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¿Para qué quieres ser presidente de México?

Martes, 07 de Noviembre 2017 - 15:00

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Luisa Ruiz

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Los zopilotes, todos, contestarán sin pensar una sarta de memorizaciones y otra tonelada de palabras anteponiendo su por qué y ninguno dirá, para qué.

Públicamente dirán: porque quieren un cambio, porque quieren que los ciudadanos vivan en paz, porque buscan erradicar la pobreza y la inseguridad, porque quieren acabar con la corrupción, porque se puede.

La realidad es que, en la cabeza hueca de cada uno de los candidatos se esconde el verdadero porqué: una chamba que paga bien sin trabajar, un proyecto personal, un taburete curricular, muchos paseos por el país, viajes gratis por el mundo conociendo gente importante, dinero, poder, dinero, imagen, dinero.

¿Alguno puede contestar para qué quiere ser presidente de México? Si el país es un deshecho de politiquería, un amarre de obscenidades, una jaula de pillos, una boca de lobo. ¿Por qué creen que pueden acabar con todo eso?, ¿qué suerte de magia puede haber en las manos de un candidato para que pueda lograrlo?, ¿a qué se atienen jurando que pueden desbaratar las redes de corrupción que están incrustadas en la sociedad y en los gobiernos?

¿Quién puede contestar para qué quiere ser presidente de México? El porqué, está escrito en las páginas de la historia y ninguna de las razones han sido efectivas, el “para qué” no existe. Por ejemplo, han hablado de “Buscar Justicia para todos”, ¿buscar?, ¿ya no la encuentran? Además, “para todos” es tan general que es improbable su garantía. ¿Para todos habrá justicia? ¿Quiénes son todos? Si los delincuentes, criminales y los narcotraficantes de cualquier nivel, son parte del país, forman parte de un todo, también son “todos”.

Las peroratas de los candidatos prometen equidad de género. ¿A cuál género se refieren?, porque ya no solo hay dos géneros, al hablar de “género” estarían dejando fuera a muchos. Hablan de programas y campañas, ésos no han funcionado desde hace mucho tiempo y lo único para lo que sirven es para que los recursos se queden en manos de unos cuantos sin dejar beneficio a la población.

Tres de los ejes de moda que presumen querer cubrir son: la pobreza, la inseguridad y la corrupción. Si los tres temas son el eje oxidado del pueblo, ¿qué aceite se necesita para echar a andar el engranaje? Ciertamente no un candidato independiente, mucho menos uno de los mezquinos. Entonces, ¿para qué?

Cualquiera, sin ser candidato a nada y con tres dedos de frente diría: para incentivar la comunicación entre la población, para dejar de amarrar navajas entre los ciudadanos. Para ordenar y acelerar la educación escolar. Para obligar a los adultos que tienen hijos o que piensan tenerlos, a volver a la escuela y no a las escuelitas de reunión “para padres”, sino a una tradicional en donde la disciplina de las tareas, el estudio, la concentración y el razonamiento sean materias ordinarias y parte del acompañamiento con los hijos.

Para obligar a cumplir y cumplirse como única opción hasta que la costumbre llegue. Obligar al deporte, al estudio de la cultura y las artes, a la disposición correcta de la basura. La cultura en general, el ahorro de servicios, las finanzas familiares, la civilidad. Obligar a conocer las leyes que nos amparan y que los delincuentes conocen mejor.

Obligar a los chicos en mayoría de edad, no solo a obtener su credencial de elector para poder ingresar a los antros, sino para informarse de sus derechos como ciudadanos, además de iniciar una cuenta bancaria que les enseñe la cultura del ahorro y se acostumbren a cumplir con un sistema de crédito ordenado.

Qué mal que lo que se necesite en estos tiempos sea la obligación para hacer las cosas, para educarse y decidir vivir bien en cada uno de los entornos en donde nos corresponde aportar experiencias, talento y conocimiento. México no es un país en el que las leyes sean una obligación, el pueblo se ha acostumbrado y crecido creyendo que todo lo que es ley y regla se puede romper sin consecuencias y muchas veces, hay consecuencias sin necesidad de romper la ley.

Todos los candidatos quieren ser condescendientes y compasivos con los ciudadanos porque, a base de palabras bonitas y caricias hipócritas es que ganarán los votos, así es como se gana la limosna el pordiosero, después, la indiferencia toma su lugar; así están los candidatos, en pose de pedigüeños, vagabundos y mendigos lastimosos por lo que nunca mencionarán la palabra “obligación”.

Hemos estado regidos por gobiernos ineptos, entonces ya no hacemos caso. Por otro lado, esos mismos gobiernos han pensado que gobiernan a un pueblo idiota y ya no nos hacen caso. Si aquellos no fueran ineptos y los otros no parecieran idiotas, no habría necesidad de tanta gente en las re-cámaras de diputados. Alguien tiene que tener mano dura para dirigir al pueblo en sentido contrario, y el pueblo tiene que tener mano firme para exigirle al próximo presidente una vez que sepa para qué quiere ocupar ese puesto.

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Número 12 - noviembre 2017
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