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Mentiras y lealtad militante

Miércoles, 25 de Abril 2018 - 15:30

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Jaime Guerrero Vázquez

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Si uno se apega a las palabras y los dichos del debate del domingo, da la impresión de que la Verdad o las verdades tienen un gran valor y que la Mentira o las mentiras deben ser castigadas. Lo cierto es que no fue un debate de verdades y mentiras, sino de habilidades para decir las cosas, de poner cara de sinceridad y ser vehementes como forma de convencimiento. Hay verdades, mentiras y campañas. En estas últimas es claro que los candidatos se permiten mentir o decir las cosas a su modo, que es una forma de mentir. Todos mintieron, exageraron o tergiversaron. De acuerdo a la prensa, todos los candidatos y la candidata dijeron alguna o muchas mentiras. Esa es la calidad de los debates, mentir a una ciudadanía desinformada y apática para investigar qué es cierto y qué no. ¿Para qué investigar si con la fe en un candidato alcanza?

La mentira común es asegurar que todos ganaron. En efecto, todos y cada uno salieron del debate asegurando su triunfo. Y no, la mayoría coincide en que el ganador fue Ricardo Anaya. Pero supongamos que los fans de AMLO vieron otra cosa. De aquí a asegurar, como hizo López, que salió ileso es un salto mortal. No fue así. Su expresión, su confusión y lentitud hablaron de otra cosa: lo tocaron hasta vapulearlo. Tanto así, que en varios trascendidos ya se sospecha que el tabasqueño no se presentará a los otros dos debates.

Los seguidores de López Obrador se extrañan o alarman que los otros cuatro se hayan lanzado contra él. Lo ven como una prueba (absurda) de que existe la mafia del poder. Lo más sencillo es creer lo que en realidad fue: le pegaron al puntero buscando crecer. ¿Lo lograron? En el caso de Meade, Zavala o Rodríguez, difícilmente. En cuanto Anaya, ya se verá.

Margarita Zavala puede creer que ganó el debate, pero no puede creer que será la primera presidenta de México. Por lo menos esta vez no será así. Simplemente se perdió y de acuerdo a encuestas y opiniones estuvo por debajo del Bronco, lo que es mucho decir.  

Andrés Manuel, según la prensa, no mentía cuando aseguró que el crimen había bajado durante su gobierno. Entonces, hay que decir que Meade y Anaya mintieron cuando señalaron que el tabasqueño se equivocaba. Pero éste mintió cuando aseguró que el “fifí” INAI había ocultado información. Lo mismo al decir que no había hablado de la amnistía para los criminales. O cuando aseguró que no existían esos dos departamentos a su nombre.

Entonces, en esta feria de mentiras, exageraciones y tergiversaciones, ¿qué es lo importante? Importa quien tenga a los seguidores más fieles, o más tontos, o más interesados o más reacios. Simplemente porque estos lo seguirán a través de sus fracasos como presidente, creerán que los errores de su líder son culpa de los otros. En este terreno, sin duda el campeón es López Obrador. Quién haya tratado de razonar con el morenista típico se habrá dado de topes por el grado de “lealtad” que hay hacia su figura. De ganar Andrés Manuel será invulnerable a la crítica y a sus errores, al menos por un buen tiempo.

¿No les da temor ese grado de “lealtad” militante?


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Número 23 - Noviembre 2018
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