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Piolín y Silvestre

Miércoles, 29 de Noviembre 2017 - 16:00

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Julio Chavezmontes

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El canario Piolín desde que fue dibujado, es la viva imagen de la “debilidad y la ternura” siempre en peligro y a merced del gato Silvestre cuya torpeza no quita la maldad de sus intenciones.

Cuando el lindo canario está a punto de caer en las garras de Silvestre, la abuela propietaria del “dulce” canario, siempre aparece a tiempo para darle una tunda al desventurado gato y ponerlo en su lugar.

Estos personajes de los Looney Tunes son claro ejemplo de que ni en los dibujos animados “infantiles” se da patada sin huarache.

Al igual que las fábulas de Esopo (en la antigua Grecia) o de Lafontaine en Francia del siglo XVII, los inocentes cuentitos siguieron el ejemplo del legendario Caballo de Troya, que llevaba “la música por dentro”.

Si alguien lo duda, que le pregunte a Armand Mattelart, autor del libro “Para Leer al Pato Donald” en el que hace una disección del famoso y grotesco personaje cómico como instrumento del dominio político global ideado por los gringos.

En los años 30 y 40 del siglo XX, Inglaterra hizo el papel de Piolín, y Adolfo Hitler (para su mala suerte) hizo el papel del gato Silvestre.

Los gringos (desde mucho antes de entrar en guerra declarada), desempeñaron el papel de “la dulce abuelita” que acudió a proteger al “indefenso” canario del cuento.

De nada le sirvió a Hitler la creatividad cinematográfica de Leni Riefenstahl ni todo el genio propagandístico de Goebbels, ante la magia de Walt Disney y el pool mediático de Estados Unidos.

El personaje atípico en la historieta (más que animada), fue José Stalin, que los gringos cosmetizaron hasta el punto de vendérselo a sus hillbilies y sus rednecks como “Uncle Joe” y presentar a la URSS como una de las “democracias” que luchaban contra el (entonces) imperio del mal.

La torpeza (o falta de malicia política de Hitler), fue reconocida por él mismo, cuando dijo que uno de sus grandes errores, había sido publicar su libro de “Mein Kampf” (Mi Lucha), porque de ese modo, propició que se conocieran todos sus planes (como leyendo una partitura musical), nueve años antes de que llegara al poder democráticamente (por cierto) el 30 de enero de 1933.

En la actualidad, los gringos pretenden repetir la historieta de Piolín y Silvestre a costa de Rusia.

La OTAN (la versión europea de Puerto Rico), busca interpretar (junto con Ucrania) el papel del “inofensivo” canario.

Estados Unidos repetiría su papel como “la dulce abuelita” que defiende a los débiles e indefensos frente al malvado PERO TORPE gato Silvestre.

Donde les está fallando el cuentito, es en que Vladimir Putin no cuadra en el papel del torpe felino que siempre pierde; de la misma manera que Stalin NO pudo ser domesticado por sus peculiares aliados, sino todo lo contrario.

En la versión recalentada de la Guerra Fría que los gringos intentan echar a andar en estos tiempos, pierden de vista que no es lo mismo trazar jugadas para la NFL o la NBA, que jugar ajedrez con un gran maestro como el “tío” Vladimir.

La lista de réplicas puntuales y exactas dadas por Putin a Estados Unidos en respuesta a los intentos de acorralarlo, limarle los colmillos o “hacerle manicure”, abarca temas que incluyen la intervención gringa en Ucrania, la pantomima aliada en Siria, las relaciones con Israel, el recordatorio sobre el robo de los territorios mexicanos (California, Nuevo México y Tejas en una conferencia de prensa reciente) y hasta la llegada de China (con el beneplácito ruso) hasta las mismísimas playas de Tamaulipas.

La acusación “piolinesca” de que el malévolo “Silvestre” ruso interfirió con la maravillosa democracia gringa, exhibe a nuestros vecinitos como torpes y corruptos, y engrandece la imagen de Don Vladimir al atribuirle capacidades dignas de una película del 007.

El panzón del peluquín de tlacuache cree que con su libro “Art of the Deal” le basta y le sobra para “outsmart” a Putin; pero no es lo mismo defenderse a tuitazos y berrinches en la Casa Blanca, que mandar con astucia y conocimiento de causa desde el  Kremlin.

Putin, a diferencia de Trump, no le dedica horas al día ni al maquillaje ni a su peinado, y sin duda alguna, militarmente Rusia ha dejado de ser el depósito de chatarra nuclear que le dejó la familia Perez-Troika y Boris (“Calderón”) Yeltsin que remató las políticas de Gorbachov con su PERESVODKA.

Putin no solamente no está dispuesto a protagonizar un papel diseñado por la Warner Brothers en calidad de un torpe Silvestre; ni tampoco se está dejando acorralar a través del reclutamiento de nuevos “países títere” para la OTAN.

Su diplomacia ejecutada brillantemente por el ministro del exterior, Sergei Lavrov, ha estrechado los lazos con Xi Jinping y con Irán, cuyo líder, por cierto, es de origen mexicano. (Ali Khamenei es primo del mexicanísimo Juan Camaney).

Lo anterior, sin olvidar a la India, Sudáfrica y hasta Brasil.

El dilema parece ser hoy entre dos cuentos:

El de Piolín y Silvestre, y un novedoso cuento chino matizado con toques de Tolstoi, Goncharev y Dostoievski.

Mientras tanto, yo imagino al Puerco Porky diciendo su tradicional línea al final de cada episodio de los Looney Tunes:

 "Th-th-that's NOT all YET, folks!" 

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Número 12 - noviembre 2017
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