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Nueva realidad legislativa

Martes, 04 de Septiembre 2018 - 15:00

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Israel Aparicio

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Porfirio Muñoz Ledo, 21 años después, volvió al protagonismo político al ser nombrado presidente de la mesa directiva de la 64 legislatura que inició sesiones la tarde del pasado primero de septiembre. En espera del momento cúspide de los trabajos legislativos, cuando el primero de diciembre rinda protesta como presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Coincidentemente en septiembre de 1997, el mismo Muñoz Ledo presidía la mesa directiva cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI), perdió la mayoría legislativa (para ya nunca recuperarla) en aquellas primeras elecciones realizadas por el Instituto Federal Electoral ciudadanizado. Es inolvidable su respuesta al tercer informe de gobierno del entonces presidente Ernesto Zedillo, su discurso articulado y elocuente, además de sus referencias a los aragoneses de antaño con la cita: “Nosotros, que cada uno somos tanto como vos y todos juntos valemos más que vos’’.

Como reconocimiento a su larga trayectoria y por votación de una amplia mayoría legislativa, el veterano político será el encargado de colocarle la banda presidencial a López Obrador, además de coordinar los trabajos del histórico congreso con mayoría de Morena. Por su parte el presidente electo regresará en diciembre al palacio legislativo de San Lázaro, luego de aquella lejana comparecencia del 7 de abril de 2005 donde fue sometido a un juicio de desafuero, por las bancadas del PRI y del Partido Acción Nacional (PAN), que por circunstancias electorales, ahora están reducidas a su mínima presencia histórica.

En un nuevo escenario político, la bancada de Morena, logró a través de sus “chapulines” en los partidos coaligados obtener 247 diputados, tan solo a cuatro de ser mayoría absoluta en el congreso de la unión. En el senado, Martí Batres fue nombrado presidente de mesa directiva, donde Morena es la principal fuerza con 55 senadores que serán coordinados por Ricardo Monreal. La segunda fuerza política en ambas cámaras es el PAN, y la tercera fuerza el PRI. Por su parte, otros institutos políticos como el Partido de la Revolución Democrática, el Partido Verde Ecologista de México y Movimiento Ciudadano, han pasado a formar parte de la “chiquillada” de partidos que podría extinguirse en las próximas elecciones. Sin embargo, aunque el Partido Encuentro Social y Nueva Alianza, obtienen legisladores, no les alcanzaron los sufragios a favor para poder conservar el registro.

La próxima legislatura en ambas cámaras estará dominada por Morena y marcarán la agenda política que dicte desde la presidencia AMLO, como quedó demostrado el pasado 29 de agosto, cuando toda la bancada coreó uno de los gritos de campaña que se hizo clásico en el largo peregrinar rumbo a la presidencia de la república: “es un honor, estar con Obrador”.

Además de las muestras de lealtad, los legisladores de Morena dieron el pase de lista a los 43 normalistas de Ayotzinapa, en un hecho histórico. La matanza de estudiantes de la Escuela Normal marcó un hito en el régimen del presidente Enrique Peña Nieto, e imprimió la hoja de ruta de la debacle priísta que les llevó al borde de la extinción política. Previo al sexto y último informe del presidente Peña, se intentó abordar el tema de Ayotzinapa en spots con muy poca fortuna, ya que pronunciamientos previos de la Suprema Corte de Justicia y la respuesta del equipo argentino de expertos forenses niegan la versión oficial de que los estudiantes fueran incinerados en el basurero de Cocula.

Las bancadas legislativas de Morena en ambas cámaras apostarán por el convencimiento y el consenso, pero su fuerza política les permite utilizar su amplia mayoría legitimada desde las urnas y hacerla valer en las votaciones determinantes. La oposición podría ser muy poca, y quizás el único contrapeso real contra esta mayoría aplastante solamente podría venir desde el desvirtuado Poder Judicial, a quien la opinión pública no ve con buena voluntad. Si se suma que varios magistrados se rehúsan a que sus altos salarios y bonos se recorten en la moda de la austeridad republicana, su imagen podría deteriorarse mucho más ante los ciudadanos.

Las crisis en los partidos nacionales, dominantes en el pasado pacto por México, trasladan su caos y desorganización a sus escasos escaños legislativos. Sin rumbo ni autocrítica las bancadas opositoras estarán más cercanas a intentar “vender caro su amor” al nuevo gobierno, que a ser una verdadera oposición, que además de ser inteligente en el debate, también debe ser colaborativa para los nuevos proyectos, pero sobre todo no caer en la fácil negativa de cada propuesta legislativa proveniente del poder ejecutivo. Muchos de los legisladores y senadores de oposición, aún no son capaces de digerir la derrota, encontrar soluciones viables, ni salir del discurso de campaña que les redituó en el estrepitoso fracaso electoral, que se hará más palpable cuando tome posesión AMLO como presidente.

La nueva realidad legislativa está orientada a la voluntad del presidente López Obrador, quien encontrará pocos contrapesos en ese poder constitucional, que por cuestiones del destino fue usado en el pasado, de forma facciosa para intentar impedirle competir y ganar la presidencia de la república. A diferencia de los mandatarios antecesores, el nativo de Macuspana tiene la mesa servida para hacer y deshacer a placer en materia legislativa, ya que aunque la bancada de Morena en ambas cámaras, tiene protagonistas políticos de trayectoria importante, al final todos se “cuadraran” ante el titular del poder ejecutivo y máximo líder del partido en poder.

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Número 21 - septiembre 2018
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