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Una profecía mexicana

Jueves, 27 de Abril 2017 - 15:00

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El Oso Travieso

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Dentro de la riqueza de nuestra literatura destaca el largo poema de Ramón López Velarde “Suave Patria”, del cual extraigo un par de versos que al correr de los años se han visto como proféticos:

“el Niño Dios te escrituró un establo

   Y los veneros del petróleo, el diablo.”

Los descreídos cuestionarán la escrituración del establo, pero la intervención diabólica en el petróleo queda fuera de toda duda.

Los ecos de la participación de Peña Nieto en el programa Tercer Grado de Televisa todavía retumban, vanagloriándose de la nueva generación de políticos capaces y modernos que encabezaban las gubernaturas de Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo, mencionándolos por su nombre, y a quienes sometía al escrutinio público; paradigmáticos del nuevo PRI, hoy vemos los resultados de la depredación efectuada por dichos personajes y la generalizada impunidad de la cual tenemos unos botones de muestra:

En números redondos en miles de millones de pesos y, con la información publicada, no necesariamente exacta, los desfalcos políticos ascienden a las siguientes cantidades: Javier Duarte 180; Jorge Herrera 4; Fausto Vallejo 17; Rodrigo Medina 3; Egidio Torre 0.34; Alfonso Reyes 4; Roberto Borge 22; Rubén Moreira 160; César Duarte 7.

A las huestes depredadoras priístas, parecen sumarse las fuerzas opositoras de Guillermo Padrés con 30 y Ángel Aguirre con 37; para hacer un total de 464.34 ¡miles de millones de pesos!

Sin contar las evidentes mordidas recibidas por funcionarios de PEMEX, ni las que involucran carreteras y obras de infraestructura, ni administraciones pasadas que nos llevarían a incluir a los Montiel, Ebrad, Monreal y Pejes mayores y menores, podemos afirmar que la manera en la que se han despilfarrado los recursos que nuestra madre Naturaleza empleó millones de años en proveer, es tan absurda e inverosímil como las cantidades que han saqueado, pertenecientes a todos los mexicanos, sin eufemismos, a nuestros abuelos, padres, nosotros, hijos, nietos y bisnietos como mínimo.

Ese despilfarro que sólo exacerba la frustración del Peje tabasqueño, quien se soñó amo y señor de esa riqueza y que hoy se quiere conformar con los escurrimientos que su ambición impidió explotar racionalmente en los momentos de mayor oportunidad.

No cabe duda que atrás de todo este infierno se encuentra la mano del maligno, moviendo cantidad de manos que al creer servirse a sí mismas terminan desgraciando a todo el país, ya que al fin de cuentas, ni a ellos mismos benefician.

Por el otro lado, queda la escrituración del establo, simbolizando el trabajo humilde y honesto del grueso de la población, mismo que, en suma, acarrea a nuestro país mayor riqueza que la generada por los yacimientos, tal como lo muestran los importes de las remesas que superan los ingresos por petrodólares, sin considerar lo que adicione el producto interno que deja pequeños los sueños de los corruptos y que utilizan para garantizar créditos de dónde echar mano para incrementar sus latrocinios que no para beneficiar al país.

La verdadera riqueza se genera con el sudor de la frente, aplicándonos con valores, con esfuerzo, “persiguiendo la chuleta” como lo hace nuestra gran mayoría silenciosa y no se genera con el sudor del de enfrente, como lo hace nuestra privilegiada minoría política.

Es con el trabajo fecundo y creador, con el diario picar piedra para llevar a nuestros hogares el producto de nuestros establos, cuyo producto sumado superará el generado por la corrupción y nos permitirá dormir tranquilos, sin la zozobra en la que parece que ahora van a dormir quienes tienen cola que les pisen.

Es indispensable nuestra participación en la corriente rectificadora de nuestra sociedad.

Primero; continuando con nuestro diario y cada día mejor modo honesto de vivir, de arrimar el hombro a la carreta y sacar al buey de la barranca, administrando con valores nuestro quehacer.

Segundo: inmiscuirnos en la política, no votando por los colores de un partido, sino conociendo a las personas que se nos proponen para ocupar los puestos públicos, dentro de lo posible, enterarnos de sus planes y propuestas, de su modo de pensar y de actuar, de la capacidad que tienen para cumplir lo que ofrecen y apoyarlos.

No conformarnos con leer y asentir, asumir y adoptar sino finalmente, actuar en consecuencia.

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Número 15 - febrero 2018
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