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¿Por qué no votaré por López Obrador?

Lunes, 23 de Abril 2018 - 15:00

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Carlos Sagaón Ruiz

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Antes de comenzar a exponer mis argumentos en contra del candidato que hasta hoy encabeza las encuestas, Andrés Manuel López Obrador, me gustaría hacer algunas anotaciones. Primero que nada, me disculpo con el lector por lo tendenciosas que pudieran resultar estas líneas, que tienen como único fin manifestar una opinión personal, sustentada en argumentos que considero pertinentes. Quiero aclarar también que no soy afín a ninguno de los que hoy aspiran por la Presidencia, no tengo influencia de ninguna persona o Partido Político. Soy un estudiante de 20 años que aprovecha el espacio para exponer su preocupación en temas electorales. Al igual que millones de jóvenes, este 2018 será la primera vez que participe en el proceso “democrático” del voto para elegir al dirigente del Ejecutivo. Aún no tengo claro a quién elegiré. Pero hay algo de lo que estoy seguro: No voy a votar por Andrés Manuel López Obrador.

La campaña de AMLO me parece plagada de incongruencias. Fundamenta su tercera intención de ganarse la Presidencia en una coalición inentendible. En junio de 2014, MORENA, movimiento fundado por Obrador, obtiene su registro como Partido Político de izquierda y, como su nombre lo dice, con tintes revolucionarios. Se presume un político juarista. En estas elecciones, sin embargo, entablan alianza con el Partido Encuentro Social, de ideología derechista con cimiento cristiano. Ante la protesta, Andrés Manuel se dijo Guadalupano, envolviéndose en una retórica ambivalente entre el juarismo y el cristianismo como ideologías de Gobierno.

Obrador se caracteriza por ser un opositor al sistema político mexicano. Concretamente critica a la “Mafia del Poder”, refiriéndose a sus adversarios políticos. Recordemos bien que los inicios de López Obrador en la política fueron en el PRI en 1970 y perteneció también al PRD antes de formar MORENA, en cuyas filas actualmente perfilan experimentados políticos que también iniciaron en partidos contrapuestos. Tatiana Clouthier, su coordinadora de campaña, militó en el PAN. Lo mismo sucede con Gaby Cuevas, quien renunció en 2018 al Partido que la llevó a ser Jefa Delegacional en Hidalgo en 2006. Podemos hablar también de Monreal, Moctezuma, Torruco, Korrodi, Fastlicht y muchos otros nombres que involucra la lista de succionados a MORENA desde otros partidos políticos.

En su mismo discurso, Andrés Manuel cuestiona la administración actual, se mofa de los escándalos de corrupción y por supuesto, se opone fervientemente a ellos. No obstante, recibe y cobija a personajes despreciables. Napoleón Gómez Urrutia, líder del sindicato de mineros que huyó a Canadá tras la explosión de la mina 8 de Pasta de Conchos que cobró la vida de 65 personas y fuera acusado después de fraude por 55 millones de dólares de los trabajadores. Nestora Salgado, ex comandante de la policía en Olinalá, Guerrero; acusada de secuestro y delincuencia organizada. Marcelo Ebrard, ex Jefe de Gobierno del D.F, acusado de fraude millonario en la controversia de la línea #12 del metro. Cuauhtémoc Blanco, ex futbolista, quien fuera calificado como uno de los peores alcaldes en la historia de México por su trabajo en Cuernavaca, hoy aspirando a la Gubernatura de Morelos. Fausto Vallejo, ex Gobernador de Morelia, acusado múltiples veces de corrupción y lavado de dinero. René Fujiwara, ex militante de Nueva Alianza y nieto de la polémica ex líder sindical Elba Esther Gordillo. La polémica arrastra a la propia Yeidckol Polevsnki, hoy Presidenta Nacional de MORENA, con escándalos que datan desde su inexplicable cambio de nombre hasta supuesta complicidad en lavado de dinero alado de Andrés Manuel López Beltrán, descendiente del candidato Presidencial.

No puedo creerle a un político que sostiene sus propuestas de campaña en sueños o actos de magia. De acuerdo al analista Pablo Hiriart, de El Financiero, el costo aproximado de sus principales promesas es de un billón veinte mil cuatrocientos millones de pesos. Promesas que sí, suenan muy bonito, pero tienen un trasfondo inconcluso que ni el mismo Obrador ha podido explicar. ¿De dónde saldrá el dinero para dar pensiones a jóvenes desempleados? ¿Cómo se trasladará si vende el avión Presidencial? ¿Cómo puedes justificar una amnistía a delincuentes? Hasta hoy, no he obtenido respuesta a ninguna de estas interrogantes.

No puedo concebir a un líder de izquierda que no se ha manifestado sobre temas como el matrimonio homoparental. No puedo justificar su contradicción de querer eliminar el fuero, pero otorgar amnistía (término que, de acuerdo a la Real Academia Española, significa “perdón u olvido”). No puedo tomar en serio a quien huye de los debates, pero desprestigia a sus oponentes con calificativos banales como “Fifis” o “Pirrurris”, o a quien pone excusas tan absurdas como un “Pus No Llegué”. No puedo entender una ideología de aparente apertura que disfraza una opresión política prácticamente innegable. No puedo perdonar el cinismo de quien habla de austeridad, pero no ha podido explicar sus ingresos de los últimos 12 años o la irreverencia de su discurso sobre seguridad, cuando encabezó una de las administraciones más violentas del Distrito Federal. No puedo alabar a una persona cuya aparente diplomacia se vea reflejada en insultos, calificativos o un inconsciente plantón en Reforma.

Francamente, he de reconocer que Andrés Manuel tiene una capacidad persuasiva y una tenacidad admirables. Respeto a quienes piensan diferente y lo consideran una alternativa. No obstante, desde mi humilde punto de vista, soy un mexicano que no se siente representado con un demagogo populista disfrazado de revolucionario.

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Número 17 - abril 2018
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