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¡Toques, toques y mucha salud!

Lunes, 29 de Enero 2018 - 15:00

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Federico Cabrera

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¡Mexicanos!, sabed:

Érase que se era, un país imaginario. Cuasi el paraíso. Donde vivía un güerito retozón quien gustaba de jugar al “Turista”. Y más se regodeaba al contemplar en “su tablero” todo el territorio nacional, -“Su Territorio” herencia de papi- y sus 32 entidades con su inconmensurable potencial y belleza que desbordaban la imaginación del chamaco, “Todo era Territorio pa’ él”.

Resulta ser que un día de tantos -y luego de fumarse su churro mañanero de rigor-, el chamaco acudió al llamado de destacados académicos para echarles un choro sobre sus más recientes sueños pachecos. Cual novillero, Er niño de la capea se lanzó al ruedo para calmar sus ansias de chacoteo ante el dilecto auditorio.

Sin percatarse de dónde se encontraba, pero sabiéndose Semper Alapari, se aventó una de sus más dilectas ocurrencias y a usanza de los años setenta dijo: “Que sólo los caminos se queden sin sembrar…”; vamos a alfombrar con mota todo el Territorio Nacional y a terminar de una vez por todas con la manzana de la discordia. Esa por la que tantos y tantos se han venido matando con tal de sembrarla, poseerla, mercarla y fumarla. “La tierra es de quien se la fume, y la martuchita también". La Santa Hierba es y debe ser propiedad de la Nación y la vamos a hacer nuestra. (Todo ello dicho, a manera de estricta “opinión personal". Jamás en su papel de “jugador de turista” (nomás faltaba). Si nos han de quitar el “TLC”, nosotros les vamos a aplicar el THC (Tetrahidrocannabinol). ¡Ah, qué caray!

Y siguió: "¡Se ve, se siente! Chúpenle pa’fuera y sóplenle pa’dentro” que fumar de ésta –si es de la “buena”–, ¡no hace vicio, sólo da contento! Aquí les traigo el remedio para todos sus males y dolencias: pa’ las reumas, pie de atleta, disfunción eréctil, anorgasmia, prurito, pena ajena, nostalgia, decepción, indigestión preelectoral, diarrea, constipación, dolor de muelas u hongos y uñeros enterrados. El ¡Ay, Nanita!, tiemblen los cárteles y el crimen organizado y el desorganizado.  

Puede usted fumarla, untarla y hasta comerla con toda confianza. ¡Tómela, llévela! ¡A diez baritos el guato! Diez pesitos le vale, sólo diez pesitos le cuesta. Pura colita de borrego, sin semilla y bien selecta. No deja tufo ni aliento y tampoco le dilata la pupila. Y sobre todo, no tiene efectos secundarios –ni preparatorios-. No altera la conciencia ni mucho menos la existencia; y lejos de provocar alucinaciones o conductas agresivas, brinda a todo consumidor las más brillantes ideas sobre un mundo ideal de ¡Paz y Amor!

La Sabia Hierba –cofre de todas las filosofías y compendio de todas las religiones- y sus derivados –all purpose- es producto de nuestra herbolaria ancestral y hoy, gracias a la síntesis de la química más moderna, estará al alcance de todos los bolsillos.

¡Aplican Restricciones!

Por tratarse de una etapa de “lanzamiento”, al principio estará únicamente disponible en tiendas “Duty Free” en nuestros destinos turísticos. Previa presentación de pasaporte vigente y pase de abordar para extranjeros, y credencial del INE para connacionales. Quienes aún no la tengan, pueden adquirirla vía el Padrón Nacional, para su venta en distintos puntos de Tepito y La Lagunilla, de la CEDEMEAQUIS.

No cabe duda que el chamaco “la bordó”. Ya se sentía el Birján -Dios de todos los juegos que “el azar” pudiese haberle tendido a su desventurado país- y quien, desde su tablero turístico podría jugar con los destinos y las “Políticas Públicas” según sus anchas ganas y angostas ideas.

Mas, ¡oh fortuna ingrata! ¡A callar! Bastó un manotazo sobre la mesa por parte de papá –no aquél Todo Poderoso de la Renovación Moral y posteriormente “acusado” de demencia senil, y jamás defendido, por insinuar desvíos de la “partida secreta”–, sino por parte del papá de la Academia de la Lengua, quien “no ha volvido” a tener quien le supere en las artes de palabrear.   

Ya bien “encarrerado” o “apachecado” el turístico chamacón todavía se aventó la supina idea de que “…está ¡científicamente! comprobado –bolas- que la mota es mucho menos adictiva que el alcohol y el tabaco…” (Sic. Que Sic.) y que ya era el momento de dejar de lado añejas discusiones “sugiriendo” –sin obligar- a que cada quién prenda su guato y se lo culimpine con total libertad; excepto en lugares señalados como “libres de humo”.

Cuentos al margen, al chamaco se le olvidó –si es que cursó la secundaria- echarle un ojo a sus apuntes de química de tercer grado y percatarse que, así como entre los perros hay razas y entre los “migrantes” no todos son “mulas” o “traquetos”, entre “sustancias” hay grandes diferencias bioquímicas.

