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Selección mexicana de fútbol: reflejo del país

Jueves, 27 de Julio 2017 - 15:00

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Claudine Moya Ponce

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El desempeño del TRI en los torneos de este verano ha ocasionado un descontento multitudinario. Sin embargo, a pesar del clamor general por la destitución de Osorio, éste recibe el respaldo de la Femexfut. Francisco Gabriel de Anda, comentarista para la cadena ESPN, señala dos problemas con Osorio: que no tenía las credenciales para dirigir una selección nacional y que su desempeño hace evidente su incapacidad de aprender de los fracasos.

Lo más triste es que la situación actual del TRI no es una excepción en el país, es reflejo de lo que ocurre en otras esferas de la vida nacional. Si tomamos los comentarios de Francisco Gabriel y la actitud de la Femexfut, y los trasladamos al ámbito empresarial o político, veremos que embonan a la perfección:

No tener las credenciales requeridas para dirigir. En México se tiene la arraigada costumbre de poner a los amigos y familiares en puestos clave, sin importar si tienen los conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para el puesto. Solo hay que ver al presidente Peña intercambiando funcionarios de su gabinete y privilegiando a sus allegados. En el sector empresarial, el desempeño mediocre de muchas micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) se debe, en gran parte, a la falta de habilidades directivas de sus dueños. La mayoría de éstos saben hacer o vender un producto, pero no cómo dirigir un negocio y son incapaces de delegar la dirección a alguien adecuado. Según el INEGI, las MiPyme representan el 99% de las empresas del país, aportando el 52% del PIB y el 72% del empleo formal. Así, gracias al gobierno y a las MiPyMEs, México está en manos de improvisados, cuya incapacidad mantiene estancada la economía de un país con bastos recursos.

No aprender de los errores. En este país la autocrítica es casi inexistente; todo mundo se cree perfecto e infalible o, peor aún, culpa a otros por lo que le pasa. Solo voltea a ver a tus compañeros de trabajo y revisa cuántos de ellos tapan sus errores o ven la manera de colgárselos a alguien más. Así, los jefes culpan a sus empleados y los empleados a sus jefes o colegas de trabajo. Mucho se invierte en buscar o linchar al culpable y poco en encontrar una solución.

Quien no reconoce sus errores, se estanca en un círculo vicioso de fracasos y culpas (como ocurre actualmente con el TRI). ¿Por qué el país no prospera? ¿Será porque siempre votamos pensando con la tripa o porque nos creemos los cuentos de hadas que nos dicen los políticos? ¿Será porque los grandes empresarios, al igual que muchos mexicanos de clase baja, mientras “ahí se la vayan llevando” (i.e., vendan) y saquen “para lo de la semana” (i.e., mantener cierto estilo de vida) no ven por qué mejorar? Quien no aprende de los errores, no crece y solo puede aspirar a la mediocridad.

Respaldar el mal desempeño. El principal argumento de quienes defienden a Osorio es su marca ganadora con el TRI. Sin embargo, basarse en los resultados sin evaluar cómo se lograron, es ignorar el fin último de la actividad que se realiza. ¿El fin último del fútbol es dar una buena experiencia deportiva a la afición, ganar partidos sin importar si jugaron feo, o ganar dinero? Si no se da una buena experiencia deportiva, no hay afición y sin afición no hay dinero. Lo mismo ocurre en cualquier otro tipo de negocio: su misión o razón de ser (y las propias empresas así lo declaran) es proporcionar un cierto producto o servicio; si se hace bien, entonces hay utilidades. Por tanto, el dinero es resultado e insumo del negocio, no el fin. Quien solo busca el resultado económico, tarde o temprano da un producto de mala calidad y recurre a engaños para vender. Con tales prácticas, a la larga, no hay negocio.

El fútbol se debe a su afición, las empresas a sus clientes y los políticos a sus votantes. Si lo anterior se olvida, la Femexfut ofende a la afición (como lo está haciendo ahora), las empresas maltratan a sus clientes y los políticos ignoran a sus votantes.

Ante un panorama así, es normal que cualquiera se sienta enojado al pensar que no puede hacer nada para quitar a Osorio, al jefe nefasto o al político corrupto. Sin embargo, en palabras del Dalai Lama, “si crees que eres demasiado pequeño como para hacer la diferencia, intenta dormir con un mosquito”.

¿Qué ocurriría si la afición mexicana organiza un boicot contra Osorio y deja de ir a los estadios o de ver los partidos por televisión? ¿Qué le ocurre a una empresa si se queda sin clientes? ¿Qué les ocurre a los políticos si la gente deja de votar por ellos? Si no reconocemos nuestra importancia (como afición, clientes o votantes) y no aprendemos a organizarnos para ponerle límites a empresas y políticos abusivos, éstos seguirán haciendo lo que les venga en gana. “El valiente vive, mientras el cobarde quiere”.

El cambio no es fácil; requiere organizarse, pensar estratégicamente y perseverar. Pero algo es seguro: “al cliente lo que pida” (o lo que acepte). Si aceptas mugre, te seguirán dando mugre.


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