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Un ganador, un golpeador y 4 perdedores

Lunes, 30 de Abril 2018 - 15:30

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Carlos Sagaón Ruiz

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El pasado 22 de abril de 2018 se llevó a cabo (finalmente) el esperado Primer Debate Presidencial organizado por el INE. Un encuentro que contó con un formato actualizado y, desde mi punto de vista, más permisivo para el intercambio de ideas, aunque tiene algunas cosas que pulir para los siguientes encuentros. Este debate dio mucho de qué hablar en redes sociales y dentro de la opinión pública, desde el desesperante titubeo de Margarita Zavala, el poco impacto en el discurso de José Antonio Meade, la mano “mochada” del “Bronco”, las cartulinas de Ricardo Anaya y la tajante salida de Andrés Manuel López Obrador. Como en cada encuentro, surgen las clásicas preguntas a las que cada interesado en el tema (incluyéndome) intenta dar respuesta. ¿Quién ganó del debate?, ¿Quién perdió?, ¿Afecta el resultado a las encuestas? Quiero puntualizar que el siguiente análisis es meramente un punto de vista personal.

Un ganador, desde mi criterio personal, bastante claro. Ricardo Anaya ha destacado en la política por tener una retórica casi perfecta. Sus capacidades como orador dejaban ver que sería un participante destacable, sin mencionar que lo ha demostrado en múltiples ocasiones. Recordemos el sonado debate entre Presidentes de Partidos tras las elecciones de 2016, donde Anaya se viralizó en redes sociales por su contundente victoria ante Manlio Fabio Beltrones, en ese entonces Dirigente Nacional del PRI. En esta ocasión, Anaya dividió su discurso en un enfoque propositivo y claro, contrastando con ataques muy frecuentes a sus adversarios. Fue quien, considero, manejó mejor los tiempos, entonación, lenguaje corporal y apoyos visuales, mismos que han formado parte del peculiar estilo de Anaya para debatir desde sus inicios.

Un golpeador, que no tenía otro objetivo en el debate. Jaime Rodríguez “El Bronco” es de los pocos contendientes que logra su cometido: Darse a conocer. Hasta antes del debate, su fama se concentraba únicamente en estados del norte de la República. Utilizó su cruda irreverencia para generar escándalo entre los votantes y conectar algunos golpes contra sus rivales, aunque sin resultar propositivo más que con su polémica propuesta de dejar mancos a los criminales, la cuál ni siquiera es pertinente para analizar. Hoy en día, aunque con una victoria casi imposible, “El Bronco” ha logrado quedar en la memoria de todo el país, positiva o negativamente.

Cuatro Perdedores. La primera de ellas, casi por unanimidad. Margarita Zavala tenía la oportunidad de convencer a los panistas inconformes con Anaya. Su falta de experiencia en debate, sus lagunas de información y su incapacidad de deslindarse de la administración de su marido terminaron por dejarla como la contendiente más débil y la más reprochada por los espectadores.

El segundo de ellos, el tabasqueño “Anti-Sistema”. Obrador sufre una derrota innegable. Se vio falto de propuestas, de claridad e incluso, de interés. Percibí un Andrés Manuel incómodo, planteando argumentos muy superficiales, exhibiendo su claro descontento con este tipo de ejercicios. La derrota de López Obrador no representó un problema mayúsculo, pues perdió únicamente uno o dos puntos porcentuales tras el debate, depende la encuestadora. Le ayudó el haber conservado el temple y evitar enojarse, pero esto no lo hace, ni de cerca, un posible ganador, como el mismo presume. Si contamos con una mano la cantidad de veces que Andrés Manuel contestó claramente a sus adversarios o incluso a los moderadores, nos sobran dedos...y muchos.

José Antonio Meade es, para mí, el tercer perdedor del debate. Si a argumentos nos referimos, Meade fue uno de los más completos. Se le vio propositivo y, dentro de lo que cabe, seguro. No obstante, su lejanísimo tercer lugar requería un desempeño sobresaliente en el debate y no haber salido solamente “bien”. Creo que, en un debate de esta magnitud, la experiencia no es lo único que suma. El gran problema de Meade es su falta de proyección y capacidad persuasiva. Aunque es totalmente aplaudible su experiencia política, Meade no levanta en sus discursos, aunque no son malos. No levanta en sus spots, aunque están bien hechos. No levanta con sus propuestas, aunque reflejan su conocimiento. En el debate, tampoco levantó, aunque tenía buenos argumentos. Una buena idea, si no se expone adecuadamente, difícilmente es tomada en cuenta.

¿Quién es el cuarto perdedor?

Nuestro país. Los mexicanos. Usted, que lee estas líneas y yo, que las escribo. Independientemente de las preferencias, tenemos una nación cuyos ciudadanos en su mayoría pensamos que el líder del Ejecutivo, sea quien sea, será capaz de resolver todos y cada uno de los problemas del país. No ha sucedido en ningún lugar del mundo. No pasará en México, ni en 2018, ni nunca. Aunque contribuyen desde la oficina con su destreza política, la cual debemos analizar cautelosamente para la elección, no es responsabilidad de Zavala, de Meade, de Anaya, de Obrador o de Rodríguez redimir la escasez de valores y civilidad en la que vivimos. Nosotros, como ciudadanos, debemos entender que el único voto que podrá hacer a México el país que todos nosotros merecemos es el voto del cambio, pero el cambio en nuestra forma de ser y de pensar. Sólo entonces la sociedad mexicana podrá decir que ha elegido bien y no quedarse con la misma interrogante que surge cada vez que elegimos a nuestros representantes:

¿Qué nos depara a los mexicanos?

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Número 17 - abril 2018
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