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Trudeau y el baile de máscaras

Lunes, 16 de Octubre 2017 - 15:00

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Jaime Guerrero Vázquez

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Si alguien esperaba que el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, aclarara cómo van las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) y cuáles son las posibilidades de que se apruebe, se quedó esperando. Lo que sí vino a hacer es lo que mejor hace: ser políticamente correcto. Por supuesto, no se duda que Trudeau es un político de avanzada (cualquier cosa que signifique eso hoy día), pero, como cualquier político, cuida sus espaldas. Habló de las cosas que debía para causar buena impresión a un público que, a veces, parecía un tanto naif, pero sin establecer ningún compromiso.

Señaló que para que el TLC se modernice (otra vez: cualquier cosa que eso signifique), son necesarias “normas laborales justas y progresistas, con mejores salarios y trabajos en la región.” Touché, es cierto, pero no mencionó ni una vez las condiciones que tienen las mineras canadienses. Un reportaje de Reporte Índigo[1] da cuenta de lo que muchos han señalado, entre ellos el Comisionado para el Diálogo con los Pueblos Indígenas, Jaime Martínez Veloz. Dice índigo:

“… empresas mineras canadienses han perpetrado violaciones a derechos humanos en localidades enteras en México. En mayo de 2017, alrededor de 230 pobladores, entre ellos mujeres y niños, de La Colorada, comunidad de Zacatecas, fueron obligados a dejar sus hogares a punta de fusil por parte de la empresa canadiense Panamerican Silver.

Familias que habitaban 47 viviendas fueron desalojadas, aun cuando contaban con un amparo que les permitía permanecer en sus hogares. Los agraviados denunciaron al personal de la minera por saqueos y maltrato, incluso hacia sus animales domésticos.

Pero aquella, no era la primera ocasión que una localidad zacatecana vivía un desplazamiento de manera forzada. En el 2016, pobladores de Salaverna fueron obligados a dejar sus hogares por la empresa Frisco, subsidiaria de la canadiense Gold Corp. Inc. El desalojo ocurrió después de que la gente se opusiera a la explotación en la mina de cobre localizada en el municipio de Mazapil, al noreste de la entidad.”

El reportaje da cuenta de que no es el único caso. Gracias a un acuerdo fiscal establecido en la época del presidente Calderón, las mineras canadienses pagan 1% de impuesto sobre lo extraído. Gracias a esto, sus crecimientos son de 270%. Más de dos mil millones de dólares de beneficios y un trato que ni respeta los derechos humanos, ni los salarios y dividendos de las comunidades.

Eso sí, en su visita Trudeau cautivó al amable público mexicano. De pronto, parecía que se regresaba al día en que John Kennedy visitó México y la gente salió en masa a aclamarlo. Esa nación sesentera, todavía risueña y viviendo el “milagro mexicano”  y con el encanto de los provincianos que saludan a los hombres poderosos que vienen a decir verdades que ya se sabían. Tal vez el colmo no fue todo esto, sino la aclamación de aquellos que pueden resolver los bajos salarios y los derechos humanos, pero que simplemente no dicen esta boca es mía. En redes, alguien preguntaba si algún día tendremos un presidente como Trudeau. Es posible, seguro será cuando se deje atrás el candor y se intente hacer política en serio.

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Número 12 - noviembre 2017
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