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Los niños aprenden lo que viven

Miércoles, 17 de Octubre 2018 - 18:40

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Julio Chavezmontes

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Los niños  aprenden lo que viven

Dedicado a Santa Edith Stein (1)

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La semana pasada se originó un escándalo inmenso en los medios de comunicación europeos  y en las redes sociales con motivo de la fotografía que muestra a tres jovencitas polacas haciendo el “diabólico” saludo nazi frente a la entrada del campo de concentración de Auschswitz-Birkenau en Polonia.

Las autoridades polacas lanzaron de inmediato un operativo para identificar y capturar a las tres profanadoras de lo que ahora se ha convertido en un parque temático dedicado al  “holocausto”.

El episodio merece ser analizado, más por la reacción desproporcionada que por el hecho mismo que no deja de ser sintomático.

El régimen nacional socialista alemán (1933-1945) viene siendo señalado desde la época de la Segunda Guerra Mundial, como el único, el último y más perverso  conocido sobre la tierra.

PERO ADEMÁS…

Los innegables horrores ocurridos bajo los nazis, han sido utilizados como una muy conveniente cortina de humo para tapar todas las atrocidades cometidas con posterioridad a 1945.

Hay que preguntarnos: ¿qué significado tiene que esas tres jovencitas polacas se hayan retratado haciendo el saludo nazi precisamente en la puerta de aquel campo de concentración?

El episodio captado en la imagen que ilustra estas líneas, permite varias lecturas:

hace evidente que en especial la juventud europea, está harta y cansada de la doble moral de sus gobiernos; está harta y cansada de la hipocresía de autoridades que prohíben CON PENA DE CÁRCEL, todo lo que tenga que ver con el nazismo alemán o hasta atreverse a hacer preguntas que se salgan del guión.

Los puertorriqueños de la OTAN, bajo la batuta de la Casa Blanca, no dejan pasar un solo día sin condenar el genocidio perpetrado por los nazis; motivo por el cual, han puesto el grito en el cielo con gran indignación ante  el “sacrilegio” cometido por las tres jovencitas polacas cuya persecución solamente puede concluir con un resultado contraproducente.

La política uniforme en relación con el nazismo alemán, tiene tres ejes principales:

  1. La “verdad histórica” oficial que no puede ser ni siquiera cuestionada ni discutida, bajo pena de cárcel para quien se atreva a poner en duda la versión difundida por “las fuerzas del bien”.
  2. La prohibición de todos los símbolos, comenzando por la Swastika; prohibición gracias a la cual, la Swastika no está muerta sino dormida.
  3. El señalamiento intensivo y diario del nazismo y su régimen, como el único y último exponente del mal en nuestro planeta.

No pasa un día sin que salga un nuevo libro, otra película, alguna cápsula noticiosa o referencias a Adolfo Hitler y su pandilla en una campaña cuyo principal efecto es el opuesto al que se busca.

Basta poner un poco de atención para descubrir las alusiones al nazismo en películas como Harry Potter donde los malos portan uniformes grises inocultablemente parecidos a los que Hugo Boss confeccionaba para “las fuerzas del mal”, o la referencia a los “muggle bloods” en alusión clarísima a las víctimas judías de los compañeritos de Dart Vader (el malo de la Guerra de las Galaxias)  cuyo casco es réplica evidente del utilizado por los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial.

No hace falta ser politólogo ni  mucho menos antisemita para percibir la similitud macabra entre el alzamiento judío en el Gheto de Varsovia (1944) y los alzamientos palestinos en Gaza y Cisjordania  conocidos como Intifadas.

En 1944, los judíos se rebelaron con palos, piedras y algunas pocas armas de fuego contra los tanques panzer alemanes, y el episodio  es conmemorado como heroico.

En los alzamientos ocurridos en Gaza y Cisjordania  conocidos como Intifadas (1987 y 2000), los palestinos se rebelaron con palos, piedras y algunos cohetes de fabricación casera, contra los tanques panzer israelíes, PERO en este caso, la rebelión de los palestinos es señalada como “terrorismo”.

