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Se encamina la definición de la sucesión en Chiapas

Martes, 30 de Agosto 2016 - 17:00

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Guillermo Vázquez Handall

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A pesar de que pareciera que todavía falta tiempo, el proceso sucesorio gubernamental en Chiapas empieza a definirse anticipadamente.

En ello median dos factores esenciales: el posicionamiento popular en busca de las simpatías y la construcción de alianzas, sobre todo con los poderes fácticos nacionales.

Si a esto le sumamos que la elección en Chiapas es coincidente con la presidencial, mucho influirá quiénes sean finalmente los candidatos presidenciales, porque en su momento eso tendrá necesariamente un impacto definitivo, en la selección y designación respectiva en la entidad.

El gobernador Manuel Velasco impulsa dos proyectos a nivel local y uno en el ámbito federal. En el local, que de suyo es un escenario limitado, tiene a Eduardo Ramírez, líder del congreso estatal y al alcalde de la capital Tuxtla Gutiérrez, Fernando Castellanos.

En el nacional, al senador Luis Armando Melgar, quien desde tiempo atrás ha logrado un posicionamiento propio, gracias a una efectiva combinación de desempeño y relaciones que le otorgan respeto y una perspectiva privilegiada.

Ramírez y Castellanos carecen de otros respaldos, están confinados y por ello restringidos, además el segundo carga sobre sus hombros su cuestionado triunfo electoral sobre Francisco Rojas, quien representó a Acción Nacional en esa contienda.

Lo irónico del caso es que ahora Castellanos está tratando de encaminar su aspiración a la gubernatura a través del PAN, con base en la alianza que sostiene con el senador Roberto Gil Zuarth, de origen chiapaneco.

El asunto es que si finalmente se lleva al cabo la coalición entre el PAN y el PRD por la candidatura presidencial, la lógica apunta a que sucedería lo mismo a nivel estatal.

En esa posibilidad, la decisión tendría que dirimirse entre Fernando Castellanos y el senador Zoe Robledo, quien es hasta ahora la carta perredista para la postulación.

Por otro lado, con todo y que se mantiene la expectativa en torno a la eventual participación del empresario Rómulo Farrera por la vía independiente y de la diputada María Elena Orantes, por Movimiento Ciudadano, en ambos casos sus posibilidades se perciben muy endebles.

A la lista hay que sumar a dos priistas, el senador Roberto Albores y a Jaime Valls, cuya estrategia es la misma: colgarse literalmente del apoyo de una figura preponderante del círculo rojo priista apostando por una imposición en su favor.

Albores tiene cierta cercanía con el secretario de Hacienda, Luis Videgaray y una relación de amistad con el presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza. Por su lado, Jaime Valls es cercano al secretario de Desarrollo Social y eventualmente precandidato presidencial José Antonio Meade.

Sin embargo, Melgar Bravo es todavía más cercano a los tres personajes; de hecho, no es ningún secreto toda vez que ha trascendido que todos ellos inclinan por su postulación.

Esto presupone dos escenarios: Jaime Valls no se vería beneficiado ni siquiera si Meade Kuribreña fuera el abanderado priista y tampoco Albores tendría el favor de Videgaray y Ochoa Reza.

De hecho, podemos anunciar anticipadamente que Roberto Albores será próximamente invitado a formar parte de la nueva dirigencia nacional priista que preside Enrique Ochoa; aunque esto se interpreta como una compensación, que no significa para nada un mensaje de respaldo.

No sólo por su pobre posición en las mediciones de popularidad, sino también por el peso que implica la cuestionada y polémica actitud de su padre, el ex gobernador, expulsado del partido, Albores es un agente que representa los intereses del ex gobernador Juan Sabines, a quien debe su carrera y lealtad y quien ve en Albores al elemento mediante el cual pueda recuperar influencia.

Considerando que en la coalición PRI-Verde por la candidatura para la gubernatura, es el partido Ecologista quien lleva la parte más importante, se entiende que el candidato deberá de salir de esas filas.

Bajo ese punto de vista, Albores estaría en franca desventaja, no tiene el tamaño suficiente para imponer ninguna condición, más aún si los apoyos que persigue no le son exclusivos.

En cambio Luis Armando Melgar, senador por el Partido Verde, se mueve entre los priistas como uno de los suyos, de hecho en la práctica esta considerado como tal.

Estas coyunturas que funcionan como filtro, colocan a Luis Armando Melgar como el contendiente con más posibilidades reales en el último tramo que resta para la designación -sin lugar a dudas además de su popularidad que se va acrecentando consistentemente en la entidad-, es quien cuenta con más apoyos y de más peso, sobre todo de los poderes fácticos nacionales.

Por esa razón y porque a Melgar Bravo, que no es parte de camarillas sino más bien tiene una perspectiva plural, se le percibe como el único capaz de unir en torno suyo a los demás aspirantes.

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Número 21 - septiembre 2018
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