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República (bananera) aguacatera

Jueves, 09 de Marzo 2017 - 17:00

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Claudine Moya Ponce

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El término “república bananera” se utiliza para referirse a países que, entre otras características, tienen una economía que depende de la venta de productos con poco valor agregado (e.g., productos agrícolas, minería, hidrocarburos y ganadería). Si bien México tiene un importante sector manufacturero, el país insiste en vivir principalmente de aquello que le dan sus vastos recursos naturales.

Algunos podrían argumentar que no hay nada malo en vivir del petróleo o de cualquier otra gallina de los huevos de oro que encontremos. No falta quien celebre que el “oro verde” o aguacate genere más ingresos que los hidrocarburos. Sin embargo, existen al menos 4 males que resultan de enfocarse en productos de poco valor agregado:

1. Se apuesta por recursos finitos y vulnerables

Tarde o temprano se muere la gallina de los huevos de oro. En México llevamos varias gallinas muertas: el oro, la plata, el tabaco, el henequén, el petróleo. Todos estos productos fueron el ingreso principal (o segundo ingreso más importante) de los gobiernos hasta que se los acabaron, dejaron de ser rentables, llegó alguna plaga (e.g., el café en la década de 1980) o fueron sustituidos por algún otro producto (e.g., el henequén que fue suplido por los plásticos).  A ver cuánto nos dura el aguacate con las condiciones que impone el cambio climático.

2. Se mantiene pobre a la población

En la mayoría de los casos no se requiere mano de obra calificada para extraer minerales de la montaña o cosechar lo que da la tierra, por lo tanto, los salarios de quienes se emplean en estas actividades son bajos. Dado que el país se centra en estas actividades y el sistema educativo no da para mucho, no es de extrañar que la mayoría de la población solo pueda emplearse en estos sectores y cruce la frontera con EUA si aquí no encuentra empleo.

3. Hay mucha competencia y poco margen de diferenciación

Salvo ligeras diferencias de sabor y apariencia, no puede variar mucho un pollo o una fruta de un país a otro. Lo mismo ocurre con los minerales y, un tanto menos, con los hidrocarburos. Por ley de oferta y demanda, si hay muchos ofreciendo lo mismo, los precios bajan (como pasó con el petróleo). Ello, junto a inevitables cambios en los gustos de los consumidores o desaceleraciones en la economía del país que te compra (como le pasó a Brasil con China), basta para que estos productos dejen de ser negocio.

4. Hay poco incentivo al desarrollo tecnológico

En la época de la Colonia se nos prohibió desarrollar tecnología propia a fin de obligarnos a importarla de España. Pareciera que seguimos con dicha restricción o, bien, aplicamos la lógica de una república bananera: ¿para qué perder el tiempo en desarrollar tecnología si podemos importarla? Resultado: hoy tenemos que recurrir a empresas extranjeras para la explotación del petróleo en aguas profundas porque Pemex no fue capaz de desarrollar la tecnología necesaria. Nadie puede decir que se debió a falta de recursos o de talento ¡no se hizo porque no se quiso y porque en una república bananera rige la ley del mínimo esfuerzo!

La mayoría de los países desarrollados no tienen ni la mitad de los recursos naturales de México; es justo dicha carencia lo que los ha llevado a desarrollar tecnología y arte (basta ver de qué viven los países nórdicos). Pareciera que la abundancia es una maldición, pues la mayoría de los países dotados de recursos (e.g., países latinoamericanos y africanos) están en la mediocridad económica o en la pobreza. No valen aquí los argumentos de que fuimos conquistados y explotados; ya tenemos dos siglos siendo independientes. Si la culpa es del gobierno, también es nuestra por dejarnos dar atole con el dedo.

Lo más ridículo de todo es que los políticos se sigan peleando por la gallina muerta: “¡Vamos a defender nuestro petróleo… a revertir la reforma energética!” ¿Nuestro petróleo? ¿Quién, fuera del gobierno o de la cúpula sindical, ha recibido un peso  de los ingresos del petróleo? Quizá algo de ello (y a nadie le consta) se destinó a programas sociales que más bien generaron dependencia. Solo falta que por defender “nuestro aguacate” se haga una expropiación de tierras para asegurar que no haya inversión extranjera. ¿Vamos a pasar de república petro-bananera a aguacatera?

Ya basta de ser una república bananera, de apostar nuestro futuro en encontrar y explotar gallinas de huevos de oro que en cualquier momento dejan de serlo, se mueren o se las roban. Necesitamos comenzar a crear nuestras propias gallinas y la cultura de multiplicarlas. Aprendamos a crear riqueza.

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Número 21 - septiembre 2018
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