La juventud europea, harta y cansada de la doble moral de sus gobiernos.

Los jóvenes se caracterizan en todo el mundo por su inquietud, su afán  de saber, su olfato para descubrir la mentira y su necesidad indomable de conocer la verdad.

Los jóvenes son alérgicos y se niegan a aceptar mansamente los dogmas impuestos que, además aparejan castigos de cárcel a manos de jueces idénticos a los de la famosa inquisición.

Los gobiernos gerenciales “puertorriqueños” de la Europa dominada por Estados Unidos, han olvidado que nada es tan atractivo como lo prohibido, que la única autoridad es la que se funda en predicar con el ejemplo.

Es verdaderamente torpe suponer que la Swastika ha sido derrotada por el simple hecho de haberla prohibido bajo pena de prisión a quienes se atrevan a desenterrarla.

(Hace algunos meses, la ministra de defensa de la república federal Alemana,  Úrsula von der Leyen, descubrió alarmada que en los casilleros de soldados y oficiales del actual ejército alemán, se encontraron retratos de Adolfo Hitler, cruces de hierro, swastikas y demás memorabilia de la época de los nazis).

Con las prohibiciones y la imposición de verdades incuestionables lo único que han conseguido es mantener irresistiblemente vivo al nazismo que se nutre y fortalece gracias a la doble moral de quienes se autodenominan “fuerzas del bien”.

Puedo decir sin temor a equivocarme, que  la verdadera profanación del campo de concentración de Auschwitz ocurrió cuando lo convirtieron en parque temático y atracción turística veraniega y esta prostitución del sufrimiento humano como atractivo turístico, ha dado lugar a la irreverencia de las tres jóvenes polacas.

¿Cómo es posible que a los ateos no se les persiga como “negadores de Dios”, mientras el cuestionamiento de un solo párrafo de la “verdad histórica” sobre los crímenes nazis, condena al que se atreva a dudar, a ser tenido como “negador del  Holocausto”?

Negar la existencia de Dios hoy, no implica peligro de pena de muerte, pero cuestionar la versión oficial del Holocausto, lleva derechito a la cárcel.

¿Por qué se atrevieron esas tres jovencitas polacas a imitar el saludo nazi en Auschwitz?

Se atrevieron porque algo les dice que detrás de esos dogmas, hay algo que no cuadra y eso sin necesidad de haber leído a Norman Finkelstein cuyos padres murieron precisamente ahí y que escribió “La Industria del Holocausto” (2)  para denunciar la profanación del sufrimiento de sus padres, por quienes lo han convertido en un negocio global.

¡No quiero imaginar lo que habría pasado si las tres “sacrílegas” jovencitas hubieran sido alemanas en vez de polacas!

Quienes creen que pueden imponer verdades al estilo Ayotzinapa y abolir por decreto la curiosidad intrínseca de los jóvenes, deberían leer el poema de Dorothy Law Nolte, titulado “Los niños aprenden lo que viven”.

“…Si los niños viven con honestidad, aprenden qué es la verdad.

Si los niños viven con ecuanimidad, aprenden qué es la justicia…”

Los jóvenes son enemigos de la mentira y las imposiciones y solamente aprenden lo que ven, no aprenden lo que se les predica de dientes para afuera  y menos, lo que se les pretende imponer.

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  1. Edith Stein, tomó el nombre de Teresa benedicta de la Cruz (Teresia Benedicta vom Kreuz). Fue una mujer judía nacida en Breslau, Imperio alemán, 12 de octubre de 1891 y murió en Auschwitz el 9 de agosto de 1942. Se convirtió al catolicismo y fue canonizada por Juan Pablo II en 1998.
  2. “The Holocaust Industry” es un libro de Norman Finkelstein, en el que denuncia y condena la transformación del sufrimiento judío en una industria comercial.
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Número 22 - Octubre 2018
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