“Haigamos fumado lo que haigamos fumado”, este Viene-Viene y otros diletantes y consuetudinarios usuarios de “sustancias” sabemos que, tanto en su estructura, como en su “patada” hay una gran diferencia entre la Nicotiana Tabacum (Sustancia base de los cigarrillos a base de tabaco), la Cannabis Sativa (Base de la motita, “pelos de elote”, “Acapulco Golden”, “Sin semilla”, “martuchita pachentera” y derivados), la Benzoilmetilecgoninga (Base de la muy popular Coquita) y el Etanol (Base de las “bebidas con etanol”, término más apropiado que el de “bebidas alcohólicas”; “alcohólicas” son las féminas quienes padecen el “síndrome de dependencia al etanol”). Las “Bebidas Alcohólicas” están catalogadas en la Ley General de Salud “vigente” en los Estados Unidos Mexicanos como “aptas para consumo humano” siempre y cuando el Etanol lo contengan en una proporción del 2% al 55% en dilución en volumen.

Cátedra de química elemental y Sub Judice (cosa opinable) también al margen –y no dictada por este Viene-Viene- sino por quienes acreditan saber, se sabe ya que las “comparaciones pedestres” entre sustancias, son recursos muy manidos y manipuladores. O como decimos los pelados de banqueta: son “cobijas muy meadas”.

Hasta entre las mal llamadas “bebidas alcohólicas” -fermentadas como la cerveza y el vino, y destiladas como el ron, la ginebra o el whisky, entre muchas otras- hay diferencias en cuanto a su metabolización (Dice La Madre: “…reacciones químicas que efectúan las células de los seres vivos, con el fin de sintetizar o degradar sustancias”).

Ejemplito al vuelo, desde la butaca de este Viene-Viene:

En los años 90’s –este tecleador pudo, si no demostrar, sí sustentar- ante las autoridades de salud, lo necesario para que se “discriminara” entre la venta y consumo de “cerveza” y “destilados” en los estadios y centros de espectáculos.

Id. Est. Para que durante la celebración de un partido de futbol un espectador se ponga en “estado burro” a base de cerveza, le cuelga. Desde que pide su cerveza al “cubetero”, éste se la sirve en desechable, le cobra; el bebedor se la toma, pide otra, va al baño donde hace cola y otras cosas; regresa y se dispone a seguir libando. Ya se le fueron los 90 minutos de juego, más quince de intermedio. Difícilmente se podrá beber el equivalente a un “six-pack” de chelas. Mientras que, si tiene a su alcance destilados, como brandy o tequila -que en su momento se podían comprar “envasados” en bolsitas de 43ml–, en menos de 10 minutos, el chupador podría alcanzar niveles de alcoholemia en sangre, suficientes para ponerlo “hasta las manitas”. Y entonces sí, desatar broncas campales en cualquier estadio o foso para espectáculos. (Casi, casi, materia de “Seguridad Nacional”).

Pa’ entendernos: aunque un “trago-estándar” (aceptado por la misma Organización Mundial de la Salud) contenga 14gr aprox. de etanol, tanto en un bote de cerveza, como en un “caballito” de tequila, será muy diferente el proceso de metabolización entre un producto y otro. Como quien dice, no es lo mismo echarse una “chela” en determinadas condiciones, en determinado entorno y en determinadas cantidades, que empujarse un “shot” directo de destilado –sobre todo, mezclado con “bebidas energizantes”- entre pecho y espalda. No es sólo lo que “te metes” (sustancia), sino quién, cómo, cuándo y donde te lo metes.

¡No es lo mismo “volvido” que “vuelto” a empezar a aprender a “ler”! Lo anterior lleva jiribilla para los tozudos y obsesos de rezarle a la “legalización” de las “drogas” (Sic.) vía la “oración atea de conocimiento” de utilizar como referente la “época de la prohibición” de los años 20-33 del alcohol en los Estados Unidos. Aquella “ocurrencia” cuáquera del senador Andrew Volstead (Prohibition Act, 1919), vigente entre el 16 de enero de 1920 al 5 de diciembre de 1933, tuvo sus nefastos efectos y la gestación y detonación de las peores mafias y crímenes organizados y desorganizados del Siglo XX. Así como la etapa del cardenismo vió las suyas en territorio mexicano, cuando se instituyeron los conocidos “picaderos” en México. Verdaderos ghettos para conminar “adictos” a “drogas duras” en zonas de tolerancia. ¡Todo un fracaso!

El caso es que hoy –por hoy, como dicen los dilectos- y mañana por mañana, como entendemos los “pelados”, México no son los Estados Unidos de los años 20-30; ni las “sustancias”, sus componentes, derivados, usos y costumbres; mercados y consumidores, tampoco son comparables. Como tampoco lo son realidades –por ejemplo- entre ciudades como Denver, Colorado, y la CEDEMEAQUIS o no SEMEDEAQUIS, la otrora Ciudad de México y de mis recuerdos. Aquí en este mundo, en este México, en el 2018 y “calenturas electoreras” al margen, la cosa es muy distinta y amerita infinidad de revisiones, análisis, estudios, sustentación y demostración –ahí sí, con Bases Científicas- antes de expeler aire por la boca y otros orificios.

No es posible que “propuestas” o “insinuaciones” sobre “Políticas Públicas de Salud” anden en boca de desbocados. Por mucho que se sientan los “dueños del tablero” y del “tablao”.

A mejor entendedor y aludiendo al inmortal “Brindis del Bohemio”, podríamos decir: “Brindemos por el Año que comienza, porque nos traiga ensueños…”. A este Viene-Viene -como dicen los “alumbrados”- “le queda claro” que "no es lo mismo borracho, que cantinero”.

¡SALUD!

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Número 22 - Octubre 2018
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