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México 2018 : La Guerra de las emociones

Martes, 28 de Noviembre 2017 - 15:00

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Stephanie Henaro Canales

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Partiendo desde el punto que el antílópezobradorismo y el antipriísmo serán las dos corrientes sobre las que girará la elección presidencial del 2018, es preciso decir que serán las emociones y no las ideas, las que definirán el resultado de la contienda. Razón por la que se puede decir que la próxima guerra electoral será la de las emociones.

El miedo y el entusiasmo serán las dos emociones rectoras de las campañas en un contexto global de “antiestablishment” o desapego hacia “la clase” política en donde los dos posibles finalistas, Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade, parecen partir de ello cada uno a su manera. Así pues, la decisión del voto dependerá de las percepciones que se tengan sobre lo que está en juego en estas elecciones, de lo que mueva más al elector y será incluso más importante que de las características socioeconómicas y culturales de los votantes.

El entusiasmo por un candidato siempre está vinculado al cambio deseado y en el panorama del 2018 es bastante probable que se reduzca  al “cambio sensato” de José Antonio Meade contra al “cambio del hartazgo” de Andrés Manuel López Obrador.

El “cambio sensato” que propone José Antonio Meade está relacionado con lo que su persona representa para el partido gobernante. Con su posible candidatura presidencial el PRI busca un lavado de cara, distanciarse de la corrupción y los altos índices de violencia que han sacudido su imagen y han dañado su credibilidad. Mientras que la figura de Meade se encuentra  posicionada fuera de las redes de las ideologías, cercano a la honestidad y asociado con la estabilidad económica. En síntesis, representa aires de renovación de algo que no deja de ser un proceso de continuidad, pero que al fin y al cabo se presenta como un cambio con respecto a lo que se tenía y da paso al nacimiento del candidato del centro derecha, que buscará ir no sólo tras los votos de los Priístas sino que también tras los votos del PAN desencantado y de ese México satisfecho con el país.

Por otro lado, el ex Secretario de Hacienda representa la opción más antagónica a la del líder de Morena y en esto se basará el torrente emocional de las campañas electorales. Mientras que el líder de Morena y principal exponente del “cambio del hartazgo" seguramente argumentará que su elección confirma la alianza implícita del “PRIAN” o “la mafia del poder”, que ha venido denunciado durante mucho tiempo, para evitar su llegada a Los Pinos, el PRI volverá a recurrir a la encrucijada de elegir entre la continuidad o la amenaza para el país que, según han insistido, supondría una victoria de López Obrador. Trasladando la imagen de Meade a la estabilidad y la conciliación, en posición, a la del Peje que estará relacionada con el enojo y la protesta. Creando de esta manera, ambos “cambios”, metáforas en las mentes de los votantes en forma de miedo hacia lo desconocido, o de esperanza vinculada con un cambio que se desea.

Para poder saber como serán capitalizadas nuestras emociones en la contienda, es preciso saber cómo nos sentimos los mexicanos antes de entrar en ella y cuales serán los temas que provocarán nuestras reacciones. Con base en una encuesta publicada en octubre de este año por la empresa Latinobarómetro, el sistema democrático en México está fallando. De acuerdo con los resultados del estudio, sólo 18% de los mexicanos se sienten satisfechos con la democracia como se vive hoy en nuestro país. Una caída de 15 puntos con respecto al año anterior y un dato preocupante, si se toma en cuenta que nos encontramos en la víspera de las próximas elecciones presidenciales.

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El mismo estudio arroja otros datos con respecto al sistema democrático en nuestro país, como que solo 2% de los encuestados en nuestro país se encuentra “plenamente” satisfecho por el manejo democrático en México, mientras que sólo 20% aprueban el trabajo del Gobierno.

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En el rubro donde México sí apareció en el último lugar es en el renglón denominado Democracia Churchilliana, que es una afirmación que establece que “La democracia puede tener problemas, pero es el mejor sistema de gobierno”. Aquí solo 54% de los mexicanos estuvieron de acuerdo contra una media de 69% en América Latina.

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El sistema de partidos políticos en México fue quizá el más dañado por el estudio, y es que solo 9 por ciento de los mexicanos tienen confianza en los partidos políticos, su nivel más bajo desde 1995. De hecho, los partidos fueron las instituciones públicas que recibieron menor confianza en la región por detrás de la Iglesia, las Fuerzas Armadas, la Policía, Instituciones Electorales, Poder Judicial, Gobierno y Congreso.

A pesar de que en nuestro país las encuestas han demostrado no siempre decir la verdad es importante que tomemos los datos anteriores como referencia para entender cómo nos sentimos los mexicanos y los temas que podrán provocar nuestras reacciones en la guerras de las emociones que se vivirá en el 2018.  

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Número 12 - noviembre 2017
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