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NO a la Impunidad

Lunes, 04 de Mayo 2015 - 17:30

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Antonio G Trejo

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Hace algunas semanas, el más alto funcionario de la CONAGUA tuvo que renunciar a su cargo por incurrir en faltas administrativas incompatibles con el cargo y la integridad de su puesto. Parte crucial de esta salida fue la persistencia y la tenacidad de Eduardo Ruíz Healy quien a través de su programa no solo pedía su dimisión, sino que exigía el pago total del alquiler del helicóptero. A estas alturas no sé si se logró lo segundo, pero lo más importante es que Eduardo consiguió algo muy difícil, concientizar al público para que continuara la presión en las redes sociales. Esta acción ciudadana fue muy efectiva ya que estimuló la confianza y la solidaridad que todos los mexicanos  nos debemos unos a otros.

En tiempos del Presidente De la Madrid surgió el oprobioso la corrupción somos todos que en forma cínica y socarrona se ha convertido en una realidad indiscutible, especialmente por parte de las autoridades y servidores públicos que de una u otra forma gobiernan o han gobernado este país. La corrupción es una epidemia que sacude a todos los niveles de nuestra vida diaria, máxime porque se siente estimulada por otro vicio mayor que se llama IMPUNIDAD. La impunidad implica: favor, protección, complicidad, engaño, decepción, fraude; una acción que no tiene reacción, porque no se sanciona. La lógica  natural invita a la pregunta: ¿quién otorga la impunidad? todos lo sabemos, también el por qué. El hecho es que cada sexenio aparece una nueva casta que se saca la lotería sin comprar el boleto.

El estado ha mostrado una ineptitud e indiferencia por décadas, unos van y otros vienen pero su máxima preocupación es proteger y aumentar sus intereses políticos y económicos, desentendiéndose de sus obligaciones y responsabilidades para las que fueron elegidos. Muchos de los problemas que enfrenta nuestro país han sido creados por la ineficiencia, los caprichos y las conveniencias de nuestras autoridades y nosotros hemos permanecido impasibles al deterioro económico político y social que ahora tenemos.

En fin, ya no es tiempo de lamentaciones sino de reparaciones. Existe en México una clase de ciudadanos de limpia conciencia que quisiéramos vivir en un mejor país, sin sobresaltos políticos artificiosos, sin burocracias retrogradas y sin criminales de dudosa procedencia. Quisiéramos muchas cosas pero lo primero pudiera ser  establecer nuestras prioridades, después trazar un plan de acción para lograrlas  y posteriormente darse a la tarea de conseguir lo que queremos. Las redes sociales y los medios de comunicación modernos son las herramientas ideales para llegar a las conciencias que están cansadas de los abusos y arbitrariedades del patriarca de Morena, del Gobernador Ingeniero de Sonora, del Gobernador Radiólogo de Aguascalientes, del Gobernador Moreira que está cursando sus estudios de Maestría en España, etc, etc, etc.

¿Suena fácil?

No, no es nada fácil.

Afortunadamente, en nuestra sociedad existen abundantes empresarios justos, excelentes profesionales, buenos investigadores, científicos sociales y administradores capaces, mano de obra muy calificada, y sobre todo, gente mexicana que está ansiosa de progresar en el buen sentido de la palabra. Todos en su responsabilidad y su nivel podrían abrir los ojos y concientizar a los mexicanos cuya pobreza los obliga a tener que  preocuparse  por su diario subsistir.

Entre las prioridades y los retos más inmediatos me permito sugerir: La Educación Básica, el desarrollo de entrenamientos técnicos y vocacionales y la Salud Pública. La tarea no es fácil se requiere el esfuerzo de una gran mayoría. Los logros tampoco son inmediatos, se requiere paciencia y tenacidad; pero aun así, se considera que todo es preferible a que las Comisiones de Senadores y Diputados y otros pseudoespecialistas sigan dictando las soluciones en materia de ecología, salud pública, construcción, vialidad, comunicaciones, comercio exterior, justicia, turismo; etc…etc…etc...

El clamor popular dice que somos la generación del ¡¡¡SI SE PUEDE!!!

¿Podremos?

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Número 22 - Octubre 2018
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