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No me gusta

Viernes, 25 de Septiembre 2015 - 18:00

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Luisa Ruiz

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Se acerca amenazante Kallisti en forma de botón, la palabra inscrita en la manzana dorada que Eris, en un arranque de ira al no ser invitada a la boda de Peleo y Tetis, entregó a Hera, Atenea y Afrodita. "¡Para la más bella!" sentenció. Y no era para la más bella, la intención de Eris era provocar una contrariedad que llevara a las tres diosas a enemistarse. La manzana dorada disfrazada de regalo se convertiría pues, en lo que hoy conocemos como La Manzana de la Discordia.

Y no se trata más de hermosura física o de poner en predicamento a un príncipe para elegir a la mejor, ahora Mark Zuckerberg hará las veces de Eris regalando al mundo, previa solicitud multitudinaria el botón “no me gusta”, que con seguridad provocará más de una amargura por no decir, grandes riñas, pleitos virtuales, eliminaciones, enemistades y polémicas; muy parecido a lo que en su tiempo desató la Guerra de Troya.

Los íconos que ofrecen las redes sociales van poco a poco comprimiendo las palabras, haciendo de las conversaciones escritas un episodio de dibujos animados a veces sin continuación. Los botones para afirmar o compartir no estarán solos, les acompañará La Discordia porque Eris ya fue invitada al baile por el creador de Facebook.

Greg Hill fundó en 1957 El Discordianismo, una especie de religión satírica en donde el caos juega un papel importante, todo lo que signifique caos y desorden es practicado por sus seguidores. En tiempos modernos, habremos de inscribir en la historia que la religión sarcástica de la discordia se fundó en 2015 a manos de Zuckerberg, provocando el caos de la comunicación en la sociedad virtual.

Como una parodia y sin tomar las incrustaciones de íconos novedosos con tanta seriedad y suponiendo que quienes puedan reírse y decir “no me gusta” a publicaciones adultas, maduras e inteligentes no tendrán mayor problema. La inquietud se centra en los adolescentes y los jóvenes que no han terminado de madurar, porque un “no me gusta” podría provocar un caos en sus vidas que es a final de cuentas, el fundamento del Discordianismo.

Qué gusto se tendrá en dar un “no me gusta” a la persona que publica su autorretrato y al que sus queridos y cercanos amigos escribirán, además de su “me gusta”, un comentario agradable cuando en realidad la persona en cuestión es un verdadero adefesio. Las personas sensatas no harán comentarios desagradables, mucho menos incluirán un “no me gusta”. ¿Qué pasará con los jóvenes? ¿Soportarán en sus fotografías los “no me gusta” de sus amigos virtuales?

Las estadísticas y estudios han comprobado que muchos de los suicidios en los jovencitos ocurren por el llamado “cyber bulling” o burla virtual, el nuevo ícono puede ser otro de los detonantes que sin necesidad de palabras, harán mella en la sensibilidad de quien no esté apto para recibir negativas.

Aun los adultos que se consideren emocionalmente estables, a veces las negativas, desaprobaciones o llamadas de atención son importantes para bajar los niveles anímicos. No todos estamos de buen humor todos los días, puede suceder que palabras dichas por la mañana suenen distinto por la noche, y no se trata de ser volubles, se trata de que la vida de los seres humanos es cambiante, rutinaria, frustrante o tan acelerada, que no deja espacio para la reflexión.

Un “no me gusta” requiere también de un “¿Por qué?” y no tardará la comunidad en exigirlo de la misma forma que exigió en dedo pulgar abajo, luego Facebook  tendrá que agregarlo y acabará siendo un cuestionario sin palabras. Después habrá que pedir íconos y botones de “no estoy seguro”, “después te digo”, “déjame pensarlo”, el gran “discúlpame” y quizá se les ocurra el de la manita con el dedo de en medio levantado.

Con todo lo anterior desaparecerían las etiquetas de siete palabras para quedar en un solo click de monitos, dedos, manos, sonrisas o caras tristes, todos en silencio utilizando un lenguaje de señas que en la actualidad, bien puede referirse al libro de Juan Pablo Bonet, “Reducción de letras y el arte de enseñar a hablar a los mudos”. Es arte porque las personas sordomudas aprendieron a comunicarse, ahora los parlantes quieren convertirse en mudos y requieren de señas para mal comunicarse sin arte.

El alfabeto dactilológico hace presencia en el mundo de los que no están sordos ni mudos, sin embargo, la individualidad y la sociedad virtual provocan que tanto el lenguaje hablado como el escrito, vayan perdiendo adeptos y regresar a ser los Amerindios de las Grandes Llanuras de América del Norte, que solo con señas lograban entenderse y con guerras solucionaban los conflictos, mismos que surgían por la falta de una comunicación acertada.

Y el mundo se acerca a parecerse a La Isla de Martha’s Vineyard en la que, por el gran número de personas sordomudas que la poblaban, fue necesario extender el lenguaje de ellos a toda la comunidad haciendo con esto, que todos se comunicaran con el mismo lenguaje de señas.

Quienes insistieron en que debía existir un ícono con el dedo pulgar hacia abajo pueden estar satisfechos. Mark Zuckerberg anuncia que las pruebas para ello están avanzando, su gran preocupación son los anunciantes que serán muchos de ellos con quienes se estrenará el novedoso botón.

Habrá que ver quiénes de los otros son capaces de tragarse la píldora sin chistar, esperando que no pidan el de la manita con el dedo de en medio levantado porque entonces sí, “se arma la de Troya”.

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Número 22 - Octubre 2018
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