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México siempre fiel

Viernes, 30 de Marzo 2018 - 15:00

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Julio Chavezmontes

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Hace poco más de 2,000 años, un viernes en víspera de la pascua judía, el procurador Poncio Pilato preguntó a quién querían que liberara:

A Barrabás o a Jesús.

Es sabido que la humanidad pidió que liberara a Barrabás; lo demás es historia.

Mi extraordinaria madre nos enseñaba el Catecismo de una forma no solamente pedagógica sino interactiva; además de que predicaba con el ejemplo.

Al referirse a la Pasión de Jesucristo Nuestro Señor, describía cómo, al momento de estar clavado en la cruz a la vista de quienes lo increpaban, veía y escuchaba todas las ofensas de todos los tiempos; incluyendo las mías.

En torno a la cruz de Cristo en el Calvario, estaban presentes los genocidas, los usureros, los especuladores financieros, los hambreadores, los pederastas, los asesinos y los políticos corruptos, los sembradores de odio, y todos los que desde entonces hemos creído que la mejor opción posible ha sido la de seguir el consejo de la serpiente cuando le dijo a Adán y Eva que si comían del fruto prohibido, podrían sustituir a Dios.

Y en efecto, lo hemos sustituido.

Sepultamos a Dios bajo toneladas de pedacitos de papel de color verde, estampados con distintas cifras cuyos números imaginarios nos aseguran la adquisición, conquista y domino de imperios eternos sobre este pedazo de polvo cósmico sobre el cual permanecemos, menos que las cucarachas en una cocina sucia.

Y todavía hay quienes dicen que el cristianismo ha fracasado.

¿Cómo podría haber fracasado una doctrina que jamás ha sido puesta en práctica?

Es así que hemos visto cómo se distorsiona la Navidad y no por motivos ecuménicos, sino para poder venderles arbolitos a los judíos como parte de las celebraciones de Hanukkah que tambien ha sido desplazada por las agendas del consumismo compulsivo; y entonces no se recuerda el nacimiento de Jesús, sino el advenimiento del oso de la Coca Cola a bordo del Expreso Polar tripulado por Tom Hanks.

La Pascua judía en cuya víspera fue crucificado Jesucristo, ha cedido su lugar junto con la celebración cristiana, al Spring Break en homenaje al conejo de chocolate, a las orgías de alberca.

La Semana Santa del “México siempre fiel” ha desaparecido prácticamente.

Lo bueno es que no porque haya quienes creen que lo “inteligente” es comportarse como Judas, que son mejores 30 monedas de plata ahorita, o un paquete de acciones en la Bolsa de Valores de Nueva York donde gobierna el Becerro de Oro, que es mejor la cocaína colombiana que la religión que es el “opio de los pueblos”, ninguna de estas creencias trasnochadas puede sustituir la realidad suprema de Dios.

Yo agradezco haber nacido en el seno de una familia presidida por un padre y una madre CONGRUENTES, que se unieron en matrimonio motivados por un amor en común: su amor por Dios.

Yo agradezco que mis padres se conocieran en la Villa de Guadalupe; que se casaran en la Basílica de la Virgen de Guadalupe y que yo hiciera mi primera comunión ahí también con mis compañeros del Colegio México.

Agradezco que hayamos sido “vecinos de Dios” en la vieja casa de Orizaba 31, junto a la Sagrada Familia, donde mucha gente confundía el consultorio médico de mi padre con la sacristía y la oficina parroquial.

Agradezco haber podido participar en los oficios y las procesiones de Semana Santa por las calles de la colonia Roma, y haber ido los sábados al cine de Vanguardias; el club del Padre Pérez del Valle con sus programas dobles, y en Navidad con sus cuadros plásticos y sus posadas tradicionales.

Agradezco que mis padres, mis abuelos y mis maestros del Colegio México (de Merida 50) del Benavente de Puebla y de La Salle de Tacubaya, nos enseñaran con su ejemplo en los hechos y no nada más con palabras.

Me siento bendecido y orgulloso de que mi padre haya sido cristero y líder de la UNEC (Union Nacional de Estudiantes Católicos).

Cuando Pilatos preguntó si Cristo era rey de los judíos, el populacho le respondió: NO QUEREMOS QUE ESTE REINE SOBRE NOSOTROS.

Y se nos ha concedido que nos gobierne toda clase de asesinos, déspotas, ladrones y pervertidos.

Yo, como el muy mal católico que soy, entiendo que el reino de Dios comienza dentro de cada uno de nosotros. Uno por uno; como Él nos ama, porque así nos ha dado la vida: uno por uno.

Ojalá que México recupere la fe, la esperanza y la paz; que nos reconciliemos hermanándonos en lo que somos de verdad; el México del primer Papa mexicano; de Juan Pablo II; el México siempre fiel.

Viva Cristo Rey,

Viva la Virgen de Guadalupe,

Viva México.

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Número 16 - marzo 2018
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