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Tijuana, el segundo debate y Trump

Martes, 22 de Mayo 2018 - 15:00

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Stephanie Henaro Canales

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A pesar de que el tema del segundo debate fue “México en el mundo”, los que lo vieron no me dejarán mentir al decir que probablemente el título más adecuado debió haber sido “México, Trump y Estados Unidos.” Porque es a partir de ahí, que a mi parecer, se derivan muchas cosas.

Lo primero que hay que notar es que por primera vez el debate, entre los candidatos presidenciales, se llevó fuera de la Ciudad de México. Tijuana es frontera y, simboliza como ninguna otra, las contradicciones, tragedias y éxitos de la relación entre México y Estados Unidos, y las diferentes realidades en que ésta se vive. Partiendo desde el hecho de que, por primera vez, fuéramos los capitalinos los que tuviéramos que adaptarnos a otro huso horario para poder ser espectadores del evento. Porque generalmente, sucede lo contrario y por lo que se puede decir que si se quiere entender a “México en el mundo”, primero hay que entender a “México con Estados Unidos”, y para mí, ese fue el mensaje que nos dio Tijuana.

Ahora bien. Lo segundo que hay que tomar en cuenta es que el hecho de que esta relación sea parte fundamental de nuestro nacionalismo y que sirva de una manera extraordinaria para ganar votos no permitió, desde mi perspectiva, que los candidatos se salieran de sus guiones y que a cambio dejaran de lado temas importantes para la posición de México en el mundo cómo lo son la recalendarización del TLCAN, el tipo de cambio y la reelección de Nicolás Maduro en Venezuela.

El tema de la relación con Estados Unidos parecía girar más en torno a la relación con Donald Trump que con una nación entera y los guiones de los candidatos sonaban con ecos de la doctrina “López Portillo” en donde “lo más importante para los países débiles es exigir el respeto de los poderosos.” Siendo esto cada vez más difícil cuando hay economías tan asimétricas de por medio. 

Tijuana, ciudad en donde se encuentra el cruce fronterizo más transitado del mundo, como sede del segundo debate, cumplió con su función de recordarnos la importancia de la relación con Estados Unidos para la vida nacional y del impacto que ésta tiene en las ciudades fronterizas. Los candidatos cumplieron con recordarnos que esta vez todo gira en torno a Donald Trump y que, a pesar de que se diga lo contrario, en esta ocasión la política interior tiene mucho de exterior.

El mandatario estadounidense se convirtió en el villano que los candidatos utilizaron para ganar votos incendiando nuestro nacionalismo. Sin embargo, se les olvidó agradecerle el haber puesto a los migrantes en el centro de la agenda política de México porque si él no lo hubiera hecho en la de Estados Unidos, tal vez nadie lo hubiera hecho en México.

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Número 19 - Julio 2018
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