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Un asunto de miedo

Martes, 01 de Mayo 2018 - 15:30

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Luisa Ruiz

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Ni la Fiscalía Anticorrupción, ni la eliminación del fuero tendrán inicio, seguimiento o ajuste en tanto no se sepa cómo harán ganar a quien convenga a los intereses de la clase política instalada. Seguirá detenido cualquier proceso que, en su momento, estaría en contra de los que a toda costa quieren el poder.

La asquerosa campaña entre los candidatos, no es tema que aliente a los ciudadanos, es pleito personal entre cinco y sus partidos. Es el miedo que siembran y el peligro al que nos enfrentamos todos los días en las calles porque no sabemos de dónde llega la bala disparada por esos cinco; estamos siendo blanco de las balas perdidas a causa de sus embates. ¡Qué pobre forma de mostrarse, qué indignante quinteto, qué manera tan burda de burlarse de los mexicanos!

Hay uno que ya ni quiere ser presidente y lo están obligando, se ve, se siente Meade no quiere ser presidente. Para que gane, aunque no quiera, habrá que secuestrar más gente, desaparecer otros tantos, delatar a los más posibles y todo, con marca registrada de otro partido

El primo de uno, el compadre del otro, el compromiso de cada uno con alguien y el favor que deberá pagarse, son la preocupante de los candidatos. Los designados para formar el próximo gabinete presidencial, son la batiente que pone en duda la decisión de los ciudadanos; cada uno, llamó personajes que, lejos de ayudarlos los hunden, prueba fehaciente de que, en México, solo hay políticos de cola muy larga.

No hay un primer lugar, aunque las encuestas marquen lo contrario. Los candidatos saben que no avanzan, saben que la puerta para pasar es muy angosta y están atorados en la entrada; por esa puerta pasará el más delgado, el que logre ponerse a dieta en la retórica gastada y absurda o el que sucumba ante el sistema.

La visión de los ciudadanos informados, va muchos pasos adelante de las irrazonables promesas de campaña. Con toda desgracia para México, solo se han presentado cinco ejemplares para representarnos ante el mundo y la decisión de cada mexicano, será marcada con miedo, igual de inseguro el voto como inseguro es vivir en tiempos en los que la capacidad de asombro se extingue.

El miedo se ha introducido en las oficinas de gobierno, en los escritorios burocráticos, en las sobre mesas de los empleados gubernamentales de todo nivel y partido. Separarlos de sus cargos por no apoyar abiertamente a los candidatos correspondientes, quitarles apoyos o amenazarlos con perder los empleos es una recurrente en las oficinas en las que se pueden encontrar personas muy valiosas, congruentes, de vocación y espíritu de servicio y son muchos de ellos, quienes están en la barrera entre en miedo y la ceguera.

El miedo también lo tienen los candidatos y sus partidos. El gobierno nos amenaza como las grandes empresas los amenazan a ellos, “si no gana tal, me retiro de los negocios” “si gana tal, me voy del país” argumentos que están utilizando para asustarnos a nosotros.

La corrupción también es la amenaza, la intimidación y la obligación a que son expuestos buenos empleados. Si los candidatos abogan por terminar con la corrupción, no lo están haciendo por el camino correcto; los ciudadanos no hablamos solamente de robos millonarios, de malversación de fondos o de evasión de impuestos, hablamos de la corrupción que pone en riesgo la estabilidad emocional, física y económica de cada uno.

Las alianzas también son corrupción, no por gusto se incrustan donde no quieren, hay un precio a pagar y un favor en deuda. Declinar o recorrerse para que quepa el otro, también es corrupción, no son gestos de solidaridad con el país, son garras económicas y de poder.

Si se llegara a unir Anaya y Meade solo por querer derrotar a López Obrador, la guerra con y entre el crimen organizado alcanzaría niveles no conocidos. Sería revolver a los militantes, obligarlos a “ser amiguis”, se enfrentarían los cárteles de un partido contra los cárteles del otro, empresarios contra el gobierno y todos juntos contra el pueblo, razón por la que la eliminación del fuero tampoco puede existir.

La fiscalía Anticorrupción tenía elegidos a cuatro personajes, uno de ellos, ocuparía el cargo que terminaría en diciembre del 2018; llegan las elecciones, terminará 2018 y el cargo de Fiscal seguirá vacío. No es conveniente para el gobierno actual, que la Fiscalía se establezca; aún no han pactado con los implicados, no han terminado de maquillar cifras y esconder los dineros. Mientras las cuentas no les cuadren, no habrá Fiscal.

La contienda entre los cinco arriba del ring imaginario se vuelve casi emocionante, divertida, interesante y estaría a punto de aplaudir, echar porras y gritar majaderías como en función de lucha libre si no fuera porque, uno de esos, será el presidente de México y la elección en un país tan lastimado, es un asunto extremadamente serio.

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Número 18 - mayo 2018
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