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Un fracaso llamado Mikel

Miércoles, 14 de Febrero 2018 - 15:30

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Jaime Guerrero Vázquez

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Es difícil entender cómo fue que el PRI decidiera lanzar a un no-político como Mikel Arriola Peñalosa (MAP) como candidato a la Jefatura de Gobierno. Se trata de un hombre ligado a proyectos financieros y burocráticos en los que, por cierto, tampoco destacó. Se ha especulado que los políticos como José Narro o Aurelio Nuño simplemente no quisieron pasar el trago amargo de perder en la CDMX y simplemente se buscó a alguien que no tuviera nada que perder. Sobre esta idea –“nada que perder- , volveremos más adelante. Otros, especularon con la posibilidad de que un perfil ciudadano atrajera a un sector de la ciudadanía capitalina, harto de los políticos.  Si este último fuera el caso, tal vez hubiera sido conveniente proponer a una persona ligada a cuestiones sociales, incluso se podría haber ofrecido la candidatura a alguien sin relación con el PRI, pero relacionado con derechos humanos u otra actividad que lo vinculara con el trabajo comunitario o cultural. Parece que era demasiado pedir.

El PRI en la capital está prácticamente borrado desde 1997. Desde entonces no ha encontrado cómo re-crearse y hoy está en manos de grupos que representan mucho de lo peor de la clase política tricolor. No puede soñar en ganar una elección para la Jefatura, pero al menos podría tratar de dar una imagen diferente, más allá de los números; una imagen que le ayudara más adelante a hacer un proyecto de ciudad que al menos los pusiera en el mapa. También esto parece alejado de las aspiraciones del PRI.

Con este panorama y tantos problemas como los que sufre la CDMX no se entiende que Mikel Arriola haya escogido para su cierre de precampaña los matrimonios entre personas del mismo sexo y la despenalización de la mariguana, dos temas en los que buena parte de la ciudadanía capitalina se ha posicionado a favor. Es lamentable que la única declaración relevante de toda su campaña le haya servido para alinearse con lo peor de la Iglesia católica, la parte más retrógrada que representa el jubilado cardenal Rivera; parte por parte, el posicionamiento de Arriola va en contra de los derechos de las personas. Primero, defiende el derecho a la vida desde la concepción, lo que no sólo revela ignorancia, sino un prejuicio fuerte contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo; segundo, al hablar en nombre de las familias se olvida que las hay de todos los tipos, desde la tradicional hasta la monoparental o las familias de padres del mismo sexo, entre otros tipos de familias. Tercero, duda de la capacidad de las parejas del mismo sexo para criar niños, con lo que rescata otro prejuicio sin ninguna base. Sobre la mariguana habría que señalar que no se conocen personas que hayan fallecido por esta hierba, a diferencia del alcohol o el tabaco, que son legales. Su postura va en contra del avance en el mundo (Estados Unidos, Países Bajos y Uruguay, etc.) acerca de la aprobación de la mariguana para fines lúdicos, un negocio sin muertos y que produce millones de dólares.

Como se ve, Mikel Arriola, el candidato “sin nada que perder” ha perdido lo poco que podía demostrar: imaginación.

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Número 21 - septiembre 2018
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