciones son los ciudadanos que aceptan participar en los comicios, pero cada vez es más difícil para las autoridades electorales hacer que participen en las tareas. Estos son algunos puntos, pero hay más.

Se puede creer que la crisis del sistema democrático la originó el triunfo de AMLO, pero en realidad ya estaba ahí; el 1° de julio no hizo más que acelerar la crisis. Sin embargo, con la llegada del tabasqueño se dará un elemento que puede terminar de herir de muerte a toda la maquinaria: el recorte a los presupuestos debido a la política de austeridad. ¿Puede el INE y el TEPJF funcionar adecuadamente con mucho menos dinero?, ¿saben hacer política los partidos con la mitad de los recursos? En este momento, la respuesta a ambas preguntas es no. Se hace necesario refundar el sistema para que no languidezca la democracia, pero para ello se requiere el acuerdo de las mayorías ciudadanas. Al menos el día de hoy, no se ven muy interesadas.

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Número 21 - septiembre 2018
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