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“Ricky, Riquín” quijada de cristalín

Martes, 19 de Junio 2018 - 15:30

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Israel Aparicio

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El candidato a la presidencia de la república por el Frente de Partidos, Ricardo Anaya, se presentaba como un brioso pugilista político de estilo estético, con golpeo contundente, oratoria y gancho al hígado poderoso, además de una natural movilidad propia de su juventud. El problema con este talentoso y prometedor esteta político, era su frágil quijada, que emulaba al excampeón mundial mosca, Humberto “La chiquita González”, que perdió una pelea trascendental cuando fue noqueado por su rival al detectar su “talón de Aquiles”.

Antes del segundo debate se recordaba en la fanaticada electoral, el gran desempeño de “Kid Anaya” en el primer encuentro entre candidatos, por ello su equipo de campaña mostró un spot donde entrenaba con camisa, algunos japs y uppercuts en la pera de box. Los analistas y comentaristas auguraban una segunda victoria, en contra de sus oponentes, en especial contra el más veterano pugilista, que lució sin pegada en el primer debate, limitándose a realizar clinchs para sobrevivir a los ataques por momentos inmisericordes.

Lo que no mostraba el conocido “spot” digno de los reallity shows de box, es que en una toma cortada, el candidato Anaya fue noqueado por la misma pera de box, al rebotarle un porrazo mediático que los especialistas bautizaron como el golpe “Barreiro”, que en dos entregas tipo video escándalos, dejó “tocado” al joven panista. El régimen priísta asestó un golpe bajo que ya no permitió el crecimiento de la prometedora carrera del queretano.

“Kid Anaya” minimizó estos hematomas producidos y aseguró que estaba perfectamente aclaradas esas acusaciones de lavado de dinero y la venta de la nave industrial, por lo que nunca dedicó espacio ni tiempo suficiente para curarse en salud de ese golpe mediático bien enquistado. Gancho al hígado o golpe bajo, Anaya estaba tocado y herido de gravedad, aunque no lo reconociera.

En el segundo debate, el objetivo de los ataques del panista volvieron a centrarse en el experimentado y favorito en las boletas de los jueces electorales, Andrés Manuel, “el Peje López” quien ha regresado en dos ocasiones de derrotas polémicas en el ring electoral. En la búsqueda por el cetro nacional de campeón de todos los mexicanos, el segundo round se presagiaba encarnizado, con referees-moderadores demasiado protagonistas y un público que prometía ser efervescente y crítico desde las gradas. Increíblemente el tabasqueño logró salir airoso.

El veterano pugilista moreno, lento en sus reacciones, sin mucha movilidad, con limitados y repetitivos golpes, conserva aún el “punch” de una buena ocurrencia declarativa, como fue el: “Ricky, riquín, canallin” que apantalló a los jueces y se robó las primeras planas de los periódicos especializados. El “Rocky moreno”, siempre encuentra la forma de salir victorioso de las batallas propias y con sus enemigos que cometen el error de minimizar su experiencia política y su fuerza de convocatoria.

Previo al tercer debate “Kid Anaya” ya acusaba los golpes bajos del régimen priísta, la bala perdida de AMLO y un segundo video escandalo ventilado horas antes de la tercera y última contienda entre candidatos. Aún mermado logró asestar un gancho al hígado del combatiente moreno con el caso del constructor favorito de la izquierda, José Riobóo, quien recibió obras por adjudicación directa, que sin ser ilegales, mediáticamente podrían ser explotadas a favor de Anaya.

Sin embargo, ese buen golpe asestado perdió contundencia al pedir a cambio de comprobar dichos contratos, la declinación de la candidatura de AMLO; esa infantil acción demostró que su candidatura y estabilidad mental estaban tocadas, y ya no podían ocultarse. Si bien la viralización de un video escándalo, no tiene ninguna validez jurídica, el golpe en el mismo sitio mermado, lo pudo haber bajado del segundo lugar electoral.

En otra esquina lejana (especialmente del puntero electoral) el contendiente tricolor, Pepe “el Vitíligo Mid” mostró mejores formas en su boxeo y propuestas durante todos los debates, pero nunca pudo despegar electoralmente, al estar atado a la loza priísta que le hace imposible esquivar los ataques de sus adversarios.

Este boxeador padeció tener un staff repleto de corrupción e impunidad, que conjugado con su nulo deslinde del presidente Enrique Peña y de la fallida visita del verdadero verdugo antimexicano, Donald Trump, hicieron que sus capacidades se perdieran en ataques sin recompensa y nula conexión con el público. El choque de cabezas con AMLO por la cercanía de Jiménez Espriú con una empresa de Odebrecht, y dar más importancia a la selección mexicana en el mundial de futbol, que las propuestas a favor de la integración femenina a la economía, serán lo único que se recuerde de su participación en los debates.

El tercer debate, con los números y tendencias a favor del boxeador moreno, terminaría por ser solo anecdótico, incluso los grandes patrocinadores del negocio del boxeo, agrupados en el Consejo Mexicano de Negocios, parecen ya haber dado el visto bueno de que el púgil macuspanense levante el cinturón de campeón nacional, en su tercer intento.

A diferencia de “Kid Anaya” y todo su estilismo boxístico, el fajador tabasqueño contó en la contienda con el efecto teflón a su favor, que le otorga enormes probabilidades de triunfo por resistencia y por una mejor estrategia antisistema. La quijada de cristal de Anaya contrasta con la mandíbula de acero del “Peje López” que entendió que sus adversarios no tenían el “punch” de 18 años de constante campaña, sumado al soberbio despreció a su experiencia boxística que al final, podría declararlo ganador por decisión unánime.

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Número 22 - Octubre 2018
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